Grabado

A pesar que Cronos se come a sus hijos, después del cuchillo y la metralla que de tajó cortó la vida de cuatrocientos menores en El Mozote el 11 de diciembre de 1981, todavía quedan unas preguntas: ¿ Por qué sucedió? ¿ La venganza? ¿ El miedo por el terror para dominar el enemigo? ¿El despojo? ¿Tendrán que seguir muriendo civiles inocentes en las guerras modernas ya que la población es el objetivo?

Y con ello la memoria puede ser un fármaco para curar, un espacio para crear conciencia crítica, reconstruir y transformar, al igual un veneno para abrir heridas y nuevas venganzas.

Independiente que exista la ley de la gravedad,   la posibilidad de investir un futuro también radica en saber leer, y aprovechar los oportunidades del presente, aprender de las asperezas del pasado, incluso en los momentos de derrumbe, y de atreverse a ambicionar: que la historia puede dejar de ser el eterno retorno de lo mismo, ubicarse sin temor donde encontrar la diferencia en una lucha constante contra lo insoportable.

El camino podrá tener dificultades, pero también grandes satisfacciones, como Víctor Frank después de haber vivido en un campo de concentración encontró el sentido en una puesta de sol que inauguraba una nuevo amanecer.

 

 

 

 

Anotaciones

Creo que la forma de concebir el pasado adquiere otra dimensión con las nuevas preguntas que se le hacen al presente. Épocas que se consideraban turbias, que se querían mantener en el desván, aparecen con un ímpetu diferente debido a la misma perspectiva con que se miran las cosas. Los logros obtenidos se debieron al período de prueba anterior, pero antes tuvo que pasarse por múltiples caídas, inseguridades y espejismos hasta que aparece una voz propia.

A veces se toman decisiones sin considerar las consecuencias, simplemente se llega al límite de lo soportable para lanzarse a otra oportunidad que es otro infierno, con las posibilidades de quedarse en el abismo, que obliga a la ruptura y amalgamar la grieta hasta que por fin se alcanza un estado de flujo- la vida que se quiere llevar, que es una estética- para decir ahora, como los libros de autoayuda, que todo depende de la actitud y la forma como se reaccione ante los problemas.

Un buen maestro quien educó a sus hijos en su casa abre puertas y nuevas formas de sensibilidad ante el el arte y la filosofía, pero quien aprende también adquirió crítica, lo cuál también resulta un buen síntoma de inconformidad y autoexpresión, pero tampoco puede saber lo que no le ha tocado vivir, y puede idealizar una escuela como un encuentro de pares, cuando en realidad existe la posibilidad de un ambiente de uniformización donde se encuentra una violencia simbólica y muchas veces la soledad del niño.

Parece polémico decirlo, pero el docente muchas veces sobrevive en la institución educativa ante el malestar de la cultura. En una escuela caótica y cerrada el estudiante se resiste y le pega una patada a la puerta para escapar y el buen profesor se refugia en el aula de clase creando un ambiente diferente. A veces hay que remover asientos para superar la cuadratura del círculo y hacer agujeros al discurso por donde quepa una pregunta genuina de conocimiento.

Con todos los inconvenientes en la escuela se puede aprender a aprender, adquirir el habito de dedicarse a una tarea, darle juego al deseo en lo que se quiere conocer y desarrollar la paciencia y la perseverancia con el ritmo propio mientras una profesión abre un conjunto de inquietudes y certezas, una forma de percibir el mundo- para algunos con la joroba de una especialización- pero igual una forma de hacer en el mundo.

 

 

 

 

 

 

 

Algunos elementos de la política de primera infancia en Colombia.

La inversión social con mayor tasa de retorno es la de la infancia, dado que genera impactos duraderos relacionados con la fortaleza psicológica, la disminución de la morbilidad y la criminalidad en el ciclo de vida de las personas.

Invertir en la primera infancia puede estar asociado a un mayor nivel de ingreso, a una disminución de la pobreza y a una mejor salud; posibilitando el aprendizaje de calidad, que brinda a todos los niños y niñas una oportunidad justa de sacar adelante la vida, en especial a los más vulnerables económica y socialmente.

También, resulta una inversión para la construcción de un tejido social en un futuro cercano. Cuando Adorno habló de educación después de Auschwitz, se puede extrapolar en cierto modo al caso colombiano, lo hizo dentro de dos ámbitos: en primer lugar, educación en la infancia, sobre todo en la primera, seguidamente, ilustración general llamada a crear un clima espiritual, cultural que no permita una repetición; un clima, pues, en que los motivos que llevaron al horror se hayan hecho en cierta forma conscientes.

Aunque exista una política de primera infancia en el país su realización efectiva depende de un compromiso del gasto social que permita atender integralmente los derechos de esta población con una lógica coherente de descentralización a partir de una coordinación intersectorial e interinstitucional entre mandatarios locales, secretarias de educación, el ICBF, los delegados de los ministerios y la comunidad.

Según estudios de la contraloría general en el país existen   5. 200.000 niños y niñas entre 0 y 5 años de los cuales el 56% se encuentra en condiciones de pobreza. De esos 2.312.188, el 24% reciben una atención integral, el 41% cuenta con una atención no integral y el 34% de los niños no reciben ninguna atención. De allí, la importancia que la política de cero a siempre pueda ampliar su cobertura manteniendo su calidad, pero también que pueda garantizar su sostenibilidad convirtiéndose en una política de Estado de largo aliento, además que se incluya un paquete de planificación familiar dentro del paquete de atención.

La política ha llevado a reconocer a los niños y niñas como sujetos activos, a promover el juego y la recreación y las salas de lecturas, pero se requiere de innovación e investigación para ofertar y mejorar su canasta de servicios, de tal forma que Colombia   le apueste a un futuro en paz en el presente.

 

 

“Algunas consideraciones sobre la nacionalidad colombiana a partir del texto de La Vorágine de José Eustasio Rivera”.

Creo que en medio de una obra abierta con múltiples y diversas lecturas desde su aparición en 1924 lo importante es retomar una perspectiva necesariamente parcial del mundo posible creado por el autor. A la muerte de Rivera en 1929 comentaba Horacio Quiroga: “La vorágine es eso, por encima de sus grandes cualidades: un inmenso poema épico, donde la selva tropical, con su medio ambiente, sus tinieblas, sus ríos, sus industrias y sus miserias, vibra un pulso épico no alcanzado jamás en la literatura americana. Por una rara virtud-no tan rara, si bien se mira-tal vez no fue la evocación de la selva el punto esencial de mira del novelista al plantear el libro… conoció también la explotación del caucho… y se sigue conociendo todavía con el nombre de los “horrores del Putumayo” (1).

Dos lecturas opuestas y complementarias entre sí se perfilan en estos comentarios de Quiroga. La primera, supuestamente más apegada al proyecto ideológico del narrador colombiano, pone el acento en las condiciones de trabajo y explotación en los confines del territorio nacional. La segunda, más atenta al resultado literario finca el valor estético en la dimensión épica y mítica que en ella termina por asumir la selva. La integración de las dos partes resulta fundamental para la lectura que hago de la obra, con la cual se supera alguna crítica tradicional quienes al haber insistido en las inconsistencias y la endeblez de Arturo Cova resaltaron el carácter “anacrónico” de dicho proyecto.

Por ejemplo, Malva Filer anota: “el desarrollo de la novela denota sin duda, un fatalismo de inspiración romántica, pero muestra un proceso de auto-aniquilamiento causado por falta de auténtica energía y decisión. Pero las fantasías compensatorias de Cova no participan de la nobleza del ideal romántico… Cova parece justificar para sí el título de decadente, aunque no sea común hallar ese tipo de héroe literario en novelas cuyo escenario no sea el que corresponde a la vida urbana” (2). Por el contrario, cabe sostener que La Vorágine rompe el canon de la novela histórica en América Latina y permite considerar aspectos problemáticos de la nacionalidad colombiana.

Testimonios recogidos por Neale-Silva demuestran tanto la actualidad de los temas tratados por la novela como la verosimilitud de sus análisis sicológicos, además de la vigencia de las representaciones culturales, y muestran incluso cómo, según sus experiencias o sus formas de inserción en la sociedad colombiana de la época, estos mismos lectores atribuyeron un mismo valor de verdad tanto al proyecto novelesco como al proyecto ideológico de denuncia (3).

Lo primero que sorprende de la recepción de la Vorágine fue el ataque virulento de algunos de sus críticos. Luis Trigreros escribió: “Pero yo pienso que un escritor, si aspira a que sus obras sean factores de adelanto e influyan por manera decisiva en el desarrollo del progreso patrio, debe profesar el culto de nuestra señora la Lengua y ceñirse a las reglas y preceptos del buen hablar” (4). El mismo Eduardo Castillo afirmó que: “ La Vorágine es una novela que nació predestinada a un éxito ruidoso porque la novela con que nos brinda el parnásida de tierra de Tierra de promisión viene envuelta en uno como halo rojo de crimen y de sangre, muy propio para excitar la curiosidad de los lectores de folletín ” (5) .

José Eustasio Rivera ante la crítica por los hechos macabros presentados por la obra le respondió a Luis Trigreros: “¿No convienes, acaso, en que para recoger el ambiente de esa inmensa zona de dos mil leguas que va en mi libro, y que tú calificas de “monstruosa, atormentada y bravía”, era indispensable que la concepción artística, la acción, los episodios y hasta el estilo reflejaran las peculiaridades del medio que copian? ¿Olvidas que la tumultuosa independencia de la región se opone a la mesura, a la línea recta, a la ordenación, y sólo admite lo intempestivo, lo inesperado, hasta lo absurdo? ¿Ignoras que la naturaleza se les mete en el corazón para contagiarles su violencia, su crueldad, su amargura? ¿ Cómo se te ocurre que en un éxodo como el de La Vorágine, dadas las costumbre que pinto y los personajes que menciono, se me puedan pedir cosas sutiles, análisis anímicos, buena conducta, buenos modales? ¿He escrito, acaso, una novela ciudadana en un ambiente de salón? (6).

Rivera respondió en una de sus cartas al mismo crítico Eduardo Castillo: “Todo lo debo a mi esfuerzo, y tanto me place escribir como trepar una línea que quieren ser útiles a la sociedad y a la patria, mediante el trabajo y la corrección cívica. Ni paraísos, ni halagos del mundo bohemio, ni éxitos en veladas, ni laureles implorados en mi carrera (7).

Eduardo Neale Silva expresa que el patriotismo de Rivera quizás sea el menos comprendido de todos, pues el fervor y la vehemencia con que ansiaba la grandeza y la suya propia parecieron a muchos una simple monomanía de un hombre “raro”. Como ideal de juventud que ahora llega- declaró Rivera en Cali- debe primar sobre todo el sentimiento de quien mejor trabaja por la patria en obra de sabiduría y belleza, será siempre el que conquistará al fin un pedestal definitivo” ( 8).

En la representación que Rivera hace del ser colombiano en la obra, se encuentra problematizada por la respuesta de Arturo Cova da a don Clemente Silva ante la situación de explotación de los caucheros, que prefigura las condiciones del conflicto social y político que configurarían la sociedad colombiana a lo largo del siglo XX, la de la Violencia, y hará decir a Jorge Luis Borges cómo la identidad del colombiano es un acto de fe: “más no me aúpa la piedad del mártir, sino el ansia de contender con hombres de presa, a quienes venceré con armas iguales, aniquilando el mal con el mal, ya que la voz de paz y justicia sólo se pronuncia entre los rendidos. ¿Qué ha ganado usted con sentirse víctima? La mansedumbre le prepara terreno a la tiranía y la pasividad de los explotados sirve de incentivo a la explotación. Su bondad y timidez han sido cómplices de sus victimarios” (9). El mismo Clemente Silva advierte como seña de la identidad colombiana: “que los colombianos no tenemos precio en estas comarcas: dice que somos insurrectos y volvedores” (10).

La Violencia no es producto de la misma selva: “Nadie ha sabido cuál es la causa del misterio que nos trasforma cuando vagamos en la selva. Sin embargo, creo acertar en la explicación: cualquiera de estos árboles se amansaría tornándose amistoso y hasta risueño, en un parque en un camino, en una llanura, donde nadie lo sangrara ni lo persiguiera; más aquí todo son perversos o agresivos, o hipnotizantes. En estos silencios, bajo estas sombras, tienen su manera de combatirlos: algo nos asusta, algo nos crispa, algo nos oprime, y viene el mareo de las espesuras, y queremos huir y nos extraviamos, y por esta razón miles de caucheros no volvieron a salir nunca” (11).

Balbino Jacome expresa la situación: “peones que entregan kilos de goma a cinco centavos y reciben franelas a veinte pesos; indios que trabajan hace seis años, y aparecen debiendo el mañoco del primer mes; niños que heredan deudas enormes, procedentes del padre que les mataron, de la madre que les forzaron, hasta de las hermanas que les violaron, porque cuando conozcan la pubertad, los solo gastos de su niñez les darán medio siglo de esclavitud…¿ Y Arana que es el despojador, no sigue siendo prácticamente, cónsul nuestro en Iquitos? ¿Y el presidente de la República no dizque envió al general Velazco a licenciar tropas y resguardos en el Putumayo y el Caquetá, como respuesta muda a la demanda de protección que los colonizadores le hacen a diario? Paisano, paisanito, estamos perdidos! ¡Y el Putumayo y el Caquetá también! (12).

Creo que Arturo Cova codifica las dificultades en la representación de la nación colombiana porque por un lado, por un código de honor lleva a cabo la venganza (el rapto de Alicia y Griselda) que pone fin a Narciso Barrera, representante de las multinacionales del caucho, quien paradójicamente había reconocido en los poetas el privilegio de encadenar al corazón de la patria los hijos dispersos. En un acto, donde la violencia privada hace efectivo la justicia frente a un Estado cómplice, pero por el otro, lleva a su propio auto sacrificio en un instinto de muerte que lo lleva al vórtice de la nada. Tal como menciona Randolph D. Pope: “La destrucción del poeta ha sido concreta, y no es sólo simbólica. Esto le permite emerger de su obsesión privada y descubrir que Barrera no es solamente su enemigo sino el de todos los colombianos, que Funes no es un hombre sino un sistema” (13).

La patria misma deriva su significado del padre. Si bien la tierra es femenina, su legitimidad procede del padre y de su nombre. En el caso de la novela de Rivera revela un lugar de tensión entre lo masculino y femenino, incluso el mito de la India Mapiripana muestra la naturaleza de la Selva. La Mapiripana es una deidad fluvial, protectora de lagunas y torrentes y gracias a la cual –afirma la leyenda-tiene tributarios el Orinoco y el Amazonas. Pero el mito de esa deidad se puede asumir también como un trasunto de la historia de Arturo Cova y Alicia. Un misionero, pertinaz desflorador de indiecitas, queda prendado de la belleza y ésta, condescendiente, hace que el misionero la siga hasta las más hondas espesuras, donde lo mantuvo en una cueva. Allí debilitó su lascivia bebiéndole la sangre de sus labios y, tras quedar embarazada, da a luz un vampiro y una lechuza, con los que fustiga al misionero que, arrepentido, por fin muere, convirtiéndose su alma en una mariposa. (14) El mito también puede interpretarse como la violación de la naturaleza de la selva por un hombre civilizado en su plan de conquista y destrucción y la venganza de ésta.

De otro lado, Clemente Silva ocupa un lugar especial como padre, el “Brújulo,” se hace esclavizar de los empresarios caucheros en búsqueda de su hijo y luego estará en el rescate de sus huesos, inquiría por luz en medio de la Selva. Precisamente al respetarla sin contagiarse de la Violencia sobrevive, más bien es una víctima, incluso invita infructuosamente a Cova a abandonar su proyecto de venganza, y por el otro será el encargado de rescatar la memoria del relato, los manuscritos del poeta Cova.

Cabe resaltar que Cova se vuelve doméstico al final de la novela y asuma su rol de padre: “¡Tantos en el mundo se resignan a convivir con una mujer que no es la soñada, y sin embargo, es la consentida, porque la maternidad la santificó! Piensa que Alicia no ha delinquido, y que yo, despechado, la denigré! ¡Ven, sobre el cadáver de mi rival habrás de vernos reconciliados! Vamos a buscarla a Yaguanarí. Nadie la compra porque está encinta. ¡Desde el vientre materno mi hijo la ampara! “(15). Además, resulta sintomático que en los últimos párrafos de la novela Arturo Cova esté en la lucha contra los apestados ocupado de la joven madre y buscando un refugio donde sea fácil encontrar leche de seje para el niño.

Como advierte Doris Sommer: “si el padre es enteramente incapaz de imponerse sobre la patria y ocupar su lugar, su aspiración a conquistarla sigue siendo heroica. … José Eustasio Rivera parece querer revelarnos la pretensión y la búsqueda de una ilusoria masculinidad por parte de Cova. Quizá la mayor virtud de La Vorágine es que permite que las contradicciones o aporías del diálogo en cuestión fluyan sin tratar de incorporarlas por la fuerza en un cierto discurso totalizador y omnisciente acerca de la identidad y discursos nacionales. Anteriores “novelas” históricas son aparentemente más insistentes y programáticas” (16).

Una diferencia con las novelas históricas del siglo XIX está en el tratamiento de Rivera hace que los obstáculos sean más internos que externos: Alicia se entrega a Arturo Cova, y la familia de la joven denuncia a éste ante las autoridades por la presión de casarla con un viejo rico, y Arturo Cova queda entre la opción de aceptar un matrimonio forzado o ir a la cárcel. En esta situación la pareja decide huir hacia los llanos. Estando en los llanos descubren que Alicia está embarazada, pero ni Arturo ama a Alicia ni ésta a él (17). En cuanto a la intromisión de Barrera, hay que decir que ella no se habría presentado si los amantes hubieran permanecido fieles el uno del otro.

En conclusión, como en el mito de la india Mapiripana existe una transformación en el personaje de Cova sin garantizar que el proyecto patriarcal haya desaparecido del todo, pero tal como afirma Sommer Arturo Cova finalmente aprende que ser hombre es no negar aspectos de sí mismo que desbordan una masculinidad ideal definida por oposición a la feminidad. El se da cuenta que el otro es el mismo” (18). Sin embargo, el mismo hecho que la familia de Cova haya sido devorados por la selva muestra que era necesario para vivir como el poeta lo había dicho: “ ¡ volver a las regiones donde el secreto no aterra a nadie, donde es imposible la esclavitud, donde la vista no tiene obstáculos y se encumbra el espíritu en la luz libre! (19) .

 

REFERENCIAS.

  1. Horacio Quiroga. La selva de José Eustasio Rivera. En: Monserrat Ordoñez Vila: La Vorágine: Textos Críticos, Bogotá: Alianza Editorial Colombiana, 1987. p. 79.
  2. Malva E. Filer. Agonía y desaparición del héroe. En: Monserrat Ordoñez Vila: La Vorágine: Textos Críticos, Bogotá: Alianza Editorial Colombiana, 1987. p. 394.
  3. Ver Françoise Perus. De Selvas y Selváticos. Bogotá: Plaza y Janés, 1998. Pp.117-220.
  4. Luis Trigueros. José Eustasio Rivera, novelista y poeta. En: Monserrat Ordoñez Vila: La Vorágine: Textos Críticos, Bogotá: Alianza Editorial Colombiana, 1987.p. 55.
  5. Eduardo Neale Silva. Minucias y chilindrinas. En: Monserrat Ordoñez Vila: La Vorágine: Textos Críticos, Bogotá: Alianza Editorial Colombiana, 1987.
  6. Vicente Pérez Silva, compilador. José Eustasio Rivera, Polemista. Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1989, p. 322.
  7. Ibídem, p 99.
  8. Eduardo Neale Silva. Op cit. P. 96.
  9. José Eustasio Rivera. La Vorágine. Bogotá: círculo de lectores, 1984.p. 211-212.
  10. Ibídem, p. 168.
  11. Ibídem, p. 216.
  12. Ibídem, p. 196.
  13. Randolph D. Pope. La Vorágine: autobiografía de un intelectual. . En: Monserrat Ordoñez Vila: La Vorágine: Textos Críticos, Bogotá: Alianza Editorial Colombiana, 1987. P 406.
  14. H. Duran. Las voces de la polifonía telúrica. En: Monserrat Ordoñez Vila: La Vorágine: Textos Críticos, Bogotá: Alianza Editorial Colombiana, 1987. P 442.
  15. José Eustasio Rivera. Op cit. P. 300.
  16. Doris Sommer. El género deconstruido: Cómo releer el canon a partir de La Vorágine. En: Monserrat Ordoñez Vila: La Vorágine: Textos Críticos, Bogotá: Alianza Editorial Colombiana, 1987. P 466.
  17. Ver Fabio Gómez Cardona. Capítulo 1 de la Tesis Doctoral: Interculturalidad y Violencia étnica en la Literatura Colombiana siglo XX.
  18. Doris Sommer. Op cit. p. 466.
  19. José Eustasio Rivera. OP cit. P. 116.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La ceiba de la memoria de Roberto Burgos Cantor.

Usted aceptará que la memoria crece, extiende ramas, establece la continuidad entre el presente desamparado y un tiempo, ya sin peso, que lo precede. (1)

1. La metaficción en la novela la Ceiba de la memoria como característica de la novela postmoderna.

La Ceiba de la memoria pretende rescatar un mundo sumergido para estructurarlo como una polifonía de voces. Tiempos que se cruzan el de los campos de concentración de judíos en el siglo XX, los secuestrados encadenados en Colombia con el desarraigo de hombres y mujeres que fueron expulsados de sus pueblos en África para ser vendidos como esclavos en la Cartagena de Indias del siglo XVII. De La esclavitud en la Nueva granada y el holocausto judío, convergen en los personajes de Benjos Biohó, un esclavo cimarrón; Analia-tu-Bari, también esclava; Dominica de Orellana, lectora y esposa de un funcionario colonial; los jesuitas Alonso Sandoval y Pedro Claver; Un padre y un hijo, cuyos nombres no se mencionan, que emprenden un viaje por Europa hacia los campos de concentración nazi, y Tomas Bledsoe, un novelista en el siglo XX que interpreta a Pedro Claver y que reflexiona tanto de la esclavitud en la colonia como el de los campos de concentración , que da a entender que el sufrimiento humano no es local .

Como en la obra de las Meninas de Diego Velásquez donde el pintor se autorretrata y explicita su perspectiva de mundo, igual sucede en la obra de Roberto Burgos Cantor donde la novela está siendo creada por un personaje a su vez creado, y por efecto de espejos, de reflejo de autor, se hace latente la condición ficcional, la escritura en proceso. (2).

La novela La Ceiba de la memoria es ficción y metaficción. Existe una novela dentro de la novela y un efecto de espejo se refleja sobre Thomas Bledsoe, personaje del siglo XX que investiga sobre Pedro Claver. La posibilidad de ese reflejo es posible gracias a la autoconciencia y a la posibilidad de reflexión sobre los materiales de la ficción, de una apropiación y conciencia del proceso que permite expresarse allí mismo en la novela.

Como afirma  Kevin García, Thomas Bledsoe es un alterego de Burgos Cantor. En un permanente seguimiento de las apariciones de Thomas Bledsoe, a manera de espejo, se puede identificar el proceso creativo de Roberto Burgos: la reflexión y diseño de una perspectiva de tratamiento de la ficción, aspectos de su arte poética, el propósito de escribir la obra, el valor asignado al lenguaje, el diseño de personajes y el sentido que le dará a sus acciones; se reflejan aspectos de la metodología de trabajo como la visita a escenarios para la creación de escenografías, la indagación en archivos y las exhaustivas jornadas de imaginación literaria; así mismo, se traslucen las tribulaciones e incertidumbres del autor durante la composición de su mundo ficcional, su realidad ficticia y la relación que la ficción entablará con la realidad histórica: esa tensión entre la representación de un hecho real y las posibilidades de su distorsión ( 3).

Thomas Bledsoe se sumerge en los archivos de la época y luego de revisarlos “reconocía las zonas de sugestivo misterio que se habían abierto y que no dudaba serían iluminadas por la ficción” (4) Como afirma Fernando Ainsa la ficción contemporánea se convierte en un complemento posible del acontecimiento histórico, su posible metáfora, su síntesis paradigmática, su moraleja. (5) De tal manera, el escritor de ficciones mediante su imaginación recrea escenas que plasman los conflictos de ese momento, evoca personajes, diseña situaciones reales e imaginarias y ahonda en detalles de la realidad que al historiador le serán negados. (6)

Igualmente, Thomas Bledsoe hace comentarios sobre su propia identidad narrativa y lingüística: “(…) tuvo la inspiración de que cada realidad se asoma a la vida con una lengua propia construida de gritos y silencios, de olvidos y memorias, balbuceos y llanto, palabras que son emblema, árboles, tierras, casa, frutas, corrientes de agua, mareas y oleaje de bajamar. Realidad de palabras sin equivalencias, de historia propia, de sonidos que en la vigilia o en el sueño nombran. Aceptó que las palabras son esencia de lo que nombran, existencia de lo nombrado. Y nombrar es revelación. (7)

La obra problematiza la relación con la realidad. Thomas “Recordaba que Cartagena de Indias se movía en la arena movedizas de leyendas que oscilaban del fervor religioso a las mezquindades raciales, de la beatería religiosa a la reivindicación social. Testimonios de oídas, secretos de familia”. (8). Para evitar los lugares comunes de la historia oficial y la historia oral Burgos propone múltiples narradores y puntos de vista, retoma personajes heroicos para humanizarlos como Pedro Claver, pasando por las reflexiones de ilustración de Dominica de Orellana. Ante el fervor religioso, encarnado principalmente en Pedro Claver y Alonso de Sandoval en los albores de su muerte reflexionan sobre su labor misional y el olvido, como si no fueran capaces de detener la fatalidad.

Al relato de las mezquindades raciales cometidas por los europeos, Burgos recuerda en Dominica de Orellana, el desarraigo que también vivieron hijos y esposas de soldados y empleados de la Corona que acompañaron a sus padres y esposos al nuevo mundo, sufriendo ellos otra manifestación del destierro, indicándonos así que otra sensibilidad europea también estuvo en América. Finalmente frente al relato exclusivamente victimizante de las negritudes, Burgos presenta las tácticas de burla y resistencia para resistir el sistema esclavista. (9)

Durante la escritura de la novela sobre Pedro Claver, Thomas entraba en tensión con la realidad que descubría en los documentos, por momentos sentía que descubría su ficción. Burgos, a pesar de la libertad que le es permitida para crear su realidad ficcional, se propuso crear una relación de complementariedad, explorar aquella faceta de la literatura que entiende el arte como forma de conocimiento. Esta consideración del autor queda plasmada en la novela:

“A medida que escribía se iba articulando un mundo con los puentes y las bisagras de la ficción entre los vacíos a la deriva de la realidad y los abismos de fondo perdido. La única preocupación que lo perturbó más de una vez se anunció con una pregunta ¿la voluntad de la novela falsificaría la realidad, apenas asomada en los documentos escasos conservados en el convento y la primera notaría de la realidad?”(10) .

Las palabras incorrectas traicionan, mienten, pueden desvirtuar la conciencia del autor: “La rebelión de las palabras contra el engaño y las concesiones por piedad o lastima… lo sorprenderían cada vez. Allí estaban las verdades de los actos conservados… con las irremediables deformaciones de la historia”. (11) .

Ante una selva de incertidumbres, Burgos Cantor se adentró en los archivos de la historia e indagó sobre la actividad comercial de un puerto donde se traficaba la vida humana con un proceso de escogencia por lo verosímil: “le resultaba infructuoso intentar saber si la visión que surgía de la escritura de la novela por la lectura de documentos. Los quiso leer por un sentido de rigor que lo conducía a lo verosímil”. (12) P

A través de Thomas, Burgos Cantor afirma que el escritor podría quedar perdido en su propia construcción, sometido por el desespero y el fracaso, pero frente a la angustia lo avocará a decidir terminar su escritura o abandonarla para siempre. En medio de esa sensación Burgos cifra a través de Bledsoe su arte poética: “El arte no aspira a la perfección sino al testimonio de su búsqueda”. (13) P. 322.

Thomas se pregunta ¿Que hacía a los seres y las cosas memorables? Como lo advierte en el epígrafe de la novela, de una cita de Agustín de Hipona:” Grande es el poder de la memoria. Algo me horroriza, Dios mío, es su profunda e infinita complejidad. Tal como afirma Beatriz Sarlo la memoria desconfía de una reconstrucción que no ponga en su centro los derechos del recuerdo (derecho de vida, de justicia, de subjetividad) (14). En ese el sentido el autor construye una ceiba de la memoria de una época construida por medio de una polifonía de voces:

“Ahora lo había atrapado un presente sin vínculos, una actualidad incesante, perecedera en su suceder, que no significaba nada más allá de su provisoria fugacidad. Leyó: “La letra salva”…Lo atraía la leyenda de la prisión de Pedro, el temeroso de cobardía advertida empujando una misión que lo sobrepasaba. En el cuaderno, la primera vez que visitó la cárcel, había escrito ¿Qué hay después del tiempo? El mundo es muy viejo. El manuscrito no se lo había dejado ver a ninguno de sus amigos y él se debía una lectura íntegra y continua. Esa exploración inclemente que sirve para ajustar las variaciones sin congruencia, suprimir los excesos, corregir las rimas involuntarias y trabajar el lenguaje hasta que no sea más que palabras talladas que echan raíces en el espíritu de la época”. (15) .

Roberto Burgos utiliza la metáfora de la memoria como una ceiba que crece y echa raíces bajo la tierra, la misma tierra de los muertos, para luego extender sus ramas y manifestarse como un accionar. La memoria es entonces la acción y la escritura que simbólicamente se convierte en una ceiba.

2. Voces de la memoria.

La novela se articula en un sistema de fragmentos de voces discontinuas, diversas y disrítmicas. Existe una fragmentación del tiempo del relato, que nace en el presente, acude al pasado y se vale de un futuro. Mediante los relevos del narrador se alteran en la obra las narraciones en primera, segunda y tercera persona. Aunque el narrador omnisciente cuente aspectos de todos los personajes, la primera persona, es la voz del testimonio. La segunda persona es la voz del señalado, del enfermo que agoniza sin la posibilidad de controlar el movimiento de su cuerpo, sin la esperanza de una curación; es empleada principalmente para la narración de Alonso Sandoval. La tercera persona del narrador omnisciente recoge y articula situaciones, narra sucesos presentes y pasados. Bajo esta conjugación verbal se conoce, principalmente, la vida de Dominica de Orellana, Pedro Claver y Thomas Bledsoe.(16).

Cada personaje tiene un diseño lírico propio, una forma particular de enunciación que establece una relación con sus recuerdos. La memoria crea un espacio de resistencia y albergue de de las raíces culturales para el esclavo, pero también una forma como los personajes siembren ceibas y en ellas cifran sus memorias. Que las voces del sometido hablen en primera persona lanza el tono subjetivo que marcó la posmodernidad, de un movimiento de devolución de la palabra, de conquista de la palabra y de derecho a la palabra que se expande reduplicado por una ideología de la “sanación” identitaria a través de la memoria social o personal. (17) Las voz del jesuita Alonso Sandoval establecidas mayormente en segunda persona busca en el autor generar una distancia necesaria para identificarse con él o disentir.

Benkos Biojo pretende con ideas de liberación emprender la fundación de los palenques como una idea revolucionaria y encuentra su misión en el nuevo mundo desde el primer momento que los negreros evalúan su cuerpo y revisan sus dientes. El siempre estará regresando a su tierra natal para recuperarse del despojo total que implica su condición de esclavitud y para así mismo, asumir la resistencia. El grito de Benkos se alza como una voz definitiva que afirma la certeza de la libertad. Un grito para que el dolor se desatasque y evite que se incube el silencio porque el dolor despoja de fuerza y poder a las palabras. Grita para recuperar su nombre, para rechazar el nombre que le ponen encima de él, para que no se olvide su nombre, para llamar a sus dioses y le ayuden a poseer un mundo ajeno donde los blancos matan a los indios, los destruyen a ellos y a la fuerza quieren convertirlo en lo que no son:

“Grito para que Oyé Yansa, dueña de las centellas, me acompañe…Grito para pedirle que me deje sin memoria, como ella, porque la memoria en estas tierras tan lejanas habrá que fundarla de nuevo y liberarla de la tristeza, del peso insoportable de una lejanía sin regreso, de una separación sin las esperas de volverse a unir porque la dolencia la transformó en amputación, miembro inútil que hace aspavientos en un aire inexiste y sus restos devuelvan la impotencia de lo que desapareció y no estará” (18) .

Analia Tu-Bari es la voz femenina de la africanidad de la novela. Sus primeros monólogos aluden siempre al despojo y a la nostalgia por el continente africano después del viaje penoso y del itinerario del maltrato en la comercialización con esclavos. El mar expresa lo que perdió: sus costumbres, su condición de princesa de África, su belleza y piel de tambor, sus antepasados vivos y muertos y, lo más importante, su lengua natal que con cada palabra le permita nombrar cada cosa del mundo y así ir construyendo una identidad, que luego se reemplazaría por el silencio y el látigo. Una memoria enterrada y postrada para siempre en un territorio ajeno. Analia Tu- Bari es ante todo un fluido de conciencia donde la memoria es lo único que se tiene y la única posibilidad de asumir el nuevo mundo. (19).

“A cada azote subía más mi voz. Cantaba en la lengua del castigador y era un arrullo. Cantaba en la lengua de mi madre y de mi padre y era una imprecación. Cantaba en la voz de mis hermanos. De mis amigos. Desde los que no sabíamos desde lejos sin confundirnos. De mis muertos y de mis días allá. Canté en angola y en lucumí. En arda y en mandinga. En lindagoza y en biojó. Mis lenguas, las natales y las aprendidas. El rumor de mis ríos y el soplo de mis vientos. Los estruendos de las lluvias y el secreto mantenido de mis sueños. (20) P. 36

Analia tu-Bari y sus reflexiones a manera de monólogo, evocan una atemporalidad del recuerdo porque sus palabras son imágenes que representan un tiempo constante y duradero. Por ser ciega y libre al final de la novela, sus palabras entonadas en cualquier momento del día, se disponen a ser ceibas obstinadas a no olvidar. Una ceiba cuyos frutos, atemporales, asumirán la memoria constante de una época inhumana y atroz para la raza negra: “Y nos hacen fuerte como ceibas de semillas de ceibas que nacieron de semillas de ceiba untada de lluvias y de tormentas y de tierra de tiempos y sombra y sol y noches de luna”. (21)  Y a pesar de su destierro Analia-Tu Bari dice: “Lo que me dispongo a ser en esta tierra extraña es una ceiba. Guardadora de acciones. Una ceiba de tallo engrosado que bañe con su savia traída de estos territorios esta tierra de la cual siento ya no saldremos nunca”. ( 22) .

Dominica de Orellana es una dama ilustrada que piensa la posibilidad de que el rey se case con una negra y deambula por una ciudad desconocida y reflexiona sobre las posibilidades que ofrece ese nuevo mundo representada en una ciudad desgastada donde el tiempo, al parecer se detiene y se dobla como una lámina ante el calor y la presencia del mar. Toda su experiencia está atravesada por los nuevos ideales de la ilustración en libros prohibidos que leía y que trataba de interpretar a la luz de un puerto negrero donde llegaban forasteros a buscar aventuras y riqueza. Ella se adentra en carne propia y desea sentirle y los huesos de esos seres que llegaron, desea escuchar y contemplar el sonido del tambor cerca de los arcabucos, desea saber de qué materia están estos hechos estos seres que como ella llegaron al nuevo mundo a poblarlo de maneras diferentes.

Alonso de Sandoval, sumido por el mal de Loanda calcula que los pocos meses que le quedan de vida serán un tiempo suficiente serán para escribir una larga posdata a su libro De Instauranda Aethiopum Salute, obra que ha escrito a lo largo de su vida en Cartagena, en la cual, además de ser una guía de catequización para los negros será un testimonio frente a los oprobios de la época. Pedro Claver se entrega incondicionalmente para salvar las almas de los negros, pero ambos saben, al final, que todo lo que hicieron está condenado al olvido, que la memoria, en este caso, sólo podrá ser la salvación si se convierte en algo más, quizá en una sublevación que dinamice las formas establecidas por la tiranía y la injusticia.

3. Un puente: Viaje en el tiempo.

El autor a través del viaje por los campos de exterminio nazi en el siglo XX logra suscitar el interés por desenterrar la trata de esclavos en el siglo XVII en Cartagena de Indias y reflexionar sobre la tragedia que inunda en general al ser humano a través de los siglos: “ Más allá de los negros en Cartagena de Indias, más allá del hongo de Hiroshima, más allá del napalm en los arrozales, y la locura sin sueño en Nueva York y en Puerto Rico, más allá de lo humano, estamos aquí en el abismo de la nada, sin lágrimas y sin surco, en otro invierno en Auschwitz, resistiendo. No hay réquiem amigo. ¿Qué somos? (23)

En la obra se plasman dos alteregos de Roberto Burgos Cantor con sentidos distintos y complementarios: su vocación de escritor es representada por Thomas Bledsoe, mientras su condición de ciudadano del mundo, padre y hombre de familia es plasmada a través de la figura de este padre que viaja por Europa en compañía de su hijo.

En esta primera conexión el autor articula tres instancias para proponer una reflexión sobre el sometimiento de la libertad y la vida: el tráfico de esclavos del siglo XVII, con la acción de exterminio nazi durante el siglo XX y, a su vez, con los secuestrados encadenados de Colombia, que aunque con expresiones y fines distintos sigue manifestándose a través de los siglos.

La novela articula de forma paralela dos violencias. Leemos las imágenes de los negros muertos durante la travesía y confinados en las negrerías, y más adelante los objetos personales de los muertos de Auschwitz, a donde han llegado el padre y el hijo. Ambos visitan el mayor centro de exterminio de la historia del nazismo y se enmudecen ante los objetos de Ana Kafka. El padre se pregunta “¿En qué momento este desastre es también nuestro desastre?” y, posiblemente este recorrido realizado por Burgos haya detonado su obsesión por dar cuenta de la memoria trágica de su ciudad natal. (24 ).  Así lo sugiere la obra: “Parece que las catástrofes presentes potencian las desdichas pasadas y aparecen otra vez desde los fondos de olvidos de los tiempos sin expiación donde se apilan los crímenes, las víctimas y el dolor que no encuentran reposo.” (25).

Más adelante el autor empieza a dar sutiles pincelazos que insinúan la conexión con la violencia del país: “será correcto decir que vengo de Colombia o de la nada del viaje de Varsovia. O ambos serán la nada”. (26)  Pero, finalmente se explicita la conexión:

“En la mesa esquinera hay unos periódicos de Colombia. En la fotografía, un hombre barbado está amarrado con cadenas a los tubos de la cabecera de una cama. La foto es oscura, pero se alcanza distinguir el fondo de alambres entretejidos del marco. Encima del colchón, unas láminas irregulares de cartón. En otro periódico, una fotografía de la espesura selvática. Un corral de alambre de púas encierra a unas mujeres y hombres, vestidos con escasez, el cabello enmarañado y una flacura que pide clemencia.” (27) .

De esta forma, Burgos Cantor por medio de la revelación de la palabra nos lleva a crear actos de resistencia de respeto a la condición humana frente a circunstancias que desafortunadamente se siguen repitiendo a lo largo de tiempo, pero con diferentes expresiones y finalidades.

Notas de Pie de página.

1. Burgos Cantor, Roberto. La Ceiba de la Memoria. Editorial Seix Barral, Bogotá, 2007. P. 69.

2. García, Kevin Alexis. Raíces de la Memoria. Ficción y postmodernidad en la narrativa de Roberto Burgos Cantor, Editorial Universidad de Valle, Cali, 2014. p. 99.

3. Ibíd., p. 101.

4. ibid., p. 14.

5.. Ver Fernando Ainsa, “Invención literaria y reconstrucción histórica en la nueva novela latinoamericana”, “La invención del pasado. La novela histórica en el marco de la posmodernidad, Editorial Vervuert Verlag, Frankfurt, 1997. P. 115.

6. García, Kevin, op cit, p. 101.

7. Burgos Cantor, Roberto, op. Cit, p. 15.

8. Ibíd, p. 132.

9. GarcÍa, kevin, op cit,p. 102.

10. Burgos Cantor, op cit, p. 327.

11. Ibid, p 104.

12. Ibid, p 131.

13. Ibid, p 322.

14. Sarlo, Beatriz. Tiempo pasado. Cultura de la memoria y giro subjetivo. Una discusión. Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2005. P. 9.

15. Burgos Cantor, op cit, p. 16.

16. García kevin, op cit, p. 112.

17. Sarlo, Beatriz, op cit. P. 10.

18. Burgos Cantor, op cit, p. 47.

19. Osorio, Angela Maria. La ceiba de la Memoria de Roberto Burgos Cantor y un concepto de Africanidad, Universidad Tecnología de Pereira, Licenciatura en Español y literatura, 2012.

20. Burgos Cantor, op cit, P 36.

21. Ibid, p. 73

22. Ibid, p 74.

23. Ibid, p. 175.

24. García Kevin, op cit. P 117.

25. Burgos Cantor, op cit. P. 169.

26. Burgos Cantor,op cit. p. 400.

27. Burgos Cantor,op cit. 295.

 

 

 

 

“cultura y democracia en América Latina”

Palabras clave: Literatura, cultura, utopía, democracia, caudillo, barbarie, civilización.

 

Este trabajo pretende construirse a partir de lo que algunos autores han considerado la identidad de América Latina. Sin embargo, si la unidad cultural de América aparece como una construcción más o menos clara, la relación que se ha establecido con la política y la economía han resultado problemática. La democracia ha demostrado como en el orden del deber ser para América Latina, pero corre con el estigma del fracaso.

Incluso para Antonio Lastra llega a demostrar la importancia de la persuasión constitucional para construir la utopía de América. El supuesto fundamental de Lastra radica que la república de las letras, a las que circunstancialmente han pertenecido algunos tiranos de la antigüedad, no es mejor que el imperio de la ley, sobre todo cuando esa ley se ha escrito para que todos puedan leerla por igual. “Un mundo de lectores- un mundo sin censura- es el verdadero contexto de la literatura” (1).

De otro lado, la visión que se construya el escritor sobre América latina corrobora el propósito del escritor latinoamericano de hallar lo universal en la situación real y concreta de América Latina, como menciona Roa Bastos en un ensayo -Imaginación y perspectiva de la literatura latinoamericana: “Para que exista una literatura, además del valor estético de sus obras, es necesario un centro de cohesión interior, una visión coherente y unitaria sobre el conjunto de la realidad. De esta coherencia interior procede la posibilidad de comunicación interhumana de una literatura, en un momento determinado, pero también el sentido de continuidad histórica a través de sus variaciones posibles” (2).

En el Facundo de Domingo Sarmiento, en el Ariel de Rodo como el insomnio de Bolívar de Jorge Volpi aparece la democracia en América de Tocqueville a partir del cual se puede construir la ansiada estabilidad política de la mayoría de los países que declararon su Independencia a partir del siglo XIX. La                   “civilización” como la entendió Sarmiento era una lucha permanente contra la tiranía: “¿Por qué no permites en tu patria la discusión que mantienes en otros pueblos? ¿Para qué, pues, tantos millares de víctimas sacrificadas por el puñal; para qué tantas batallas, si al cabo habías de concluir por la pacífica discusión de la prensa? (3). La demanda de un Tocqueville para su época en Sarmiento iba en explicar el misterio de la lucha obstinada que despedazaba la república, en establecer los distintamente elementos contrarios que se chochaban. Por un lado, en criticar a la inquisición como el absolutismo español que frente a la barbarie indígena iba contra de la civilización europea.

El americanismo en Domingo Faustino Sarmiento se consolidó como un elemento contrario a la civilización, y por ende de democracia, y por el contrario desperdigó ideas racistas donde las inmigraciones europeas enseñarían a trabajar en contraste a: “las razas americanas que viven en la ociosidad, y se muestran incapaces, aun por medio de la compulsión para dedicarse a un trabajo duro y seguido. Esto sugirió la idea de introducir negros en América. Pero no se ha mostrado mejor dotada de acción la raza española cuando se ha visto en los desiertos abandonada a sus propios instintos (4).”

La civilización no es otro que el camino del progreso que se da con la posesión permanente del suelo, de la ciudad, que es la que desenvuelve la capacidad industrial del hombre y le permite extender sus adquisiciones frente a “ El gaucho, a la par de jinete, hace alarde de valiente, y el cuchillo brilla a cada momento describiendo círculos en el aire, a la menor provocación, sin provocación alguna, sin otro interés que medirse con un desconocido; juega a las puñaladas como jugaría a los dados ( 5).”

El gaucho concluye excluido del proceso civilizatorio en Domingo Sarmiento y el destino marcado parece marcado por ser un malhechor o un caudillo necesariamente injusto ocultándose detrás la historia de Juan Manuel Rosas, que clava en la culta Buenos aires el cuchillo del gaucho y destruye la obra de los siglos, la civilización, las leyes y la libertad(6).

Sin embargo, el ataque expreso de Sarmiento contra la “barbarie” como lo manifiesta R. H. Moreno Durán encierra una coartada que no es otra que su propia nostalgia; que más que a la declaración explícita, literal de Facundo, hay que considerar con atención esa vasta relación de acontecimientos encontrados, añoranzas y recuerdos, evidentes en la forma como Sarmiento se refiere al gaucho, al payador, a la pampa y sus ritos, a todo ese mundo , que es suyo, y condena a desaparecer en aras de su propia utopía “ civilizadora” (7).

Como afirma R.H. Moreno Durán América Latina es maridaje, es síntesis, jamás dispersión o aislamiento. Esta verdad que no se inclina por uno u otro aspecto- por la ciudad o el campo divorciados, como quería ratificar Sarmiento a través de su Facundo, sino que ya ha comprendido por la importancia de esta realidad bifronte, ofrece en nuestro tiempo una buena perspectiva para la aprehensión de su identidad en la realidad de un ser total (8).

  1. El Ariel de Rodo.

Todo cambió en la América hispana con la derrota de España en 1898. La situación de Cuba y Puerto Rico aclaró para muchos el sentido de varios episodios del siglo XIX: era el capítulo más reciente de una historia ya larga que incluía la anexión de Texas, la guerra con México, las acciones filibusteras en Centroamérica de los Estados Unidos. Los círculos liberales comenzaron a converger con los antiguos conservadores, y a concebir un nacionalismo hispanoamericana de nuevo cuño, formulado en términos explícitamente antiestadounidenses. Su biblia fue Ariel, obra de un escritor uruguayo, de un país pequeño y convulso pero educado y próspero (9).

Rodo siente admiración ante los Estados Unidos, pero sin quererlos: “porque ellos han sido los primeros en hacer surgir nuestro moderno concepto de la libertad de las inseguridades del ensayo y de las imaginaciones de la utopía, para convertirla en bronce imperecedero y realidad viviente; porque han demostrado con su ejemplo la posibilidad de extender un inmenso organismo nacional la inconmovible autoridad de una república… suya es la grandeza y el poder del trabajo; esa fuerza bendita que la antigüedad abandonaba a la abyección de la esclavitud, y que hoy identificamos con la más alta expresión de la dignidad humana, fundada en la conciencia y la actividad del propio mérito. Fuertes, tenaces, teniendo la inacción por oprobio, ellos han puesto en manos del mechanic de sus talleres y el farmer de sus campos la clava hercúlea del mito, y han dado al genio una nueva e inesperada belleza ciñéndole el mandil de cuero del forjador (10).

Sin embargo, esa democracia es acusada por Rodo de utilitaria y vulgar: “la vida norteamericana describe efectivamente ese círculo vicioso que Pascal señalaba en la anhelante persecución del bienestar, cuando él no tiene su fin fuera de sí mismo. Su prosperidad es tan grande como su imposibilidad de satisfacer a una mediana concepción del destino humano. Obra titánica, por la enorme tensión de voluntad que representa y por sus triunfos inauditos en todas las esferas del engrandecimiento material, es indudable que aquella civilización produce en su conjunto una singular impresión de insuficiencia y vacío (11).” Sobre el triunfo material faltaba para Rodo la chispa eficaz que haga levantarse la llama de un ideal vivificante e inquieto, sobre el copioso combustible donde la idealidad de lo hermoso no apasiona al descendiente de los austeros puritanos (12).

La vieja virtud de los Hamilton, según Rodo, era una hoja de acero que se oxidaba, entre la telaraña de las tradiciones para estar en el absolutismo del número. La influencia política de una plutocracia representada por los todopoderosos aliados de los trusts, monopolizadores de la producción y dueños de la vida económica, se presentaba como rasgos de la democracia americana aunado a la desorientación ideal y el egoísmo utilitario (13).

Así que en contraposición Rodo presenta Ariel, en la cual puede estar representado la América Latina, como su numen, genio del aire, representa en la obra de Shakespeare, la parte noble y alada del espíritu. Ariel es el imperio de la razón, el entusiasmo generoso, el móvil alto y desinteresado de la acción, la espiritualidad de la cultura y la gracia de la inteligencia frente a los vestigios de Calibán, Angloamérica, símbolo de la sensualidad y de torpeza, con el cincel perseverante de la vida (14).

Si en nuestro carácter colectivo falta el contorno seguro de la “personalidad” afirma Rodo: “ que los Americanos latinos tenemos una herencia de raza, una gran tradición étnica que mantener, un vínculo sagrado que nos une a inmortales páginas de la historia, confiando a nuestro honor su continuación en lo futuro. El cosmopolitismo, que hemos de acatar como una irresistible necesidad de nuestra formación, no excluye ni ese sentimiento de fidelidad a lo pasado, ni la fuerza directriz y plasmante con que debe el genio de raza imponerse en la refundición de los elementos que constituirán al americano definitivo del futuro”. (15). Es decir, que se debe mantener la unidad cultural por encima de las divisiones políticas.

Igualmente, en el Ariel de Rodo hace un llamado a la juventud de América. La fe en el porvenir, la confianza en la eficacia del esfuerzo humano aparecen como el antecedente de toda acción enérgica y de todo propósito fecundo. Toca al espíritu juvenil la iniciativa audaz, la genialidad innovadora. Cada generación humana exige que ella se conquiste, por la actividad de su pensamiento, por su esfuerzo propio, su fe en determinada manifestación del ideal y su puesto en la evolución de la ideas (16).

Un ideal montado sobre la Grecia Antigua con una nota de esperanza mesiánica: “Cuando Grecia nació, los dioses le regalaron el secreto de la juventud inextinguible. Grecia es el alma joven. Aquel que en Delfos contempla la apiñada muchedumbre de los jonios-dice uno de los himnos homéricos se imagina que ellos no envejecen jamás. Grecia hizo grandes cosas porque tuvo la juventud, la alegría que es el ambiente de la acción, y el entusiasmo, que es la palanca omnipotente”. P. 144. Atenas además supo engrandecer a la vez el sentido de lo ideal y lo real, la razón y el instinto, las fuerzas del espíritu y las del cuerpo donde la perfección de la moralidad humana consistiría en infiltrar el espíritu de caridad en los moldes de la elegancia griega (17).

El Ariel de Rodo también le otorga el deber del Estado en colocar a todos los miembros de la sociedad en indistintas condiciones de perfeccionamiento. El deber del Estado consiste en predisponer los medios propios para provocar, uniformemente la revelación de las superioridades humanas, donde quiera que existan. Y de acuerdo al decir Tocqueville Rodo piensa que la poesía, la elocuencia, las gracias de la imaginación, la profundidad del pensamiento son colaboradores en la obra de la democracia.

Rodo igualmente toma de Ernest Renan la idea de una nación como una “una gran solidaridad” cuya existencia se ratifica por un diario plebiscito en donde “la conciencia ilustrada de sus habitantes” fungen como guía y luz para el resto de los pobladores. Este entendimiento requiere la capacidad de entendimiento entre todos sus pobladores, donde se sigue lo ya propuesto Bolívar y Martí: toda América Latina es una patria (18).

Sin embargo, concuerdo con R.H. Moreno Durán cuando afirma que el mismo proceso de transculturación de las dos Américas- tanto la sajona como la ibérica- permite apreciar los factores comunes a la gran unión de fuerzas que, de distinto orden y procedencia, han dado constitución a sus manifestaciones particulares de cultura. Valores y espíritu de racionalidad son evidentes en ambas Américas, al igual que síntomas acentuados o no- del más positivismo utilitario. En uno y otro caso coexisten las características de Ariel y Calibán. Leopoldo Zea, ante la factibilidad de una hipotética integración, afirma en su libro La esencia de lo americano que “altamente conscientes de este hecho son ya los americanos, estadounidenses y latinoamericanos, que buscan no ser expresión del práctico Calibán o del espiritual Ariel, sino de una unidad que abarque a ambos, equilibrándolos. Calibán al servicio de los fines de Ariel; Ariel dando fines a Calibán” (19).

2. Calibán de Fernández Retamar.

Para Roberto Fernández Retamar el símbolo de América Latina no es Ariel como pensaba Rodo sino Caliban. El símbolo más acertado es tal vez Calibán- el americano: el indio, el negro, el mestizo. Prospero invadió las islas, mató a los ancestros de los actuales mestizos, esclavizó a Calibán y le enseñó su idioma para entenderse con él: ¿Qué otra cosa puede hace Caliban sino utilizar ese mismo idioma para maldecir, para desear que caiga la roja plaga? (20) Y aunque Rodo según Fernández equivocó los símbolos supo señalar con claridad al mayor enemigo de la cultura latina en su tiempo y en el nuestro. El verdadero enemigo, en realidad es Próspero, un usurpador que es la civilización ajena, el colonialismo que viene a imponer.

Francisco de Quevedo traducía Utopía como “no hay tal lugar”. “No hay tal hombre” puede añadirse. Que los Caribes hayan sido como los pintó Colón es tan probable como que hubieran existido los hombres de un ojo y otros con hocico de perro, o los hombres con cola, o las amazonas, que también menciona en sus páginas, donde la mitología grecolatina, el bestiario medieval, Marco Polo hacen lo suyo. Se trata de la versión degrada que ofrece el colonizador del hombre que coloniza. La versión del colonizador explica que el caribe, debido a su bestialidad sin remedio, no quedó otra alternativa que exterminarlo. (21)

Fernández Retamar afirma que en el libro de Aníbal Ponce humanismo burgués y humanismo proletario de 1935 al comentar la Tempestad de Shakespeare había dicho:” Prospero es el tirano ilustrado que el Renacimiento ama; Miranda su linaje; Caliban, las masas sufridas y Ariel, el genio del aire, sin ataduras con la vida”. Ariel no gozaría en el aire su libertad de espíritu si Calibán no llevara la leña hasta la estufa junto a la cual Próspero relee sus libros. Así, que El giro canibanesco dado por Fernández Retamar como establece Cesar Rodríguez en el prólogo implica interpretar el pasado, asumir el presente e imaginar el futuro desde la perspectiva de los dominados- el colonial, oriente, “el mundo bárbaro”, el Sur, la periferia, el tercer Mundo, el mundo subdesarrollado lo femenino, el indígena, el negro, el mestizo, etc. De acuerdo a Fernández Retamar: “asumir nuestra condición de Calibán implica repensar nuestra historia desde el otro lado, desde el otro protagonista” (22).

Al igual que en la tempestad, el intelectual puede hacerse del lado del dominador- como en efecto lo hace Ariel con Próspero. Si se pone del lado del dominado deberá nombrar las múltiples formas de dominación, y rastrear las conexiones entre las fortunas del dominado y del dominador. Contar la historia desde el Sur implica señalar las bases materiales y culturales de las diversas formas de desigualdad, desde la explotación capitalista hasta la opresión étnica, racial y de género.

Igualmente, implica que el Derecho y las Ciencias Sociales, en especial la economía neoclásica evite soslayar la relación entre el desarrollo del Norte y el subdesarrollo del Sur, la imbricación del capitalismo y el imperialismo, y la conexión entre los centros de poder económico y los centros de producción de conocimiento. La construcción de un canon crítico local en diálogo con académicos, periodistas e intelectuales que piensen el Sur, se convierte en una de las tareas del pensador canibalesco (23).

Fernández Retamar considera que si se pregunta ¿Existe una cultura latinoamericana? podría enunciarse también de la siguiente manera: ¿Existen ustedes? pues poner en duda la cultura es poner en duda la misma existencia y la misma realidad humana, y por tanto estar dispuestos a tomar partido en favor de una condición colonial, ya que se sospecha que sólo se es un eco desfigurado de lo que sucede en otra parte (24).

3. El Espejo Enterrado de Carlos Fuentes.

 Carlos Fuentes afirma que somos indígenas, negros, europeos, pero sobre todo, mestizos. Somos griegos e iberos, romanos y judíos, árabes, cristianos y gitanos. Es decir, España y el nuevo son centros donde múltiples culturas se encuentran, centros de incorporación y no de exclusión. Cuando incluimos nos enriquecemos y nos encontramos (25).

Como lo escribió el novelista Arturo Uslar Pietri todos somos, a través de nuestras nanas negras o indias, triculturales   en la América Española. Aun cuando seamos blancos puros, también somos negros e indios. Pero también un puro negro o un indio puro participan del mundo europeo. Es decir: el triculturalismo no es una cuestión racial. Más bien la cultura se impone al racismo (26).

Como el Aleph de Jorge Luis Borges, donde el narrador logra encontrar un instante perfecto en el tiempo y en el espacio en el que todos los lugares del mundo pueden ser vistos en el mismo momento, sin confusión desde todos los ángulos, y sin embargo en perfecta existencia simultánea encontraríamos en el Aleph hispanoamericano el sentido indígena de la sacralidad, la comunidad y la voluntad de la supervivencia; el legado mediterráneo para las Américas: el derecho, la filosofía, los perfiles cristianos, judíos y árabes de una España multicultural; veríamos el desafío del Nuevo Mundo a Europa, la continuación barroca y sincrética en este hemisferio de un mundo multicultural y multirracial, indio, europeo y negro. Veríamos la lucha por la democracia y por la revolución, descendiendo de las ciudades del medievo español y de las ideas de la ilustración europea, pero reuniendo nuestra experiencia personal de Zapata, en los llanos de Bolívar y en los altiplanos de Túpac Amaru (27).

A diferencia de Fernández Retamar que niega la utopía de Colón, Carlos Fuentes la reconoce, pero el paraíso terrenal fue destruido y los buenos salvajes fueron vistos como “buenos para les mandar y les trabajar y sembrar y hazer todo lo otro que fuera menester”. P. 12 Desde entonces, el continente americano ha vivido, según Fuentes, el divorcio entre la buena sociedad que se desea y la sociedad imperfecta que se vive. Según el escritor mexicano: “hemos persistido en la esperanza utópica porque fuimos fundados por la utopía, porque la memoria de la sociedad feliz está en el origen mismo de la América, como meta y realización de nuestras esperanzas” (28).

A pesar de los males económicos y políticos y en medio de las desgracias de América Latina ha permanecido su herencia cultural. La cultura se ha creado en los pasados quinientos años, como descendientes de indios, negros y europeos, en el nuevo mundo. Y a pesar que Hispanoamérica pueda identificarse en su cultura le resulta dramática la incapacidad para establecer una identidad política y económica comparable. Sospecha Fuentes que se ha buscado o impuesto modelos de desarrollo sin mucha relación con la realidad cultural. Acaso la misión del siglo XXI a partir del redescubrimiento de los valores culturales, sea encontrar la visión necesaria de la coincidencia entre la cultura, la economía y la política. P.15. Fuentes se pregunta ¿por qué no hemos sido capaces de darle a la política y a la economía la continuidad que existe en la cultura? (29).

Según Carlos Fuentes, Bolívar permaneció y luchó arduamente con el problema ¿Cómo gobernarnos después de ganarnos la independencia? El libertador agotó su alma buscando una solución. En el Congreso de Angostura, Bolívar trató de evitar los extremos que padecería la América española durante todo el siglo XIX Y bien entrado el siglo XX. ¿Tiranía o Anarquía? Para alcanzar el equilibrio propuso un Ejecutivo fuerte, capaz de imponer la igualdad jurídica ahí donde predomina la desigualdad y un despotismo ilustrado. Bolívar advirtió contra “una aristocracia de rango”, de empleos y de riqueza que aunque: “hablen de libertad y de garantías, es para ellos solos para lo que las quieren y no para el pueblo… quieren la igualdad para elevarse… pero no para nivelarse ellos con los individuos de las clases inferiores¨ (30).

Pero si Bolívar dice Fuentes es discípulo de Montesquieu por la insistencia que las instituciones se adapten a la cultura, no lo es de lo de los federalistas norteamericanos, a los que explícitamente rechaza por su nombre: ¨consultaremos el Espíritu de las Leyes, y no el de Washington”. Pero otra influencia más honda, la de Rousseau y su visión de la Virtud política, le lleva a proponer un cuarto poder, Moral, cómo apéndice a la constitución y terna de reflexión para el porvenir. Sin embargo, entre el poder moral “impracticable” en los tiempos presentes, y el ¨sol” presidencial Bolívar no halló lo que Montesquieu presuponía: una sociedad civil (31).

Como lo repite Carlos Fuentes: “en realidad, nuestra necesidad primera y continua fue siempre la de una sociedad civil independiente, un pluralismo autónomo de actividades sociales, intelectuales y económicas sobre las cuales construir instituciones democráticas flexibles y duraderas”. (32) Sin embargo, si la sociedad civil pluralista como las instituciones democráticas brillaban por su ausencia, Bolívar afirma Fuentes concibió “una ¨nación liberal¨ creada por el Estado, el cual, a su vez, educaría una ciudadanía democrática. ¿Podría esto lograrse sin fuerza?, ¿entonces no correspondería al ejército gobernar a la nación? ¿Y una nación gobernada por un ejército, podía ser liberal y democrática? (33)

Quizá Bolívar menciona Carlos Fuentes temía el poder de los caciques, cuyas ambiciones en muchas ocasiones balcanizaron las repúblicas nacientes. También, Bolívar jamás consideró los modelos alternativos de autogobierno mediante la identificación cultural, pero al mismo tiempo, promovió una magnifica visión de la unidad latinoamericana, prematura, pero duradera, abierta a las promesas del futuro y a las realidades cambiantes de la política internacional. En su llamado al Congreso Anfictiónico en 1824, Bolívar le pidió a la América Latina instrumentos de unidad y consejo. Significativamente, no invitó a los Estados Unidos de América. Acaso afirma Carlos Fuentes conocía ya la carta de Thomas Jefferson a James Monroe, fechada en 1823, en la cual el estadista predice una rápida expansión de los Estados Unidos más allá de sus fronteras, a fin de cubrir, “todo el continente norte, y acaso el sur” (34).

Las guerras de Independencia liberaron a múltiples y novedosas fuerzas sociales. Heterogéneas y crudas, sintieron poca necesidad de compartir la angustia de Bolívar. Eran las mayorías indias, negras y mulatas, ni siquiera representada en el Congreso de Angostura. Eran los terratenientes criollos, quienes no habían apoyado la independencia a fin de perder sus propiedades o darle el poder a los “pardos”. Y, sobre todo, eran los nuevos caudillos militares, como Páez, que después de la guerra entraron en posesión de las extensiones territoriales otorgadas por Bolívar para pagarles sus servicios en tiempos de guerra, pero todos ellos le dieron la espalda a Bolívar en su larga y solitaria peregrinación hacia la muerte. No sin antes pasar por la dictadura y el fracaso (35).

Nadie aprende a nadar asegura Fuentes si no se arroja al agua y lo que la América española habría de aprender, sólo podía hacerlo mediante la independencia. Se aprendió que la Corona y la iglesia eran nuestras más viejas instituciones, se expulsó aquélla y se tenía que poner está en su sitio justo. Se aprendió que nuestra realidad más novedosa y endeble era la sociedad civil; se aprendió la necesidad de una vigorosa clase media, pero no a expensas de los talentos creativos de las comunidades rurales. Los círculos intelectuales y los partidos comenzaron a manifestarse, pero entre la ausencia de la monarquía y la debilidad de la sociedad civil, entre la fachada de la nación legal y la sustancia de nación real, se abrió un vació que sólo fue llenado por el soldado afortunado, el hombre fuerte, el tirano (36).

 4. El insomnio de Bolívar de Jorge Volpi.

Jorge Volpi afirma que quizá la única manera de llevar a cabo el sueño de Bolívar sea dejando de lado a América Latina. La región no ha dejado de estar sometida a la imagen que los europeos le han impuesto, en una lógica que la convirtió en objeto de un proceso simultáneo de colonialismo y modernización. América Latina, según Volpi, no es una realidad ontológica, sino una invención geopolítica. La región ha sido vista como una porción indispensable de Occidente- el lugar donde su imaginación fue puesta en práctica- y como un territorio perdido para Occidente. (37) Para rematar sostiene Volpi nunca como hoy América Latina había sabido tan poco de América Latina y el mundo parece también haberse olvidado de nosotros (38).

Igualmente para el autor existe de una profunda decepción con la democracia en América Latina que aquí no es una simiente que ha florecido poco a poco, un modo de vida o una costumbre, unas reglas de vida comúnmente aceptadas o una forma de inmunizar a los particulares contra los abusos de poder, sino un dios esquivo y voluble, un salvador a quien se puede volver a crucificar (39). P. 91

La democracia en América Latina para Volpi ha sido un incómodo aguijón y un anhelo siempre propuesto, una promesa y una fuente de angustia, una calamidad y un sueño que, inclusos en los periodos que se ha puesto en práctica, ha provocado tanta insatisfacción como esperanzas. P. 92 Todos proclaman su fe democrática y su apego a la legalidad, pero al mismo tiempo conducen a la democracia hasta sus límites, esquivan los preceptos que les incomodan y, en casos extremos, sabotean a la democracia por medio de procedimientos falsamente democráticos (40).

América Latina perfeccionó, así, la democracia imaginaria: un sistema que prescribe el libre sufragio, la división de poderes y una lista de derechos elementales, pero que en realidad se encuentra por la voluntad de un caudillo, de un partido o un grupo; un sistema, pese a figurar la ley, las garantías individuales son sistemáticamente olvidadas o violadas, donde los estados de excepción se convierten en regla y donde las votaciones se llevan a cabo como farsas cívicas destinadas a constituir un poder constituido de antemano( 41).

Sin embargo a pesar de toda su desesperanza Volpi propone que la solución a sus problemas no proviene en la vía revolucionaria del pasado sino en acentuar las reformas institucionales del presente: entre estos dos extremos dice radica la verdadera “lucha por el alma de América Latina”. P. 57 De alguna forma, creo que los planteamientos de Volpi de hecho generan un diagnóstico de la situación y una prescripción de lo que hay que hacer. Por ejemplo Volpi   cita a Norberto Bobbio y prescribe que sin protección de los derechos humanos no puede existir democracia, así como  la desigualdad de la región genera un caldo de cultivo contra las mismas instituciones libres. Igualmente, cuando considera que los partidos políticos son verdaderos negocios no deja ver la necesidad de partidos políticos acomodados a los intereses de la ciudadanía.

Por otro lado, Volpi crítica que la única expresión legitima de América Latina sea la del realismo mágico.   En primer lugar ha borrado de un plumazo la relevancia de todas las expresiones previas en literatura, desde los balbuceos del siglo XIX hasta las vanguardias del siglo XX, Borges y Onneti, la novela realista comprometida posterior- en especial la de la Revolución Mexicana, las búsquedas formales de los cincuenta y el contagio de la cultura popular de los sesenta. En América Latina los niños ya no nacen con cola de cerdo aunque miles sigan habitando pueblos y barriadas semejantes a porquerizas. Pero el fin de un apotegma que enaltecía esta vertiente como única expresión de nuestros países al fin se ha desvanecido. Gracias a lo anterior, la ficción en América vive un momento inédito, por primera vez no es víctima de un ser novelístico.

Para terminar, Volpi afirma que si Estados Unidos no quiere tener un “Estado Fallido” al sur de su frontera, y si México no quiere verse excluido del desarrollo, será necesario abortar la anacrónica noción de identidad nacional y aventurarse a explorar nuevos modelos de vecindad. Estados Unidos necesita un México seguro y próspero tanto como México necesita una economía saludable. Es decir, acabar la frontera.

Sin embargo, el presente debate del candidato republica Donald Trump contra la emigración mexicana y sus claras ideas racistas, al igual que el conflicto generado en la opinión pública en los Estados Unidos por la emigración de niños centroamericanos implica que el debate cultural América Sajona y América hispana debe realizarse con un mayor calado, más allá de las mariposas amarillas o los niños con cola de cerdo. Posiblemente tendrá que aprender la lección que deja el Ariel de Rodo o retomar el espíritu canibalesco de Fernández Retomar y desenterrar el Espejo Enterrado de Carlos Fuentes para hallar los dilemas políticos que enfrentaron las repúblicas latinoamericanas después de su independencia.

NOTAS DE PIE DE PÁGINA.

 

  1. Antonio Lastra “el pretexto de América en Cervera, Vicente et al. El ensayo como género literario. Murcia: Universidad de Murcia, 2005.
  2. H. Moreno-Durán. De la barbarie a la imaginación. Bogotá: Ariel, 1995.p. 81.
  3. Domingo Faustino Sarmiento. Facundo. Bogotá: Ediciones Universales (sin más datos). P. 16
  4. Ibídem, p 27.
  5. Ibídem, p. 55.
  6. Ibídem, p. 60.
  7. H. Moreno Durán. Op. cit. P. 66.
  8. Ibídem, p. 62.
  9. Enrique Krauze. Redentores Ideas y poder en América Latina. Bogotá: Mondadori, 2011. P 48.
  10. José Enrique Rodo. Ariel. Madrid: Editorial Cátedra, 2000. P. 200.
  11. Ibídem, p. 205.
  12. Ibídem, p 205-208.
  13. Ibídem, p 212.
  14. Enrique krauze, op. cit. P 139.
  15. José Enrique Rodo. Op cit, p. 198.
  16. Ibídem, p. 142.
  17. Ibídem, p. 156 y 168.
  18. Enrique krauze, op cit, p.52.
  19. H. Moreno Durán, op. cit. P. 53.
  20. Roberto Fernández Retamar. Todo Caliban. Bogotá: Ediciones Ilsa, 2005, p 48 y 49.
  21. Ibídem, p 39.
  22. Ibídem, p. 14.
  23. Ibídem, p. 16 y 17.
  24. Ibídem, p. 33.
  25. Carlos Fuentes. EL espejo Enterrado. Madrid: Editorial Taurus, 1997. P. 526.
  26. Ibídem, p. 360.
  27. Ibídem, p. 527.
  28. Ibídem, p. 12.
  29. Ibídem, p 469.
  30. Ibídem, p. 363.
  31. Ibídem, p 373.
  32. Ibídem. P. 374.
  33. Ibídem, p. 375.
  34. Ibídem, p. 374.
  35. Ibídem. P. 376.
  36. Ibídem, p. 380.
  37. Jorge Volpi. El insomnio de Bolívar. Bogotá: editorial Mondadori, 2009.p. 54.
  38. Ibídem, p. 82.
  39. Ibídem, p. 91.
  40. Ibídem. P. 62.
  41. Ibídem. P. 93.

 

 

Lack of Political Stability in Colombia

“We are grateful for the people of the world who have fought for colombia’s peace”.

 

Colombia is a country with 48 million inhabitants, and since reaching independence in 1810 from Spain has tried to reach political stability. However, geographical conditions, the Andeans mountains, have divided the country in three ridges. Integrating all regions has been very difficult. Civil wars in the nineteenth century were the way to build the Colombian nation, and in the twentieth century, although progress was obtained, social conflicts have divided the country. The liberal leader, Jorge Eliecer Gaitan, was assassinated in 1948, when he would have been elected president, and the violence spread into the entire country, which left 300,000 murdered. The communist guerrilla  FARC movement was created in 1964 as peasant resistance against the violence and a fight for lands. Belisario Betancur in 1982 started a peace process to answer the problem with the FARC, but it was a failure. In February of 2000 the president of Colombia of that time, Andres Pastrana Arango, was forced again to cancel the peace process he started. At this moment, the Colombian government of Juan Manuel Santos is trying to reach an agreement with the FARC in La Habana to end the armed conflict, which has remained for almost fifty years. However, right now a hard-right wing presidential candidate could end the fragile dream of peace and modernity for the next generation. In general, the armed conflict in Colombia has had three consequences.

First, Colombian people have been living with a humanitarian crisis and a systematic violation of human rights. The Union Patriotica political party, which was created by the FARC during the peace process of the government of Belisario Betancur, was exterminated. Furthermore, according to Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (CODHES), there were 250,000 people displaced by armed conflict in 2012, but it is difficult to be precise the exact number of displaced or killed since 1982, beginning of the  peace process, until now. But, for sure, the most severely affected by the armed conflict has been  civil society. According to the Centro de Memoria Histórica (CMH), Paramilitary forces, irregular army created to combat the guerillas, committed 1116 massacres and the FARC took hostages, kidnapped civilians and destroyed towns to attack police stations with cylinder pumps in the south of Colombia. To sum up, life is the first casualty of armed conflict.

Second, without political stability, it is impossible to think about human development. Colombia had a similar GNP to South Korea in 1950, since that time the latter has invested in education, and with few natural resources has a strong economy and better social indicators than Colombia. According to Departamento Nacional de Estadística from Colombia (DANE), 32 percent of the population in Colombia is poor and 10 percent are extremely poor. Moreover, the national budget has had to invest in military and police to protect infrastructure and to defend a weak state. Some foreign companies have abstained from investing in Colombia, considering it a risky country, and only large oil and coal companies feel their investment save safe. However, this had little impact in the region to transform the conditions of the people. As we have seen, political stability is a requirement for human development.

Third, in Colombia today the cocaine economy feeds the armed conflict. The FARC handles 50% of this business, which reports great incomes every year. They are at war to control territories to ensure production and to manage the routes to export abroad. Furthermore, the cocaine cartels defend this profitable business with deadly force, and the FARC wants an attractive treaty with the Colombian government to guaranty political participation for the guerrillas and to resolve the problems of the peasants’ lands. To sum up, the cocaine economy will  continue to feed the armed conflict in Colombia.

In conclusion, the lack of political stability in Colombia has brought a humanitarian crisis and a violation of human rights. Colombia has excluded many people from human development and access to opportunities to obtain a life with dignity. Moreover, the same armed conflict ensures that these conditions will continue. However, the Colombian Government, the FARC and the Colombian people must have the political will to end this situation, which has remained for too long.

The Giver

Imagen

Why Sameness is possible  if Jonas on his way to Elsewhere recognize colors and birds in the trees? How could be imaginable a society which has decided to leave only with functional and a destiny defined by a council of elders? Sameness is the space for genetics and birthmoters only have been chosen by reproduce. Is it possible a society without pain, so perfectly where there aren´t possibility to match mistakenly for a marriage?

However, Jonas could know that his society lived without love when the giver transmit this feeling in a memory: “On the floor there were packages wrapped in brightly colored and tied with gleaming ribbons. As Jonas watched, a small child began to pick up the packages and pass them around the room: to other children, to adults who were obviously parents, and to an older, quiet couple, man and woman, who sat smiling together on a couch”. 1. Jonas found out that there were cries of delight where they hugged one another.

Jonas could criticize his own society “if everything´s the same, then there aren´t any choices” 2. He found he was often angry, now that his groupmates were satisfied which had none of the vibrant his own was taking ownership. And he was angry at himself, that he could not change that for them. 3

However, I think Jonas changed his position when the Giver transmit the memory of war: “The cries of the wounded men, the cries begging for water and for Mother and for death”4. “Jonas did not want to go back. He didn´t want the memories, didn´t want the honor (to be receiver),  the wisdom or the pain. He wants his childhood again, his crapes knees and ball games. He sat in his dwelling alone, watching through the window, seeing children at play, citizens bicycling home from uneventful days at work. 5

The attraction of Seamless is a life without pain. The function of the Giver precisely is keeping the memory of the past to avoid pain to others in this community, but the price who pays is his own pain and a feeling of loneliness. As Jonas said: “The worst pain of holding the memories is not the pain. It´s the loneliness of it. Memories need to be shared”6.

Why failed Rosemary, the first receiver before Jonas? The Giver said “But she was like you, Jonas, she want to experience everything. She knew that it was her responsibility. And so she asked me for more difficult memories… And I gave her loneliness. And I gave her loss. I transferred a memory of a child taken from his parents”. 7 Furthermore, The giver gave her anguish of many kinds. Poverty, hunger, and terror. We know the result, Rosemary asked to be released, metaphor of dead in Sameness.

Jonas left Sameness and escapes with the little Gabriel, who names gay, before Jonas´s father condemn him to be released. Meanwhile the giver transmits memories of courage in the journey to Elsewhere. They wanted to break the structure of sameness. When Jonas approached the summit of the hill he began suddenly to feel happy. He remembered his past and found the sled that was waiting for him.

When Jonas received his first training the giver gave this image of the same sled, snow and the hill that was coming for many generations back. Jonas was stopped by the obstruction piled of snow. But now, Jonas would go downward and faster. The music in the Giver gave him ability to go beyond and liberate the darkness of the same. I hope so it was not only an echo.

FOOTNOTES.

Lois Lowry. The giver. New York: Random House, New York, 2002.P. 123.
Ibid. p. 97.
Ibid. p. 99.
Ibid.119
Ibid. 121
Ibid. 154.
Ibid. 142.

Cambio estructural para la igualdad. Una visión integrada del desarrollo. Cepal

-El cambio estructural implica colocar en el centro de la dinámica los cambios cualitativos de la estructura productiva. Hoy esto tiene sus particularidades en gran medida marcados por economías abiertas que definen sus patrones de especialización de cara a la inserción en los mercados mundiales.

-En este giro hacia la movilización en redes y el mayor espacio de la política, los jóvenes de hoy muestran una sorprendente creatividad en el uso de los espacios y los recursos disponibles, y una renovada capacidad reflexiva en torno al destino colectivo. Por lo mismo son estas generaciones más abiertas al cambio de rumbo, con énfasis en la mayor igualdad social, en nuevas formas de producir y orientar el crecimiento, en el acceso más oportuno al desarrollo de sus capacidades y en una defensa más conciente de la sostenibilidad ambiental.

– Los dos tipos de eficiencia dinámica están muy relacionados, en general, los sectores cuya demanda crece má rápido sino también los de mayor dinamismo tecnológico e intensidad en conocimientos.

– El segundo patrón es el crecimiento insostenible en función dle desequilibrio externo, y se observa en dos momentos; la segunda mitad de los setenta y los años noventa. Cada uno termina en una crisis y en un periodo recesivo,  la ” decada perdida” de los años ochenta   ( 1982.1990) en el caso del primero, y la ” media década perdida” ( 1998:2000) en el segundo caso.

En los países suramericanos exportables de minerales y bienes intensivos en recursos naturales la balanza comercial en el periodo 2006-2011 pasa del déficit al superavit, a la vez que se registran tasas elevadas de expansión económica. A diferencia de lo que ocurría en los años 80 y principios del 2000, el cambio hacia posiciones de superavit refleja un alivio en la balanza de pagos y un esfuerzo para pagar los compromisos de la deuda.

– El periodo 2003-2010 para América del sur ( convergencia sin vulnerabilidad externa) es excepcional y hay indicios de que en algunos países pueden resurgir problemas  en el sector externo.