Receta

El gran reto consiste en crear un crecimiento económico con equidad. Estados Unidos tuvo sus momentos de gloria después de la segunda guerra mundial, las ganancias salariales y la seguridad en el empleo alimentaron el consumo, el mismo Plan Marshall sirvió para crecer sus exportaciones y el sendero de prosperidad se mantuvo hasta la década del sesenta del siglo pasado. No obstante, la ralentización de la economía de la década de los setenta y los ochenta coincidió con disminuciones en productividad, reducción de los salarios como pérdida de derechos laborales.

Posiblemente el recorte de los bienes públicos a partir de los sesenta sea la consecuencia de lo anterior. Incluso varios teóricos como Paul Romer creó un nuevo modelo, donde puso el progreso tecnológico en el epicentro mismo del crecimiento frente a la productividad decreciente asociada a los agregados de capital físico y humano . Las interdependencias entre las nuevas ideas y las nuevas inversiones salen airosas ya que crean perspectivas más brillantes para una prosperidad a largo plazo.

Esta nueva teoría acentúa el carácter complementario de la acumulación del capital y del progreso técnico, de la inversión pública y privada y de la forma cómo se organiza la producción. En fin, una constelación de productividad alta, salario alto y avances institucionales ofrecen la posibilidad de un camino ancho con equidad.

Sin embargo, la constante crisis de capitales lleva a la necesidad de ponerle orden a la globalización y manejar el sistema mundial con mayor eficacia y una de la formas específicas sería imponer un “ impuesto Tobin” a las transacciones financieras, que al aumentar los costos de las transacciones, frenarían los excesos especulativos. El otro gran reto consiste en mundializar los derechos y las normas laborales, sin institucionalizar una protección velada contra las exportaciones de países con ingresos bajos.

Para Gorbachov el fin de la guerra fría era poder acabar la alocada carrera armamentística, para en el caso de Estados Unidos poder orientar una mayor inversión pública en investigación médica, educación, biotecnología y tecnología de trasporte, así como la creación de una infraestructura para reconstruir ciudades, corregir riesgos ambientales, remodelar aeropuertos , autopistas más seguras e inteligentes, así como ferrocarriles de alta velocidad. Desafortunadamente Occidente evitó darle apoyo al glasnost y a la perestroika lo cuál alimentó frustración en dicha zona para dar paso a un autoritarismo de nuevo cuño.

Posiblemente en el presente Estados Unidos viva una crisis de sus valores fundacionales y sin los principios de rectitud que propuso Woodrow Wilson la “ excepcionalidad” y “la moralidad” que ha caracterizado dicho país caen en un lugar vacío, sin que pueda estar a salvo de la miseria que él mismo se ha encargado de producir, por más que cierre puertas o construya muros.

Vale recordar el discurso de renuncia de Jacobo Arbenz en 1954, como presidente de Guatemala, al cuestionar la justificación del comunismo para acabar un gobierno de carácter democrático y humanista, que sólo dejó la esperanza rota en un país y tantos años de soledad. Igual, sin responder al desafío global de poner el fin al hambre y la pobreza, cualquier lugar de la periferia podría comenzar una guerra del fin del mundo.

Gatosauro.

A veces se cree que se puede vivir en medio de una burbuja, que en ningún momento tocará tomar un camino desconocido, abandonar la familia, amistades y conocidos ante la penuria generalizada de un país o dejar otro por la misma violencia política, pero ¿ cómo los recursos se pueden convertir en una maldición?

Tal vez se habla poco de la transformación de la China que en treinta años logró modificar las condiciones de vida de quinientos millones de personas, pero un líder como Deng Xiaoping constató que en el Gran Salto Adelante más de treinta millones de personas murieron por hambre, y frente a la imposibilidad de la disensión ideológica de la Revolución Cultural abrió posteriormente un espacio de reformas económicas, que a la vez de reconocer los logros de Mao Tse Tung para unificar y lograr la independencia de un pueblo, lo llevaría por una senda de paz y desarrollo precisamente a través del incentivo económico, descolectivizar la propiedad agraria, abrirse al mundo y descentralizar.

El éxito se ha cimentado sobre la capacidad de imitar y aprender, abrirse a la innovación y a la “destrucción creadora”, y a pesar de las dificultades presentes en inequidad social, los espacios ganados en supremacía tecnológica lo llevarán a alimentar su propio mercado interno una vez que desaparezcan las ventajas obtenidas mundialmente por mantener la devaluación de su moneda.

El liderazgo político implica visión y metas a largo plazo bien definidas en un terreno como el nuestro donde resulta fácil caer en una completa disfunción gubernamental y una corrupción generalizada e institucionalizada, como afirmó Deng: “ hacer que el gato case ratones, independiente que sea blanco o negro” porque las consecuencias de fracasar en las políticas sociales y económicas saltan a la vista, en términos de escasez y pérdidas de capacidades humanas.

Y pesar que en buena parte de occidente vivimos en un período de olvido de las virtudes cívicas, donde en el espacio público igual importa la verdad o la mentira, como lo recuerda Amartya Sen, la democracia aparece como fuente de oportunidades sociales para el ciudadano de a pie y provoca una respuesta social a las necesidades sociales y por medio del debate y la libertad de expresión conceptualiza las propias necesidades económicas.