Pechirojo.


Gracias a un misterio inefable que surge repentinamente en medio del lago; al lado del río cuando ya ha caído la noche alumbrado por un faro de la ciudad; se cruza a un vehículo en medio de una carretera con unos cómplices de secretos  para emprender vuelo o se anuncia en plena luz de un parque como si fuese el inicio de una palabra que fortifica para romper un infierno y escribir en el origen aquello que vuelve de forma diferente con cadenas que se rompen y una experiencia que cuenta para redescubrir una vocación perdida ya sin miedo que se abre al otro como un regalo.

Gracias a quienes saludan por un nuevo día; de la mujer que con sus sentencias defiende la justicia; del padre que trae el pan a casa cada día; de la madre que a pesar de su dolor despide a sus retoños, que viajan en búsqueda de sus sueños; del hermano que con su autoconfianza triunfa en su emprendimiento; y del amigo que como alter ego enseña a elegirse, curar las heridas y aparece en una montaña mágica donde se rompen los goznes del tiempo con su abundancia y a las cinco de la tarde en un café de un domingo sentados en  silencio en un Boulevard sopla el viento mientras los loros cantan su sinfonía.     


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