Mandela

El efecto que tuvo la liberación de Nelson Mandela después de veinte siete años en prisión y convertirse en un fenómeno de masas tanto en Dar es Salaam, el Cairo, Londres y New York como en su mismo pueblo se debió a los principios de defensa de dignidad humana que defendió contra una política de supremacía blanca, que implicaba la inferioridad de los negros.

Como el mismo dijo no se trataba de ¡echar los blancos al mar! sino de armonizar y de poseer iguales derechos políticos. Su misión después de salir de la cárcel fue liberar tanto al oprimido como al opresor dentro de un camino aún más largo y difícil. Según su concepción, ser libre no es simplemente desprenderse de las cadenas, sino vivir de un modo que respete y aumente la libertad de los demás.

Desde pequeño aprendió que humillar a otra persona es hacerle sufrir un destino innecesariamente cruel e intentó derrotar a sus oponentes sin deshonrarles. En la escuela escuchó al poeta Krune Mqhayi decir: “ la azagaya representa toda la gloria y la verdad de la historia africana; es un símbolo del africano como guerrero y como artista”.

Con la carta del Atlántico, firmada por Roosevelt y Churchill en 1941, se propagó un conjunto de principios democráticos por todo el mundo y en una noche de 1943 escuchó de Anton Lembede, uno de los fundadores del Congreso Nacional Africano, afirmar cómo el complejo de inferioridad era el mayor obstáculo para la liberación.

Frente a las políticas de segregación del National Party el Congreso Nacional Africano se planteó el boicot, la huelga, la desobediencia civil y la no cooperación como formas de lucha, pero una lección aprendida fue que el opresor determina la naturaleza de la misma. La no violencia no había servido para poner coto a la agresión del Estado ni para cambiar la actitud de los opresores. No se puede enfrentarse a una bestia salvaje con las manos desnudas.

Ante su detención Mandela supo del poder de la conciencia y que él mismo era un símbolo representante de los grandes ideales de libertad, justicia y democracia en una sociedad que deshonraba tales virtudes y comprendió que podía continuar la lucha incluso desde dentro de la fortaleza del enemigo. Por ello, la cárcel no pudo destruir su espíritu y resolución de prisionero.

Allí descubrió que todos los hombres, incluso lo hombres más fríos en apariencia, tienen algo de decencia, y que si se consigue llegar a su corazón son capaces de cambiar . Logró mantener la esperanza intacta y antes del salir del encierro pudo cultivar cebollas, berenjenas, repollos, coliflores , alubias, espinacas, zanahorias, pepinos y otros. Tener una pequeña huerta con casi novecientas plantas.