DE la felicidad en Aristóteles

 
 
  

DE LA FELICIDAD EN ARISTÓTELES

 

 

          El amor, en efecto, tiende a ser una especie de exceso de amistad, y éste puede sentirse sólo hacia una persona, y así una fuerte amistad sólo puede existir con pocos.

 

    Todos los sentimientos amorosos proceden de uno mismo y se extienden después a los otros.

 

        Lo más hermoso es lo más justo; lo mejor, la salud, pero lo más agradable es lograr lo que uno ama.

 

     La felicidad es una cierta actividad, y la actividad evidentemente, es algo que se produce, y no algo como una posesión.

 

         El hombre feliz necesita amigos.

 

– También se dice que el tiempo revela al amigo, y las desgracias más que la buena suerte.

 

 

– El hombre verdaderamente feliz vivirá también muy agradablemente, y los hombres no en vano exigen esto.

 

 

         Debe decirse que nada viene de la suerte, a pesar de que nosotros, cuando hay otra causa y no la vemos,  decimos que la suerte es causa.

 

         De manera que las acciones que proceden de la ira y el apetito son propias del hombre. Entonces es absurdo considerarlas involuntarias.

 

           Vivir bien y obrar bien es lo mismo que ser feliz.

 

  – pues el que huye de todo y tiene miedo y no resiste nada se vuelve cobarde, el que no teme absolutamente y se lanza a todos los peligros temerario;  asimismo, el que disfruta de todos los placeres y no se abstiene de ninguno, se hace licencioso, y el que evita todos como los rústicos, una persona insensible.

 

  Afirmo, amigo, que el hábito es práctica duradera, y que acaba por ser práctica duradera.

 

           La mayoría de la gente es olvidadiza y desea más recibir que hacer favores.

 

   Es agradable, del presente la actividad; del futuro la esperanza; del     pasado la memoria, y lo más agradable e, igualmente amable, el resultado de la actividad.

 

– Una ciudad está en concordia cuando los ciudadanos piensan lo mismo sobre lo que les conviene, eligen las mismas cosas y realizan lo que es de común interés.

 

 

  

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

ETICA DE SPINOZA

 
 

ETICA.

 

DE : BURUCH  SPINOZA.

 

 

A partir de un curso del pensamiento de Gilles Deleuze me atreví a conocer el pensamiento de Buruch Spinoza, de quien el primero realiza una lectura del otro. Me dije a mí mismo que debía dejar toda modestia, no sé cuantos estudios sistemáticos y libros se han realizado del  segundo, pero quería simplemente anotar las frases del texto de la Etica que me gustaron, un poco escribirlas con tal de roerlas en el pensamiento.

 

 

Voluntad y razón se armonizan en unidad creadora. Para la verdad quiere vivir, por la verdad quiere actuar.

 

pequeña anotación:cabe la frase de Jenófanes que de la verdad segura no la podremos saber, pero en su búsqueda se halla lo mejor.

 

-Lo que se hace de prisa perece de igual modo.

 

-Nada hay contingente en la naturaleza, todo está determinado por la necesidad de la naturaleza divina de existir y producir un efecto de cierta manera.

 

-La voluntad, lo mismo que el entendimiento, es un cierto modo de pensar.

 

-Diremos ahora que la única razón de llamar a una cosa contingente es una falta de conocimiento de nosotros.

 

-Para demostrar ahora que la naturaleza no tiene fin alguno prescrito a ella y que todas las causas finales sólo son ficciones de los hombres, no serán necesarios largos discursos.

 

-Que el poder de Dios no es otra cosa que la esencia activa de Dios.

 

-El alma y el cuerpo, son uno solo y el mismo individuo que se concibe tan pronto bajo el atributo del pensamiento como bajo el de la extensión.

 

-En tanto el alma imagina los cuerpos exteriores no tiene de ellos conocimiento adecuado.

 

-La duración de nuestro cuerpo depende, pues del orden común de la naturaleza y de la constitución de las cosas, que este conocimiento es en nuestra alma extremadamente inadecuado.

 

-No puede, pues haber nada positivo en las ideas a causa de lo cual sean llamadas falsas.

 

-La fuerza, sin embargo, por la que cada uno persevera en la existencia, se sigue de la necesidad eterna de la naturaleza de Dios.

 

-La voluntad y el entendimiento son una sola y misma cosa.

 

-Esperar y soportar con alma igual uno y otro aspecto de la fortuna, puesto que todas las cosas se siguen del decreto eterno de Dios, con la misma necesidad que se sigue de la esencia del triángulo que sus tres ángulos equivalgan a dos rectos. Esta doctrina es útil en la vida social porque nos enseña a no odiar ni despreciar a nadie, a no burlarnos ni sentir cólera contra persona alguna, a no envidiar a los demás. Enseña también a cada uno a estar contento con lo que tiene, y ayudar a su prójimo, no por una piedad femenil, por parcialidad o superstición, sino sólo bajo el gobierno de la razón, es decir, según demanden el tiempo y la coyuntura.

 

-Nadie ha determinado hasta hora lo que puede el cuerpo.

 

-Esto demuestra bastante que el cuerpo puede únicamente por las leyes de su naturaleza ejecutar muchas acciones que causan asombro a nuestra alma.

 

-Nada está menos en poder de los hombres que contener su lengua y nada pueden hacer menos que dirigir sus apetitos.

 

-El alma padece solamente porque tiene ideas inadecuadas.

 

-Cada cosa, en tanto que es en sí, se esfuerza en perseverar en su ser.

 

-El deseo es el apetito con conciencia de sí mismo.

 

-El alma, en tanto que puede, se esfuerza en imaginar lo que acrecienta o secunda la potencia de obrar del cuerpo.

 

-El amor no es otra cosa que un gozo que acompaña la idea de una causa exterior, el odio es sólo una tristeza a que acompaña la idea de una causa exterior.

 

-La esperanza no es otra cosa que un gozo inconstante nacido de la imagen de una cosa futura o pasada cuyo resultado es tenido por dudoso. Por el contrario, el temor es una tristeza inconstante nacida igualmente de una cosa dudosa. Si se quita la duda de esas afecciones, la esperanza se convertirá en seguridad y el temor en desesperación.

 

-La opresión de conciencia, en fin, es la tristeza opuesta a la expansión de ánimo.

 

-El que imagina que lo que ama está afectado de tristeza, está afectado igualmente por ella, y esto tanto más cuando esta afección haya sido más grande en la cosa amada.

 

-Miramos también con estima  al que ha hecho bien a nuestro semejantes o nos indignamos contra el que les ha causado perjuicio.

 

-La envidia, que no es otra cosa que el odio mismo en tanto se le considera como disponiendo a un hombre a alegrarse del mal de otro, y a contristarse con su bien.

 

-Y así nos esforzamos en librar de su miseria a la cosa que nos inspire conmiseración.

 

-Nos esforzamos en procurar que sobrevenga todo lo que imaginamos conduce al gozo, por el contrario, nos esforzamos en alejar o destruir todo lo que imaginamos le es contrario o conduce a la tristeza.

 

-Nos esforzamos en hacer todo lo que imaginamos aman los hombres y han de ver con gozo.

 

-Amantes: queremos esperar y temer al propio tiempo; es de hierro el que ama con permiso de otro.

 

-Cuando amamos una cosa semejante a nosotros, nos esforzamos, cuando nos es posible, en conseguir que ella nos ame a la vez.

 

-La tristeza disminuye o reduce la potencia de obrar del hombre, es decir, el esfuerzo que realiza el hombre para perseverar en su ser.

 

-Llamamos buena las cosas que deseamos, por consiguiente llamamos mala la cosa que tenemos aversión.

 

-Que estamos dispuestos por naturaleza a creer fácilmente lo que esperamos, difícilmente aquello que sentimos miedo, y a hacer de ellos respectivamente demasiado o demasiado poco caso.

 

-Que no hay esperanza sin temor ni temor sin esperanza.

 

-La envidia es el odio mismo, es decir, una tristeza, en otros términos, una afección que reduce el esfuerzo de un hombre o su potencia de obrar.

 

-El deseo es la esencia misma del hombre en tanto es concebida como determinada a hacer alguna cosa por una afección cualquiera dada en ella.

 

-Entiendo, pues, por la palabra deseo, todos los esfuerzos, impulsos, apetitos y voliciones del hombre, que varían según la disposición variable de un mismo hombre y se oponen unos a otros cuando el hombre es arrastrado en diversos sentidos y no sabe a cuál inclinarse.

 

-El gozo es el paso de un hombre de una menor perfección a otra mayor.

 

-La satisfacción de sí mismo es un gozo nacido de que el hombre se considera a sí mismo y a su potencia de obrar.

 

-La humildad o la modestia es un deseo de hacer lo que agrada a los hombres y de no hacer lo que les desagrada.

 

-La ambición es un deseo inmoderado de gloria.

 

-Llamo impotencia a la impotencia del hombre para gobernar y reducir sus afecciones… cuyo poder sobre él es tan grande que le obliga a menudo a que, viendo lo mejor, haga lo peor.

 

-Por consiguiente, una afección sólo puede ser destruida o reducida por una afección contraria y más fuerte que ella.

 

-Que el principio de la virtud es el esfuerzo mismo para conservar el ser propio, y que la felicidad consiste en que el hombre pueda conservar su ser. Que la virtud debe ser apetecida por sí misma, y que no existe cosa alguna más valiosa que ella o que nos sea más útil, a causa de la cual debiera ser apetecida.

 

-Nada, pues, más útil al hombre que el hombre.

 

-Cuanto más nos esforzamos en buscar lo que es útil, es decir, en conservar nuestro ser, y más tenemos el poder de conseguirlo, más dotados estamos de virtud; y, por el contrario, en la medida en que emitimos conservar lo que es útil, es decir, nuestro ser, somos impotentes.

 

-No se puede, pues, decir que los hombres concuerdan en naturaleza en tanto están sometidos a las pasiones.

 

-Podemos, por consiguiente, concebir un dolor tal que, reduciendo el placer, le impida que sea excesivo y haga en esta medida que no disminuya la aptitud del cuerpo, en esto puede ser bueno el dolor.

 

-La avaricia, la ambición y la lujuria, son especies de delirio, aunque no se les coloque en el número de las enfermedades.

 

-El odio no puede ser nunca bueno.

 

-La risa, como también la chanza, es un puro gozo, por consiguiente, suponiendo que no sea excesiva, es buena por sí misma.

 

-Cuanto mayor el gozo que nos afecta, más grande es la perfección que conseguimos y más necesario que participemos de la naturaleza divina.

 

-El que vive dirigido por la razón, se esfuerza, en cuanto le es posible, en compensar con generosidad o amor, el odio, la cólera, o el menosprecio que otro tiene hacia él.

 

-Cuanto más nos esforzamos en vivir dirigidos por la razón, tanto mayores esfuerzos hacemos para no depender de la esperanza, librarnos del temor, dominar en lo posible la fortuna y dirigir nuestras acciones conforme  al seguro consejo de la razón.

 

-Y no podemos hacer `por el solo mandato de la razón más que aquello de que sabemos con certidumbre es bueno; la conmiseración es, por tanto, mala en sí misma e inútil en un hombre que vive dirigido por la razón.

 

-El contento de sí mismo es un gozo nacido de que el hombre considera su propia potencia de obrar. Pero la verdadera potencia de obrar del hombre o su virtud es la razón misma que el hombre considera clara y distintamente; el contento de sí mismo tiene, pues, su origen en la razón… no percibe más de lo que sigue su propia potencia de obrar; es decir, de su propia potencia de conocer.

 

-Y que sólo con gran trabajo podemos soportar una vida de oprobio.

 

-La humildad es una tristeza nacida de que el hombre considera su impotencia propia.

 

-El que se arrepiente de lo que ha hecho, es dos veces miserable o impotente. Porque el que la experimenta se deja vencer en primer lugar por un deseo malo, y después por la tristeza.

 

-El más alto grado de orgullo o de menosprecio propio es la más completa ignorancia de sí mismo.

 

-Como todos desean captarse los aplausos de la multitud, cada uno trata de rebajar el renombre de otro.

 

-Un hombre libre no piensa en cosa alguna menos que en la muerte, y su sabiduría es una meditación, no acerca de la muerte, sino de la vida.

 

-El hombre libre escoge la huida con la misma firmeza de alma o presencia de espíritu que el combate.

 

-Es pues, útil ante todo perfeccionar el entendimiento o la razón en cuanto nos sea posible; sólo en esto consiste la felicidad suprema  o la beatitud del hombre no es otra cosa que el contento interior, que nace del conocimiento intuitivo de Dios, y perfeccionar el entendimiento no es tampoco otra cosa que conocer a Dios y los atributos de Dios y las acciones que se siguen de la necesidad de la naturaleza.

 

-Los corazones no se vencen por medio de las armas, sino con amor y generosidad.

 

-El que se menosprecia está, sin embargo, muy próximo el orgullo.

 

-Los que saben el verdadero uso de la moneda, y arreglan la riqueza a la necesidad, viven contentos con poco.

 

-El que, por el contrario, dirigido por el temor hace el bien para evitar el mal, no está conducido por la razón.

 

-Que los pesares e infortunios tienen su principal origen en un amor excesivo hacia una cosa sometida a numerosos cambios y que no podemos poseer enteramente.

 

-La eternidad es la esencia misma de Dios en tanto envuelve la existencia necesaria.

 

-Por tanto, el alma tiene el poder de reducir los apetitos sensuales, precisamente a consecuencia de gozar del amor divino o la beatitud, y puesto que la potencia del hombre para reducir las afecciones consiste sólo en el entendimiento, nadie obtiene el goce de la beatitud por medio de los apetitos sensuales, sino que, por el contrario,  el poder de reducirlos nace de la beatitud misma.

 

 

 

 

 

 

Indagación del Bien

 
 Frases tomadas de Kitaro Nishida: Indagación del Bien. Barcelona: Editorial Gedisa,1995.
 
 
  Para conocer una cosa debemos amarla y para amar una cosa debemos conocerla. Los artistas al amar la naturaleza, al unirse con ella y al sumergir su yo en ella pueden penetrar la verdad de la naturaleza.
 
 
 La verdadera felicidad es en realidad algo que se obtiene mediante la realización de los ideales. Los griegos consideraron que lo bueno y lo bello eran idénticos. Por eso Boehme dijo que el cielo está en todas partes: el cielo está donde uno se halla o adonde uno vaya:
en virtud de la más profunda vida interior uno llega a Dios.