Contaron que no poseía un botón de apagado de tanto que hablaba, aunque no creo que le haya causado extrañeza la acusación de impiedad de Sócrates quien prefirió beber la cicuta antes que violar la ley de la ciudad. La soledad del poder apareció ante una decisión difícil cuando otro enunció una rendición imposible, y se asumió la traición y las consecuencias devastadores iniciales, a pesar de haber despejado el camino en el horizonte.
Rompió una mujer con su esposo un pacto del pasado de los hermanos para nacer lo nuevo uniéndose al coro de las paridoras y de las estirpes festivas, pues todavía un niño huérfano extranjero explora el mundo de la calle y una niña se observa desde el espejo del inquilinato donde vive, recibe regalos de las vecinas mayores y la despachan para ir a la escuela. No importa el hongo de fuego que hoy se cierne por una guerra con un sol que calcina cuando queda una risa que celebra la vida.
Descubre más desde DIALOGOS
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.