Rubicón de Tom Holland (fragmentos)

Apareció también otra señal: un enorme dragón rojo con siete cabezas y diez cuernos, y en las cabezas siete coronas; con su cola barre la tercera parte de las estrellas del cielo, precipitándolas sobre la tierra.

Apocalipsis 12 3,4.

-Los soldados de la 13  aguzaron el oído. No estaban acostumbrados a esperar. Habitualmente cuando se avecinaba una batalla, solían moverse y atacar como un rayo.

– Para César era el momento de la verdad. Podía someterse a la ley, abandonar su mando y ver cómo se acaba su carrera o podía cruzar el Rubicón.

– No es que le sirviera de mucho a Tarquino. En el 509 a J. C sucumbió a un golpe palaciego. Roma había sido gobernada por reyes durante más de doscientos años, pero Tarquino, el séptimo de la dinastía , sería también el último.

– La república no era como los demás estados. Mientras que las ciudades de los griegos sufrían repetidas guerras civiles y revoluciones, Roma era inmune a esos desastres. Ni una sola vez, a pesar de todos los trastornos sociales del primer siglo de la existencia de la República, se había derramado en sus calles la sangre de sus propios ciudadanos. El negocio público -res publica- era lo que significaba república. Sólo al verse reflejado en la mirada de los conciudadanos podía un romano reconocerse como hombre.

– Como heredero del trono de Alejandro Magno, el rey del país había dado por hecho que podía ser tan soberbio como quisiera. A pesar de repetidos y dolorosos encuentros con los ejércitos de la República, nunca se deshizo por completo de esa asunción y en el 168 a. J.C. los romanos perdieron definitivamente la paciencia. Roma abolió la monarquía, primero dividió Macedonia en cuatro repúblicas títere, y después, en el 148, completando la transformación pacificadora a potencia ocupante, pasó a gobernar directamente el territorio.

– Un ciudadano se definía a sí mismo por su asociación con los demás, con los que compartía alegrías y penas, ambiciones y miedos, festivales, elecciones y la disciplina de la guerra. Como una urna que cobraba vida por la presencia de un dios, el tejido de una ciudad se convertía en sagrado por la vida comunal que cobijaba en su seno.

– Pero un clima templado no era el único que los previsores dioses habían otorgado a los romanos. Contaban con colinas fácilmente defendibles, con un río que les daba acceso al mar, y con manantiales y frescas brisas que mantenían sanos los valles.

– En Roma, los recuerdos se guardaban celosamente.

– En el 367 a. J. C se aprobó una ley que permitía a cualquier ciudadano presentarse a ser elegido para los más altos cargos de Estado, derecho que hasta entonces se había arrogado en exclusiva a los patricios.

– Ni siquiera los ciudadanos más pobres querían cambiar la sociedad, sino sólo que les fuera mejor e ella. la desigualdad era un precio que los ciudadanos pagaban a gusto por su sentido de la comunidad.

– Uno de esos cargos reservados a los plebeyos, el tribunado, ofrecía inmensas oportunidades para el lucimiento personal.

– Los romanos al parecer no habían sido el único pueblo que había recibido la visita de la Sibila.

– Durante tres años, los cartaginenses resistieron a pesar de la abrumadora superioridad del enemigo y, en las últimas etapas del asedio, contra la dirección militar del mejor soldado de Roma, Escipión Emiliano. Al fin en el 146, la ciudad fue tomada al asalto, despojada de todos sus tesoros e incendiada. El infierno duró diecisiete días. Sobre las arrasadas y humeantes ruinas, los romanos decretaron un edicto según el cual, bajo la pena de muerte, se prohibía que nadie volviera e edificar en aquel lugar.

– Pérgamo demostró que sí se podía gestionar de forma efectiva el cobro de impuestos y que, de hecho, era una oportunidad asombrosa de conseguir beneficios, y de un modo relativamente sencillo.

– Las minas que Roma arrebató a Cartago más de un siglo atrás se entregaron a los publicani, que empezaron a explotarlas con su estilo habitual. Una sola red de túneles podía extenderse a lo largo de más de 250 kilómetros cuadrados y emplear hasta cuarenta mil esclavos, que trabajan en una verdadera muerte en vida. Sobre el pasaje , tan lleno de agujeros que parecía atacado de viruela, siempre se elevaba una cortina de humo que salía de las fundiciones a través de chimeneas gigantes, un humo tan cargado de agentes químicos que quemaba sobre la piel desnuda y la volvía blanca, tan tóxico que los pájaros que intentaban cruzar sus columnas morían inmediatamente. El poder romano se expandía, y a poco distancia de su vanguardia se veían las nubes de gas.

– Para asegurarse de que la lealtad que le mostraban las ciudades griegas fuera irresistible, Mitríades les escribió ordenándoles la masacre de todo romano e italiano que hubiera quedado en Asia. Los griegos cumplieron sus órdenes con un salvaje placer. La atrocidad fue todavía más terrible por el secreto con el que se preparó y por la perfecta coordinación de los ataques. Las víctimas fueron reunidas y masacradas por asesinos profesionales, cortadas a tajos mientras se aferraban a estatuas sagradas, o asaeteadas mientras intentaban huir nadando en el mar.

-Para los italianos , el desvencijado nuevo estado no fue desde el momento sino  la segunda mejor opción, siendo la segunda mejor opción convertirse en ciudadanos de Roma… A principios de la Guerra, tras la derrota del principal ejército romano en Italia Central, los supervivientes se vieron forzados a una resistencia desesperada contra hombres tan bien armados y entrenados como ellos. A lo largo de todo el verano del 90 a. J.C libraron una sangrienta guerra de trincheras que hizo que el frente de los rebeldes retrocediera lentamente hasta que cuando se acercaba el tiempo de la cosecha, y con él , el final de la temporada de campaña, se dispusieron al enfrentarse al enemigo una vez más. Pero cuando los ejércitos se pusieron frente a frente, los soldados de ambas partes comenzaron a reconocer a amigos, a llamarse unos a otros, y luego depusieron las armas.

– Rodas era desde hacía tiempo el puerto de almacenaje y distribución más importante del Mediterráneo oriental, y , al castigarla, los romanos demostraron que podían jugar con la economía con el mismo devastador efecto que conseguían poniendo a sus legiones en el campo de batalla. Abrieron un puerto libre en la isla de Delos y se lo ofrecieron a Atenas. En consecuencia, Rodas vio cómo sus beneficios se hundían y Atenas se enriqueció.

– Habitualmente no se permitía a ningún ciudadano que portara armas pasar por la ciudad. Sila fue el primer general en dirigir un ejército romano contra su propia ciudad en 421 años de historia de la República.

– Craso había viajado hasta España, donde el mandato de su padre como gobernador había resultado tremendamente lucrativo. Incluso  mientras se escondía en una remota playa, el fugitivo se permitió vivir a lo grande, con sus sirvientes llevándole comida y esclavas núbiles a su cueva. Entonces, tras varios meses subsistiendo en tales condiciones, las noticias de la muerte de Cinna le animaron a reclamar todo el patrimonio que le habían arrebatado a la familia.

– A diferencia de Craso, Pompeyo no tenía ninguna enemistad personal con el régimen de Mario. Antes de la llegada de Sila se le había visto husmeando alrededor del campamento de Cinna. Evidentemente el espectáculo de su colapso y motín le debío convencer de que sería mejor pasarse al bando de Sila. Pompeyo tenía olfato para descubrir donde se hallaban las mejores oportunidades.

– Cuando los Samnitas aparecieron a la vista de las murallas de Roma, su comandante les ordenó arrasar la ciudad por completo: ” Creéis que esos lobos que han atacado tan terriblemente las libertades de Italia desaparecerán si no se destruye el bosque que los cobija? ”

– Era muy típico de la República que el mayor privilegio que concedía a uno de sus conciudadanos era someterse al voto de los colegas y ganar todavía más gloria.

– En la extensión llana y abierta del campo de Marte sólo se elevaban unas pocas estructuras. Una de ellas, la de mayor tamaño, era un recinto lleno de barreras de madera que formaban pasillos, una estructura similar a la que se usa para encerrar al ganado. Los romano la llamaban el Ovile, redil. Allí era donde se celebraban las elecciones a las magistraturas.Los votantes pasaban a través de pasillos en bloques separados. La naturaleza de la República era regocijarse en la complejidad, así que la organización de esos bloques cambiaba de forma muy confusa de una elección a otra.

– Y allí fue también donde Sila, tras la batalla de puerta Colina, ordenó que se llevara a los prisioneros samnitas a la Villa pública. Fueron encerrados tras los arcos del edificio central, un salón de actos de dos pisos cuyas salas eran lo menos indicado para servir de celdas para prisioneros de guerra.

– Al final, sin embargo cuando Craso añadió a la lista de proscritos el nombre  de un millonario que era obviamente inocente, dejó que su avaricia le llevara demasiado lejos y Sila perdió la paciencia.

– Décadas más tarde todavía seguían lamentando la pérdida del antiguo edificio, consagrado por los héroes históricos de la República, y se quejaban que ” su ampliación parecía haberla encogido”.

– “Metrobio, el travesti, había conocido mejores tiempos, pero Sila nunca dejó de insistir en que de todos modos seguía enamorado de él”.

– Los políticos capaces de convencer a sus colegas senadores de que esa rectitud no era sólo fantasía adquirieron considerable prestigio. La severidad y la austeridad eran temas que seguían dando réditos políticos.

– Su gesta más dandi de César fue encargar una villa  en el campo para luego, justo cuando se había acabado de construir echarla abajo porque no alcanzaba sus exigentes expectativas… Sus enemigos más astutos  se dieron cuenta que a pesar de que no se perdía una juerga y de que se marchaba siempre el último de la fiesta, jamás llegaba al punto de jugarse la salud. De hecho, sus hábitos alimenticios eran tan frugales como los de Catón y raramente bebía alcohol. Aunque sus apetitos sexuales eran notorios, ponía mucho cuidado en la elección de sus parejas, en la que mostraba una cautela fría y calculadora. Cornelia, su mujer, había  muerto en el 69 a. J.C, y César , en busca de una nueva esposa, se había fijado en Pompeya, nada menos que la hija de Sila.

-No sólo era que Craso anduviera maquinando cómo colocar a en el consulado alguien a quien pudiera manejar. Catalina tenía otras ventajas. Era popular en las fronteras más sórdidas de la vida política: entre las bandas de delincuentes de clase alta que se peleaban en Subura; en los salones de las mujeres disolutas e intrigantes. Para el abstemio Craso, ex cónsul, ése era un mundo al que no podía llegar, a pesar que Cicerón le aguijoneara que bailaría en el Foro si con ello podía ganarse una herencia. Puede que así fuera, pero mientras Craso tuviera a Catalina bajo su égida,  pescando en las turbias aguas del submundo, estrechando manos en los salones y tramando intrigas en los bares que estaban abiertos hasta altas horas, era la dignidad de éste, y no de su amo la que estaba en juego.

– Al igual que César al presentarse a pontifex máximum, Catalina lo había apostado todo a una sola jugada. Había apostado a que le sería posible ser Jano y enseñarle una cara a la élite senatorial y ecuestre, y otra a los pobres, los endeudados, los desposeídos. Había perdido.

– Parecía que la misma República estaba en peligro. Ese era el grito que desde siempre había unido a la aristocracia contra los demasiados ambiciosos y también lo hizo en esa ocasión . Cátulo, el principal crítico de la inconstitucional carrera de Pompeyo, había muerto poco después muerto del juicio de Clodio, quizá empujado a la tumba por el disgusto que le causó el resultado, pero Catón seguía siendo un firme defensor de la tradición y estaba más que dispuesto de arremeter contra Pompeyo.

” Desde el primer momento, el plan de Pompeyo ha sido saquear el mundo entero, y también los mares, agitar los reyes bárbaros frenéticamente, desembarcar en nuestras costas italianas a salvajes armados y movilizar enormes ejércitos. Aquí de puño y letra de uno del portavoz más elocuente de la República, se hallaba un eco de las profecías pronunciadas al menos un siglo antes. Las elucubraciones de Pompeyo se habían contagiado de una fiebre apocalíptica que era endémica entre los pueblos de Roma. ¿ No había predicho la Sibila que Italia sería violada por sus propios hijos? ¿ Y no había dicho el propio Mitrídates que un gran monarca armado con el dominio del mundo emergería de Oriente?

– Alejandría era la muestra de lo que podía lograr un rey. Pero no un rey cualquiera.

– Y Cleopatra interpretaba el papel de faraón con solemne seriedad. Era la primera reina griega que hablaba egipcio. Durante la guerra contra su hermano había acudido en busca de apoyo no a Alejandría, sino a sus súbditos nativos en las provincias.

– Cicerón era dolorosamente consciente de que no lo había hecho bien en la guerra, y el haber aceptado el perdón de César había confirmado su reputación de chaquetero.

– Claramente los diez años de dictadura de César iban a transformar la apariencia de Roma para siempre. Una ciudad que siempre había expresado sus antiguas libertades a través de su caótica apariencia pronto cambiaría radicalmente, pronto parecería griega. Y , en concreto, se parecería a Alejandría.

– César que ya estaba casado, se había negado a reconocer a su hijo bastardo, pero Cleopatra sin dejarse  intimidar lo más mínimo, se había jactado de lo obvio llamando al bebe Cesarión. naturalmente, Roma se escandalizó… En agosto del 45, cuando César regresó por fin a Italia, se apresuró a recibirlo. Los dos pasaron unos lujosas vacaciones en el campo. Hasta Octubre, César no regresó finalmente a Roma.

Y ahí, para los preocupados romanos , estaba el problema. A finales del 45 a. J.C , el senado anunció que, en adelante, César debía ser honrado como divus Julius: el dios Julio ¿ Quién podía dudar ahora que trataba de quebrantar el más sagrado de los tabúes y ceñirse una corona sobre las sienes?

– Roma ya no era una polis de ciudadanos unidos por una serie de principios y obligaciones compartidos, sino que se había convertido en una anarquía de caza recompensas donde sólo podían sobrevivir los crueles y los fratricidas.

– Octaviano tuvo que enfrentarse a una decisión trascendental. O bien seguía pisoteando las tradiciones de la ciudad y ejercía el poder sin tapujos, con la fuerza de su espada, como un caudillo  a imagen de su padre o como un dios al igual que Antonio, o bien optaba por reinventarse como heredero de la tradición. Al convertirse en ”  Agusto” su elección estaba clara.

¿ Que es lo que paso del tiempo, sediento de sangre, jamás arrastra consigo? la generación de nuestros padres, peor que la de sus padres, ha dado a la luz a la nuestra, aún peor, y pronto nosotros tendremos hijos aún más depravados.