La simulación en el Paraíso

” La simulación en el Paraíso”.

Juan Carlos Mayor.

 

 

 

 Desde el momento de nuestro nacimiento comenzamos a socializarlos con las normas sociales que brinda la cultura, y sabemos que la ruptura de éstas, en términos como lo plantea el sociólogo Durkheim, produce una coacción social para su pronto restablecimiento. Así, el respeto de las buenas maneras, el embellecimiento de nuestra presentación personal, las mentiras piadosas, el ocultar la verdad, y el darse la mejor forma de uno mismo son consistentes con la vida en sociedad, y tal vez lo más importante, son las formas de suavizar los conflictos sociales y de convivir con ellos, a pesar que expresen claras formas de injusticia social  o de dominación social.

 

La María de Jorge Isaac expresa antes que nada un drama amoroso. El narrador en una bella prosa poética comenta la pérdida de un paraíso perdido, de la mujer amada que se confunde con una naturaleza que evoca el Valle del Cauca, e incluso sabemos que Efraín, el gran amante de María ha muerto, pues el libro es dedicado a los hermanos de éste, y de antemano el lector debe enfrentarse  a una pérdida, que en la misma  la dedicatoria lo menciona: “lo que aquí falta tú lo sabes, podrás leer hasta lo que mis lágrimas han borrado”.[1]  De esta forma, no  se puede leer la María pensando  en el arrepentimiento de Efraín por seguir las normas de la sociedad patriarcal ,que llevan  a la muerte de su amada, pues éste sigue incólume con los mismos valores sin cuestionar los valores de dicha sociedad.

 

Todo lo contrario, el discurso que marca el narrador de la novela oculta cualquier conflicto social. De tal manera, resalta el drama amoroso, pero hechos que debieron producir una conmoción en la época como la liberación de esclavos en 1851, bajo el gobierno de José Hilario López, no se reflejan en la obra. De todos modos, el paraíso se desvanece por la ruina de la Hacienda por los negocios del padre con el señor x, que a la postre  obliga a Efraín a seguir los dictámenes del padre e ir a estudiar medicina al exterior, para asegurar la posición familiar en la sociedad, así el costo sea abandonar a su amada.

 

Si las guerras religiosas han sido una constante de la humanidad, pues implican diversas concepciones de mundo y las creencias más arraigadas dentro de los humanos, el narrador de la novela logra presentar las conversiones al cristianismo de algunos personajes de la novela con la mayor naturalidad posible. Sabemos que Esther es rebautizada con el nombre de María, y el mismo padre de Efraín se ha convertido para casarse con una cristiana.  En el relato de amor de Sinar y Nye, intercalado en medio de la historia principal, nos enteramos que los dos son bautizados en el cristianismo, y después que Nye llega como esclava al Valle del Cauca se convertirá en Feliciana,  la niñera de Efraín. Es decir, que a pesar que existe un abandono cultural de las creencias más profundas, existe la libre aceptación de la religión cristiana como la redentora. Salomón acepta la conversión de su hija, ya que: “las cristianas son dulces y buenas, y tu esposa debe ser una santa  madre. Si el cristianismo da en las desgracias supremas el alivio que tu me has dado, tal vez yo haré desdichada a mi hija dejándola judía”.[2]   Feliciana acepta  la religión cristiana antes de su llegada, con lo cual le hará mas fácil acomodarse al orden social impuesto, a pesar que sólo en su hora de la muerte sus amos se recuerdan de darle una vida más digna.

 

Dentro de la novela, podemos decir que se configura el paraíso a través del recuerdo del narrador por la belleza, la pureza y los instintos maternales de María, por la naturaleza del valle del Cauca que rememora a su amada, y por todo un cuadro social folklorizado que acepta los principios de la religión católica y los valores del matrimonio como los principales ejes de la felicidad humana. En el matrimonio de Bruno y Remigia, Efraín recuerda: “pero las finas voces de los negritos entonaban los bambucos con maestría tal. Había en sus cantos tan sentida combinación de melancólicos, alegres y ligeros acordes; los versos que cantaban eran tan tiernamente sencillos, que el más culto dilettante hubiera escuchado en éxtasis aquella música semisalvaje”. [3] De esta forma, en la novela se dejan entrever los conflictos sociales de la época, pero la narración misma se impide la aparición de  otras voces que cuestionen la visión predominante del narrador.

 

Las simulaciones se dan a todo lo largo de la obra, por los mismos indicios sabemos que la verdadera razón de la inconveniencia del matrimonio entre María y Efraín no obedezca a la enfermedad que ésta a heredado de la madre, sino del mismo cálculo del padre que desea convertir a Efraín en el caballero que reemplace el nombre y la estirpe de la familia, y no siga con los juegos de enamorados con su prima. El mismo Doctor Mayn confiesa a la madre de Efraín que María no tiene la misma enfermedad mortal de la madre, y si los padres de Efraín aceptan finalmente el matrimonio de su hijo con María se debe a que éste es capaz de arrostrarlo todo, por lo cual recibe la promesa de casarse con María, después de pasar cinco años en Londres en sus estudios de Medicina, pero a su vez Efraín debe aceptar guardar el decoro, y comportarse sin verbalizar sus compromisos amorosos con María.

 

“En recompensa de todo lo que te concedemos- dijo volviéndose a mi madre debes prometernos lo siguiente: no hablar a María del peligro que la amenaza, ni revelarle nada de lo que esta noche ha pasado entre nosotros. Debes saber también mi opinión sobre tu matrimonio con ella si su enfermedad persistiere después de tu regreso a este país… pues vamos pronto a separarnos por algunos años; como padre tuyo y de María, no sería de aprobación ese enlace… Mi padre se paseó algunos momentos por el cuarto. Creyendo yo concluida nuestra conferencia, me puse en pie para retirarme; pero él volviendo a ocupar su asiento e indicándome el mío, reanudó su discurso así:

– Hace cuatro días que recibí una carta del señor M pidiéndome la mano de María para su hijo Carlos.[4]

 

Sin embargo, a pesar de los compromisos hechos entre las partes, El padre incumple lo prometido, pues ofrece a Carlos a María, con lo cual desmiente en cierta forma la enfermedad de María y el respeto del amor de su hijo por ella. O cabe también la posibilidad, que no le importará el desenlace de la enfermedad de María con otro pretendiente, diferente a su hijo.

 

María misma se siente traicionada al escuchar la propuesta de Matrimonio de Carlos por parte de la madre de Efraín, pues solamente Emma, su hermana, no sabe: todos, todos lo han consentido! pues yo digo-agregó con voz enérgica a pesar de sus sollozos-, digo que antes de consentir en eso me moriré.[5] Y si Efraín que escuchaba entre bambalinas pudo darse cuenta del amor de María, también escucha el espíritu de resignación de María quien dice: yo hago cuanto quieran.[6]

 

Posteriormente, Efraín se niega a expresarle los verdaderos sentimientos que siente por María a su amigo Carlos, y se niega a acompañar a su amada a la hora que debe enfrentar la negativa  del nuevo pretendiente , quien además es ridiculizado, pues no puede cazar un pequeño venado, ya que Braulio le ha quitado anteriormente los balines a su escopeta . Ante la negativa de María de casarse con Carlos, la tristeza del padre no podía ser más desoladora: “¿es decir no quieres casarte nunca?…Será mejor que ese buen mozo que has desdeñado… ¿crees que eres muy linda?- Yo no señor, y después de una reflexión del padre, le oyó decir: –  pobre Salomón[7].

 

Y ante la franqueza estudiantil de Carlos,  quien se atreve a verbalizarle la falta de sinceridad de su amigo por no manifestarle  el amor  por María, Efraín, ante los hechos, le  confiesa la posible enfermedad de María heredada de su madre, que la podría llevar a la tumba, pero a pesar de la tristeza de saber que esto podría ocurrir, finalmente, desaparece el resentimiento con su amigo.

 

En cierta forma, Efraín se presenta como una impostura, en la novela se presenta como un héroe que a altas horas de la madrugada sale en búsqueda del doctor Meyn para salvar a su amada: – Estas no son ocupaciones de enferma, ¿no es verdad? pero ya estoy buena. Espero no volver a ocasionarte un viaje tan peligroso como el de anoche.

– En ese viaje no ha sido tan peligroso-le respondí.

– El río, sí, el río! yo pensé en eso y en tantas cosas que podían suceder por causa mía.[8]

 

En la  caza del tigre  Efraín se presenta como el héroe que logra salvarle la vida a Braulio, y frente a la presentación de las pieles:”Extendida en el patio la grande y aterciopelada piel, las mujeres intentaron exhalar un grito; más al rodar la cabeza sobre la grama, no pudieron contenerse.

– ¿pero cómo lo mataron? cuenten…Entonces José, tomando la cabeza del tigre entre las dos manos, dijo:

– el tigre iba a matar a Braulio cuando el señor (señalándome) le dio ese balazo.[9]  

 

Pero frente a los actos heroicos queda la enorme desazón de lo poco que hace este hombre ante María, que se entrega toda por él, para sólo seguir los designios del padre:

 

Los gastos que el resto de tu educación me cause, en nada empeorarán mi situación, y una vez concluida mi carrera, la familia cosechará abundante fruto de la semilla que voy a sembrar…creo que tienes el noble orgullo necesario para no pretender cortar lastimosamente lo que tan bien has empezado.

 

Y Efraín responde: – Haré cuando esté a mí alcance…haré cuanto pueda para corresponder a lo que usted espera de mí[10].

 

Aunque podría ser una decisión apresurada decir que Efraín no merecía el amor de María, y por ello decir que ella muere, siempre quedara el recuerdo para revivir los paraísos perdidos y para soñar con una mujer que un día nos amo, pero ya no existe.

 

Bibliografía

 

María. Jorge Isaac. Bogotá, Editorial Planeta, 1988.

 

Francoise Perus. De selvas y selváticos. Bogotá: Editorial Plaza y Janés, 1998.

 

Jaime Mejía Duque. Isaac y María. El hombre y su novela. Bogotá: la carreta, 1978.


[1] María. Jorge Isaac. Bogotá, Editorial Planeta, 1988, p 3

 

[2]Ibid, p12

[3]Ibid, p.10.

[4]Ibid, p28

[5]Ibid,p65

[6]Ibid.p66

[7]Ibid,  p74 y75.

[8]Ibid, p 25.

[9]Ibid, p49.

[10]Ibid,p112.