Gaia

La historia de la tierra está en la misma tierra antes que en un libro sagrado, a pesar de lo que pueda pensar media humanidad. Con todo, las culturas la reconocen símbolo de protección y fertilidad. Tal vez  se desconoce los millones  años de su evolución, las fuerzas titánicas del exterior y del interior que la han determinado para confirmar el fenómeno de la vida con su atmósfera, sus grandes océanos y sus tierras templadas. Así, los sapiens que salieron del África a poblarla corresponden a sus últimos minutos de su calendario y en medio de las placas tectónicas que siguen moviéndose y de volcanes que rugen existe un modo de embellecer los paisajes con ríos majestuosos de agua dulce, de recuperar desiertos para que nuevamente las plantas germinen y de cultivar árboles y sostener selvas para climas menos secos, contener la furia de huracanes y monzones, de glaciares que se derriten y montañas que caen.

 

Existe forma de escapar del mito? Igual, también se puede ir más allá de los sueños para saber que todo puede ser diferente a las tragedias de Shakespeare, convencido que no nos escuchemos los unos a los otros.  La ciencia no debe integrar el lenguaje de lo sensible al lenguaje del concepto? Los Nambikuaras expresan una ternura en medio de su melancolía y los niños Wanan realizan procesos complejos de abducción. La ciencia funciona con anomalías, con sus revoluciones rompe la idea que es una bolsa que se acumula , el mismo principio de proliferación se vuelve fructífero y la imaginación sirve para descubrir y quizás incluso cambiar las propiedades del mundo en que vivimos. El físico con la ecuación matemática encuentra el misterio del Universo y el Nasa-Kiwe se arrodilla en veneración al rayo que divide el cielo.

 

Una barca  con un tripulante  toca su madera mientras en la noche las estrellas bailan su danza, un niño encaramado zarandea el palo de guayabas y lo rodea la inmensidad de bosque de pinos con su olor a eucalipto mientras en un estanque salta el batracio.  La sincronización de un pedaleo  y de fuerzas en una vuelta a la isla en silencio con una  lluvia sabor salobre y el ritmo de unas olas de mar.  La lentitud de los biorritmos  para saltar fuera de la caja en una casa en la montaña con playa con sombreros que invitan a pensar. El blanco de los hechos, el rojo de las emociones, el negro de lo negativo, el verde de las alternativas, el amarillo de la visión y el azul que desde arriba controla la orquesta.