la conquista de la felicidad


 

 Bertrand Rusell. La Conquista de la Felicidad. Barcelona: Mondadori, 2003.

 

Nota  aclaratoria: He tomado algunas frases de Rusell que me parecieron resumir las ideas principales del  libro. En general, es aproximarse al tema de la felicidad desde otra mirada.

 

He descubierto cuáles eran las cosas que más deseaba, y poco a poco, he ido adquiriendo muchas de esas cosas. En parte se debe a que he logrado prescindir de ciertos objetos de deseos que son absolutamente inalcanzables. Pero principalmente se debe a que me preocupo menos por mí mismo.

 

Poco a poco aprendí a ser indiferente a mí mismo y a mis deficiencias; aprendí a centrar la atención, cada vez más, en objetos externos. El estado del mundo, diversas ramas del conocimiento, individuos por los que sentía afecto.

 

Y todo interés externo inspira alguna actividad que, mientras el interés se mantenga vivo, es preventivo completo del aburrimiento.

 

La disciplina externa es el único camino a la felicidad para aquellos desdichados cuya absorción en sí mismos es tan profunda que no se pueden curar de ningún modo.

 

Todo éxito verdadero en el trabajo depende del interés auténtico por el material relacionado con el trabajo.

 

El hombre cuyo único interés en el mundo es que el mundo le admire tiene pocas posibilidades de alcanzar su objetivo.

 

El megalómano se diferencia del narcisista en que desea ser poderoso antes que encantador, y prefiere ser temido a ser amado. A este tipo pertenecen muchos lunáticos y la mayoría de los grandes hombres de la historia. El afán de poder, como la vanidad, es un elemento importante de la condición humana normal, y hay que aceptarlo como tal; sólo se convierte en deplorable cuando es excesivo o va unido a un sentido de realidad insuficiente.

 

La embriaguez, por ejemplo, es un suicidio temporal; la felicidad que aporta es puramente negativa, un cese momentáneo de la infelicidad.

 

Las personas que son desdichadas, como las que duermen mal, siempre se enorgullecen de ello.

 

El sabio será todo lo feliz que permitan las circunstancias, y si la contemplación del universo le resulta insoportablemente dolorosa, contemplará otra cosa en su lugar.

 

¡ oh , amor! Qué injustos son contigo los que dicen que tu dulzura es amarga, cuando los ricos frutos son de tal manera que no puede existir nada tan dulce.

 

El amor hay que valorarlo porque acentúa todos los mejores placeres, como el de la música, el de la salida del sol en las montañas y el del mar bajo la luna llena. Un  hombre que nunca haya disfrutado de las cosas bellas en compañía de la mujer que ama, no ha experimentado plenamente el poder mágico del que son capaces dichas cosas. Además, el amor es capaz de romper la dura concha del ego, ya que es una forma de cooperación biológica en la que se necesitan emociones de cada uno para cumplir los objetivos instintivos del otro.

 

El hombre depende de la cooperación, y la naturaleza le ha dotado, es cierto que no del todo bien, con el aparato instintivo del que puede surgir la cordialidad necesaria para la cooperación.

 

El amor verdadero es un fuego perdurable que arde eternamente en la mente. Nunca enferma, nunca muere, nunca se enfría, nunca se niega a sí mismo.

 

Probablemente, el hombre no tiene amigos que le importen de verdad, aunque hay muchas personas con las que finge una cordialidad que le gustaría sentir.

 

Para ser feliz, el hombre de negocios estadounidense tiene antes que cambiar de religión. Mientras no solo desee el éxito, sino que esté sinceramente convencido de que el deber  de un hombre es perseguir el éxito y que el hombre que no lo hace es un pobre diablo, su vida estará demasiado concentrada y tendrá demasiada ansiedad para ser feliz.

 

Por mi parte, lo que me gustaría obtener del dinero es tiempo libre y seguridad. Pero lo que quiere obtener el típico hombre moderno es más dinero, con vista a la ostentación, el esplendor y el eclipsamiento de los que hasta hora han sido sus iguales.

 

Además, a los cerebros se les mide por el dinero que ganan. Un hombre que gana mucho dinero es un tipo inteligente; el que no lo gana, no lo es. A nadie le gusta que piensen que es un tonto. Por tanto, cuando el mercado está inestable, el hombre se siente como los estudiantes durante un examen.

 

Tampoco niego que el dinero, hasta cierto punto, es muy capaz de aumentar la felicidad; pero más allá de ese punto, no creo que lo haga. Lo que sostengo es que el éxito únicamente puede ser un ingrediente de la felicidad, y saldrá muy caro si para obtenerlo se  sacrifican los demás ingredientes.

 

Hombres y mujeres parecen incapaces de disfrutar de los placeres más intelectuales. El arte de la conversación general, por ejemplo, llevado a la perfección en los salones franceses del siglo XVIII, era una tradición viva hace cuarenta años. Era un arte muy exquisito, que ponía en acción las facultades más elevadas para un propósito completamente efímero.

 

Las personas cuyo concepto de la vida hace que sientan tan poca felicidad que no les interesa engendrar hijos están condenadas. No tardarán en ser sustituidas por algo más alegre y festivo.

 

Y al final la desaparición de la estirpe por esterilidad. No es solo el trabajo lo que ha quedado envenenado por la filosofía de la competencia; igualmente envenenado ha quedado el ocio. El tipo de ocio tranquilo y restaurador de los nervios se considera aburrido. Tiene que haber una continua aceleración, cuyo desenlace natural será las drogas y el colapso. El remedio consiste en reconocer la importancia del disfrute sano y tranquilo de vida equilibrado.

 

Las guerras, los pogromos y las persecuciones han formado parte de las vías de escape al aburrimiento; incluso pelearse con los vecinos era mejor que nada. Así pues, el aburrimiento es un problema fundamental para el moralista, ya que por lo menos la mitad de los pecados de la humanidad se cometen por miedo a aburrirse.

 

Así pues, para llevar una vida feliz es imprescindible cierta capacidad de aguantar el aburrimiento, y esta es una de las cosas que se debería enseñar a los jóvenes.

 

El ritmo de la vida de la tierra es lenta; el otoño y el invierno son tan imprescindibles como  la primavera y el verano, el descanso es tan imprescindible como el movimiento.

 

Una vida feliz tiene que ser, en gran medida, una vida tranquila, pues sólo en un ambiente tranquilo puede vivir la auténtica alegría.

 

Lo que para el empleado es el miedo al despido, para el jefe es el miedo a la bancarrota. Es cierto que algunos son lo bastante grandes para estar por encima de este miedo, pero, por lo general, para alcanzar una posición tan elevada han tenido que pasar años de lucha agotadora, durante los que tuvieron que esforzarse para estar al corriente de lo que ocurría en todas las partes del mundo y frustrar las maquinaciones de sus competidores.

 

El sabio solo piensa en sus problemas cuando tiene algún sentido hacerlo; el resto del tiempo piensa en otras cosas o, si es de noche, no piensa en nada.

 

No hay nada tan agotador como la indecisión, ni nada tan estéril.

 

Nuestros éxitos y fracasos, a fin de cuentas, no importan gran cosa. Se puede incluso sobrevivir incluso a las grandes penas; las aflicciones que parecía que iban a poner fin a la felicidad para toda la vida se desvanecen con el paso del tiempo hasta que resulta casi imposible recordar lo intensas que eran. Pero por encima de estas consideraciones egocéntricas está el hecho de que el ego de una persona es una parte insignificante del mundo. El hombre capaz de centrar sus pensamientos y esperanzas en algo que trascienda puede encontrar cierta paz en los problemas normales de la vida, algo que le resulta imposible al egoísta puro.

 

La preocupación es una modalidad de miedo, y todas las modalidades de miedo provocan fatiga. Al hombre que ha aprendido a no sentir miedo le disminuye enormemente la fatiga de la vida cotidiana.

 

Toda forma de valor, tanto en hombres como en mujeres, debería ser tan admirada como lo es la valentía física en un soldado. El hecho de que el valor físico sea tan corriente entre los varones jóvenes demuestra que el valor se puede desarrollar en respuesta a la opinión pública que lo exige. Si hubiera más valor, habría menos preocupaciones y, por tanto, menos fatiga; Y es que una gran proporción de las fatigas nerviosas que sufren en la actualidad hombres y mujeres se debe a los miedos, conscientes o inconscientes.

 

La persona envidiosa no solo desea hacer daño, y lo hace siempre que puede con impunidad; además, la envidia la hace desgraciada. En lugar de obtener placer de lo que tiene, sufre por lo que tiene los demás. Si puede, privará a los demás de sus ventajas, lo que para él es tan deseable como conseguir esas ventajas para sí mismo.

 

En cuanto se piensa racionalmente en las desigualdades, se comprueba que son injustas a menos que se basen en algún mérito superior. Y en cuanto se ve que son injustas, la envidia resultante no tiene otro remedio que la eliminación de la injusticia. Por eso en nuestra época la envidia desempeña un papel tan importante. Los pobres envidian a los ricos, las naciones pobres envidian a las ricas, las mujeres envidian a los hombres, las mujeres virtuosas envidian a las que, sin serlo, quedan sin castigo.

 

La razón, evidentemente, es que el corazón humano, tal como lo ha moldeado la civilización moderna, es más propenso al odio que a la amistad. Y es propenso al odio porque está insatisfecho, porque siente en el fondo de su ser, tal vez incluso subconscientemente, que de algún modo se le ha escapado el sentido de la vida, que seguramente otros que no somos nosotros han acaparado las cosas buenas que la naturaleza ofrece para disfrute de los hombres.

 

Nuestra moral oficial ha sido formulada por sacerdotes y por mujeres mentalmente esclavizados. Ya va siendo hora de que los hombres que van a participar normalmente en la vida normal del mundo aprendan a rebelarse contra esa idiotez enfermiza.

 

Una actitud expansiva y generosa hacia los demás no solo aporta felicidad a los demás, sino que es una inmensa fuente de felicidad para su poseedor, ya que hace que todos le aprecien. Pero dicha actitud es prácticamente imposible para el hombre atormentado por el sentimiento de pecado. Es consecuencia del equilibrio y la confianza en uno mismo.

 

Primero, recuerda que tus motivos no siempre son tan altruistas como te parecen a ti. La segunda: no sobrestimes tus propios méritos. La tercera: no esperes que los demás se interesen por ti como te interesas tú. Y la cuarta: No creas que la gente piensa tanto en ti como para tener algún interés especial en perseguirte.

 

Las satisfacciones basadas en el autoengaño nunca son sólidas, y por muy desagradable que sea la verdad, es mejor afrontarla de una vez por todas, acostumbrarse a ella y dedicarse a construir nuestra vida de acuerdo con ella.

 

Yo creo que, en general, dejando aparte la opinión de los expertos, se hace demasiado caso a las opiniones de otros, tanto en cuestiones importantes como en asuntos pequeños.

 

La felicidad es más fácil si uno se relaciona con personas de gustos y opiniones similares. Es de esperar que las relaciones sociales se desarrollen cada vez más en esa línea, y podemos confiar en que de ese modo se reduzca poco a poco, hasta casi desaparecer, la soledad que ahora aflige a tantas personas no convencionales.

 

El mejor modo de aumentar la tolerancia consiste en multiplicar el número de individuos que gozan de auténtica felicidad, y por tanto, no obtienen su mayor placer infligiendo daño a sus prójimos.

 

La felicidad de mi jardinero es del mismo tipo; está empeñado en una guerra perpetua contra los conejos, de los que habla exactamente igual que Scotland Yard de los bolcheviques; los considera siniestros, intrigantes y feroces, y opina que solo se les puede hacer frente aplicando una astucia igual a la de ellos. Aunque pasa con mucho de los setenta años, trabaja todo el día y recorre en bicicleta para ir y volver del trabajo, pero su fuente de alegría es inagotable y son “ esos conejos” los que se la proporcionan.

 

Por tanto, lo más prudente es no ser excesivamente engreído, pero tampoco demasiado modesto para ser emprendedor.

 

 

La felicidad básica depende sobre todo de lo que podríamos llamar un interés amistoso por las personas y las cosas.

 

Esto es típico de las pasiones excesivas y desproporcionadas. Lo que se busca no es el placer en la cosa misma, sino el olvido.

 

Pero la confianza general en uno mismo es consecuencia, sobre todo, de estar acostumbrado a recibir todo el afecto que uno necesita.

 

El impulso posesivo de los padres puede descarriar al niño de mil maneras, grandes y pequeñas, a menos que tengan mucho cuidado o sean muy puros de corazón.

 

La constancia en los propósitos no basta para hacerle a uno feliz, pero es una condición casi indispensable para una vida feliz. Y la constancia de los propósitos se encarna principalmente en el trabajo.

 

La persona capaz de la grandeza de alma abrirá de par en par las ventanas de su mente, dejando que penetren libremente en ella los vientos de todas las partes del universo. Se verá a sí mismo, verá la vida y verá el mundo con toda la verdad que nuestras limitaciones humanas permitan; dándose cuenta de la brevedad e insignificancia de la vida humana, comprenderá también que en las mentes individuales está concentrado todo lo valioso que existe en el universo conocido. Y comprobará que aquél cuya mente es un espejo del mundo llega a ser, en cierto sentido tan grande como el mundo. Experimentará una profunda alegría al emanciparse de los miedos que agobian al esclavo de las circunstancias, y seguirá siendo feliz en el fondo a pesar de las vicisitudes de su vida exterior.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un comentario en “la conquista de la felicidad

  1. Al realizar un relectura consideró que es un exabrupto considerar que las guerras se realizan por mero aburrimiento como puntualiza Russell. Creo al contrario que en muchas de ellas existe un trasfondo económico, a pesar que dañe a más de miles. ¿ Quien crea la moral oficial con la importancia que adquiere hoy las redes sociales? Los conflictos globales de hoy surgen por la dificultad para llegar acuerdos, debido a la dificultad de comprometerse con los costos porque se asumen que las responsabilidades deben variar según lo sucedido. De Aristóteles se conoce su frase: ¡ Amigos, no existe la amigos! pero, entonces a que quedará reducida la política? El mismo autor afirma que su desconocimiento nos lleva a ser unos idiotas.Acaso la frase ¡ todos los políticos son iguales! no es más que un desconocimiento de la misma.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s