Jugar

En una ciudad los menores pueden vivir algunas experiencias fundamentales como: la aventura, la búsqueda, el descubrimiento, el riesgo, la superación del obstáculo, y, por tanto, la satisfacción, la emoción. Pueden jugar? Federico en un consejo de niños y muchachas en Roma, dijo: “ queremos el permiso de esta ciudad para salir de casa.” El artículo 12 y 13 de la convención de los derechos del niño de Naciones Unidas garantiza tener en cuenta sus opiniones en decisiones que lo afectan como a su libertad de expresión.

Igual, la doctora Kathy Hirsh-Pasek y Roberta Michnick establece que: “ el diálogo con nuestros hijos favorece asimismo sus facultades intelectivas. Durante la conversación, los padres animan de forma natural a sus hijos a contarles pequeñas historias del día. Al hacerlo están ayudándole a construir e interpretar el relato de su vida, un juego entretenido que resultará de gran valor para lo que se espera de ellos en el colegio.” ( 1)

 

En ese sentido, la propuesta A.S. Neill acomoda la escuela al auténtico eje de la infancia que es el juego y no el trabajo. A pesar que E. Zuleta establece que : “ toda institución escolar, primaria o universitaria, es una combinación de sala-cuna y cuartel”, aunque en Summerhill: “ los niños pequeños viven una vida de fantasía en acción. Los niños juegan a los gansters y siempre están matando gente o vuelan por el cielo en sus aeroplanos de madera.” (2) Las normas salen de una asamblea, el voto de una niña de siete años tiene el mismo valor que el de su maestro, incluso por encima de los logros académicos se encuentra el desarrollo emocional, pues la escuela no debe ser sólo cabezas sino también corazones. En ese sentido, se recupera el papel protagónico del niño en entendido que no pertenece ni a sus padres ni a sus maestros.

 

 

(1). Kathy Hirsh-pasek y Roberta Michnick Gololinkoff. Einstein nunca memorizó, aprendió jugando. Madrid: Martínez Roca, 2003.

 

(2). A. S. Neill. Summerhill. Un punto de vista radical sobre la educación de los niños, 2005.