Cuerpos

Al abrir el espectro para superar estar bajo el cero o el uno se abre un abanico de posibilidades de vivir mejor para quienes el binarismo sexual simplemente resulta una constricción a la expresión subjetiva, tal como sostiene Judith Butler el género resulta de una actividad performativa y una categoría confusa donde la proyección externa puede contradecir la misma anatomía biológica. Un muchacho que desde pequeño le gustaba contornear las caderas y le gustaba vestir en el colegio como si fuera de caza al África y llevar maricartera le puede costar la muerte simplemente por salirse de una inflexible norma social construida y negarse aceptar los ritos de paso como hombre.

Igual, una muchacha desde su tierna infancia le gustó la libertad de encaramarse en árboles, pisar sin miedo las calles de su barrio, rechazar de plano cualquier juego con Barbies, cuestionar los mitos de Blanca Nieves y la Cenicienta y los parámetros esclavizantes de belleza donde siempre se sentirá como un patito feo o estar bajo la presión de cirugías para obtener una mirada que aprueba. Y aunque, igual existe una seducción bajo una negociación consensuada, al descubrirse los valores simbólicos y de intercambio que se esconden detrás del matrimonio, dicha muchacha podrá experimentar con su cuerpo y bajo la ingesta de testosterona ahora llamarse Paul sin dejar de estar al alcance de un “ sujeto universal” y cuestionar un régimen político de una heterosexualidad obligatoria anclado en el discurso religioso, jurídico y médico de la psiquiatría .

Igual, una muñeca de trapo rota se puede remendar ante el tótem de un simbolismo muerto, una víctima pasar a convertirse en victimario y bajo la presión de un rol social llevar el estigma del perdedor y del fracaso en un medio donde las masculinidades están asociadas a la violencia y las mujeres con justa razón demandan equidad e intervención en el espacio privado ante la impunidad de feminicidios que subyugan a las vivas y provienen en un gran porcentaje de parejas y ex parejas en “relaciones asfixiantes” que muchas veces repiten una dinámica.

El sujeto cartesiano antes de pasar por la gramática lo hace en la sensibilidad en la misma certeza del tacto y de su propia materialidad. El yo se entiende a partir de un tú y de un nosotros en relaciones de interdependencia que garantizan la propia supervivencia humana y la misma posibilidad de estar bien, que supera la unidad discreta de un sujeto liberal. Ante la misma precariedad mujeres, trans-mujeres, queers, indocumentados, estudiantes, víctimas de racismo y de la guerra, sin techo poseen la posibilidad de correr el riesgo y ponerse en la línea de fuego para reunirse como cuerpos en búsqueda de un reconocimiento en la lucha por garantía de derechos y de transformaciones sociales.