El Lugar sin límites- José Donoso

El  Lugar sin Límites
1967.

En la obra de José Donoso El Lugar sin límites, la Manuela huye inútilmente a la Estancia de Don Alejo, el dueño de El Olivo, para morir en manos de sus dos perseguidores Pancho y su cuñado Octavio. Se consuma así una atracción fatal entre Pancho y la Manuela, al caer bajo la mirada escrutadora de su cuñado quien descubre su “marcada”  al besar  a la otra mientras ella baila artísticamente,  que la forma de resarcir la hombría se ejerce con la eliminación de quien ejerce la atracción.

 

 Pancho quiere: “Que Octavio no sepa. No se dé cuenta. Que nadie se dé cuenta. Que no lo vean dejándose tocar y sobar por las contorsiones y las manos histéricas que no lo tocan, dejándose sí, pero desde aquí desde la silla donde está sentado nadie ve lo que sucede debajo de la mesa, pero no puede ser, no puede ser y toma una mano dormida de la Lucy y la pone allí, donde arde.”[1]

 

Manuela sabe desde el inicio de que Pancho volverá,  un bruto, pero al que se siente  atracción, pues con esas  manazas  sueña: “pero hoy Pancho. Un año llevaba soñando con él. Soñando que la hacía sufrir, que le pegaba, que la violentaba, pero en esa violencia, debajo de ella o adentro de ella, encontraba con qué vencer el frío del invierno”[2].

 

 

¿Quien es Manuela? ¿Hombre o Mujer? Tejiendo y conservando su vestido rojo de lunares para el baile español porque ella sabe quién es mujer y cómo se es mujer, una artista, su forma de ser nombrada ya es todo un juego de disfraces. Ella misma dice que sólo tiene “un hace pipi para orinar”, pero paradójicamente la Japonesita   Grande, una prostituta, “curtida en hombres”, logra ganarle la apuesta a Don Alejo mientras se celebraba  su victoria como senador en el burdel. Bajo su mirada,  la Japonesita Grande logra acostarse con una “loca” que parecía irredimible, y adquirir la propiedad del burdel que compartirá con la Manuela:  “ dime que nunca con ninguna mujer antes que yo, que soy la primera, la única, y así voy a poder gozarme linda, mi alma, Manuelita, voy a gozar, me gusta tu cuerpo aterrado y todos tus miedos y quisiera romper tu miedo… yo te estoy haciendo gozar porque soy la macha y tú la hembra, te quiero porque eres todo, y siento el calor de ella que me engulle, a mí, a un yo que no existe, y ella me guía riéndose, conmigo porque yo me río también, muertos de la risa los dos para cubrir la vergüenza de las agitaciones, y mi lengua en su boca y que importa que estén mirándonos desde la ventana, mejor así, más rico, hasta estremecerse y quedar mutilado, desangrándome dentro de ella mientras ella grita y me aprieta y luego cae, mijito lindo, qué cosa más rica, hacía tanto tiempo, tanto, y las palabras se disuelven y se evaporan los olores y las redondeles se repliegan, quedo yo, durmiendo sobre ella, y ella me dice al oído, como entre sueños: mijita, mijito, confundidas sus palabras con la almohada[3].”

 

La japonesa Grande desengañada de los hombres  piensa a la Manuela como hombre: “Fácil quererlo. Quizá llegaría a sufrir por él, pero de otra manera, no con ese alarido de dolor cuando un hombre deja de quererla, ese descuartizarse sola noche a noche porque el hombre se va con otra o la engaña, o le saca plata, o se aprovecha de ella y ella, para que no se vaya, hace como si no supiera nada, apenas atreviéndose a respirar en la noche junto a ese cuerpo que de pronto podía decirle que no, que nunca más, que hasta aquí llegaban… ella puede excitarlo, está segura, casi sin necesidad de esfuerzo porque el pobre tipo por dentro y sin saberlo ya está respondiendo a su calor. Si no fuera así jamás se hubiera fijado en él para nada.[4]

 

La japonesita, mujer más bien desaliñada  hereda el burdel, después de la muerte de su madre, y aunque se  referirá a la Manuela como su padre, se puede sospechar que el verdadero  es Don Alejo, le ofrece los vinos más baratos  y hereda la avaricia de consignar semanalmente en Talca lo producido en el negocio, e incluso le cortará su ambición por negarse a venderle la casa, y así  aumentar los viñedos en un pueblo fantasmal sin luz eléctrica.

 

La Manuela choca contra la japonesita al llamarle padre, se juega una rivalidad por alcanzar lo femenino: “Déjame tranquila. Papá de nadie. La Manuela nomás, la que puede bailar hasta la madrugada y hacer reír de una pieza llena de borrachos y con la risa hacer que olviden a sus mujeres moquillentas mientras ella, una artista, recibe aplausos, y la luz estalla en un sinfín de estrellas.”[5] La japonesita lucha con su ambigüedad: “Podía odiarlo, como hace un rato. Y no odiarlo. Un niño, un pájaro. Cualquier cosa menos un hombre. El mismo decía que era muy mujer. Pero tampoco era verdad. En fin, tiene razón. Si voy a ser puta mejor comenzar con Pancho.”[6]

 

La Manuela fija sus principios de autodestrucción desde el inicio redimiéndose de su soledad con un hombre que le parecía atractivo, pero un estúpido, y ya de loca vieja sigue soñando, repitiendo: “Que hagan lo que quieran con ella, trienta hombres. Ojalá tuviera otra edad para aguantar. Pero no. Duelen las encías. Y las coyunturas, ay, como duelen las coyunturas y los huesos y las rodillas en la mañana, que ganas de quedarse en la mañana, que ganas de quedarse en la cama para siempre, para siempre, y que me cuiden”[7].

 

Deleuze insiste que el origen del masoquismo es la fantasia[8], y que no existe repetición sin repetidor, ni repetido  sin alma repetidora[9]. El destino de la Manuela parece cifrado y las siguientes frases de la japonesita cantan su fin premonitorio: “Los hombre  le convidan trago, él baila, se vuelve loco y sale de fiesta con ellos por ahí… es que se le calienta la jeta con vino y van a Talca y a veces más lejos”.[10]

 

Pancho vive sometido a deudas, primero con Don Alejo por la compra de un camión y luego con su cuñado Octavio. Ya está muerto: “… porque don Alejo ya no podía controlarlo, yo daría vuelta al volante un poquito más, doblar apenas las muñecas, pero lo suficiente para que el camión salga del camino, salte y me vuelque y quede como un borrón de fierros humeantes silenciosos al borde del camino. Si se me antoja, y a nadie tengo que explicarle nada”.[11]

 

Manuela incapaz de confrontar el deseo de Pancho, presa de su fantasma, al contrario se esconde en un gallinero,  y sólo sale para enfrentar lo inevitable. Pancho esconde y rechaza su parte femenina para convertirse en verdugo:  “  desde su infancia por jugar con muñecas con Moniquita , la hija del patrón, le decían marica, marica  yo arrullado a la muñeca en mis brazos porque la Moniquita dicen que así lo hacen los papá y los chiquillos se ríen, marica, marica, jugando a las muñecas como las mujeres-, no quiero volver nunca más pero me obligan porque me dan de comer y me visten pero yo prefiero pasar hambre y espío desde el cerco de ligustros porque quisiera ir de nuevo pero no quiero que me digan que soy el novio de la hija del patrón”[12].

 

Manuela como ave que va al matadero cae sin incluso darse cuenta del desprecio del otro: “ Aplaudiendo, Pancho se acercó para tratar de besarla y abrazarla riéndose a carcajadas de esta loca patuleca, de ese maricón arrugado como una pasa, gritando que sí, mi alma, que ahora sí, mi alma, que ahora sí que iba a comenzar la fiesta de veras.”[13]

 

 


 

[1] José Donoso. El Lugar sin Límites(sin más datos). P170.

[2] Ibid. P. 66

[3] Ibid. P. 146 y 147.

[4] Ibid. P. 118.

[5] Ibid, p. 149

[6] Ibid, p 67

[7] José Donoso. El Lugar sin Límites. ( sin más datos). P. 151.

[8] Gilles Deleuze. Presentación de Sacher- Masoch. Lo frío y lo cruel. Buenos Aires: Amorrortu, 2001.

[9]  Gilles Deleuze. Repetición y diferencia. Op.cit. p. 97

[10]  José Donoso. Op cit. P. 186.

[11] Ibid, p. 160,161.

[12] Ibid, p 130,131

[13] Ibid, p 167.

De antiguo Amor

 
   Qué se  puede decir  a un poeta que con hermosas palabras conoce lo insuficente de su instrumento para expresar su dolor y las trasformaciones del vidrio, y como un gran alfarero del lenguaje sabe que se puede mentir, que además reconoce que el cuerpo en su pasión ejecuta vibraciones músicales menos retóricas que el suplemento de frases.
 
 A diferencia de Pessoa no creo que las cartas de amor sean totalmente tontas, se puede imaginar y decir los dolores del corazón e incluso despedirse sin el sabor de la ingratitud  . A veces ante el orgullo herido y  la pérdida se odia lo amado e incluso se le lástima,pero recuerdo las frases de Anais Ninn: " no salimos del amor con las manos vacías".
 
 

 

El abc de la Felicidad

EL ABC DE LA FELICIDAD

Aristóteles, Buda y Confucio.

Ediciones B, Barcelona: 2006.

 

LOU MARINOFF

 

 

Nota explicativa: Una de las virtudes del texto consiste en haber intentado  explorar el ADN cultural de los pueblos que habitan la tierra. Sin embargo, queda la impresión  de no ser lo suficientemente representativo. De alguna manera Occidente queda incluido en la vertiente de las religiones Abrahánicas, sin analizar sus diferencias, y en la relevancia de la acción estudiada  por Aristóteles. De alguna manera, la expulsión del autor del  CUNY en el año 2000 lo lleva a considerar los “ extremismos de Occidente” de la misma forma que las experiencias totalitarias del nazismo y el comunismo,  y en general  lleva a pensar que la obra adolece  de rigor conceptual y de alguna imprecisión histórica.

 

Sólo en la India alguien que rechaza los Vedas puede seguir considerándose un adepto de los Vedas. Esta apertura tan antigua y cautivadora queda relejada en el Bhagavad Gita, cuando Krishna dice a Arjuna: “ Por cualquier camino que sigan, al fin vendrán a mí.”

 

Las leyes que sigamos deben reflejar, pero no pueden dictar, nuestra moralidad.

 

Imponer la moralidad es una afrenta a su significado mismo. Puede hacerse, aunque sólo sea mediante la tiranía política. Y Aristóteles sabía que los tiranos no emprendían campañas de edificación moral. Los déspotas benevolentes pueden contarse con los dedos de la mano.

 

Las virtudes son análogas a formas bien proporcionadas; los vicios, a formas mal proporcionadas.

 

La belleza resulta ser una cuestión de proporción.

 

Los adictos a la nicotina no pueden fumar ni un solo cigarrillo.

 

La virtud de la moderación puede tolerar extremos tolerantes que se eligen voluntariamente, pero que no tratan de imponerse por la fuerza a los demás. Sin embargo, la virtud de la moderación no puede tolerar los extremos intolerantes, porque estos utilizan la tolerancia de la moderación como un arma contra ella misma. Los extremistas no atacan nuestros vicios, sino nuestras virtudes, tales como la moderación en la libertad, confianza y tolerancia que concedemos a nuestros congéneres.

 

Si usted piensa que “felicidad” significa placer o euforia, seguro que no habrá tardado en familiarizarse con la infelicidad. La mayoría de las personas que buscan la felicidad a través del placer y la euforia se sienten cada vez más desgraciadas.

 

El placer momentáneo no es lo mismo que la alegría duradera.

 

La virtud y el mérito están dentro de usted, no fuera. Su realización procede del cultivo de estos atributos, no de su deseo de atrapar el espejismo de la felicidad.

 

Respaldar la devaluación de su trabajo es lo opuesto a cultivar sus talentos. Es cultivar su inutilidad. No es extraño que estas personas sean infelices.

 

Usted necesita ser valiente para vivir con autenticidad, y no conformarse con la vida que otros han trazado para usted. Una vida realizada es una vida auténtica.

 

De la misma manera que un marido sádico necesita una mujer masoquista como cómplice de su maltrato, un jefe sádico necesita de un empleado masoquista.

 

Es el corazón humano el que media entre nuestros pensamientos y nuestros actos.

 

 

El propio Buda mantenía que la plena realización reside dentro de cada persona y no depende de ningún poder sobrenatural o vida futura. Buda enseñaba que nosotros tenemos las claves de nuestra redención, salvación, orientación, amor, absorción y liberación.

 

Buda no creía que hiciera falta o mereciera sufrir durante toda una vida como preparación para algo mejor.

 

La primera Noble verdad de Buda es que la vida entraña sufrimiento. Sin embargo, Buda no afirma que estemos condenados a sufrir, observa en cambio, que nos la arreglamos para hallar modos de hacerlo.

 

La segunda Verdad de Buda es que el sufrimiento tiene un origen.

 

La tercera Noble verdad de Buda dice que las causas del sufrimiento se pueden eliminar. El sufrimiento aflige a todo el mundo, pero no es ni inevitable ni necesario. La multitud de sufrimientos que los seres humanos heredamos cesa cuando se eliminan sus causas. No sólo cesa, sino que su cese abre el Camino para experimentar sus opuestos. Pasamos de la discordia a la armonía; de la tristeza a la felicidad; del dolor a la alegría; de la lamentación a la celebración; de la desesperación a la esperanza; del arrepentimiento a la realización. Todo es fugaz y pasajero; pero, cuando se eliminan las causas del sufrimiento, impera la ecuanimidad.

 

“Recto entendimiento” significa comprender el sufrimiento, sus causas y curas.  “Recto pensamiento” significa mantener una actitud amorosa y no violenta, en lugar de una actitud malvada y violenta, con uno y con los demás. “ Recta palabra” significa comprenderle poder de nuestras palabras, para bien o para mal, sobre nosotros y los demás; habría  que evitar especialmente las calumnias, las habladurías y las mentiras. “ Recta acción” significa hacer la mayoría de las cosas con moderación, pero también abstenerse de matar, robar y tomarse libertades sexuales de diversos tipos. “ Rectos medios de Vida” significa ganarse la vida de formas que ayuden, no que hagan daño. “ Recto esfuerzo” significa acometer los retos, oportunidades y obstáculos de la vida de forma constructivas y no destructivas; “Recta atención” significa cultivar la presencia de ánimo, prestar diligentemente atención al cuerpo, las emociones, los pensamientos y el entorno: lo contrario de vivir como sonámbulos. “ Recta concentración” significa desarrollar las facultades mentales de la atención, la visualización, la intuición y la compasión, las cuales también conducen a la serenidad y la ecuanimidad.

 

Libertad y responsabilidad son conceptos estrechamente relacionados, tanto en la filosofía antigua de Buda como en la ética cívica moderna. Mientras usted se contente con culpar a otros de sus descontentos, mientras se niegue a aceptar su parte de responsabilidad en su infelicidad, no se liberará de su sufrimiento.

 

Si usted se habitúa a serenar la mente, estará en calma sin darse cuenta. Muy rara vez se verá a un budista avezado perder la calma.

 

Pero lo que pensamos, decimos y hacemos determina en gran parte nuestra trayectoria en la vida y, por ende, nuestras propias experiencias vitales.

 

Pero es precisamente el mantenimiento de esta individualidad ilusoria, del “ ego” que la sicología occidental encuentra tan indispensable, lo que crea el sentimiento humano. Deshágase de su ego y se deshará de su sufrimiento. La mayoría de las psicoterapias  no ayudan a deshacerse del ego, lo protegen, alimentan y miman, como un animal abandonado.

 

Pero ¿ por qué invadió Mao el Tibet, un país que carece por completo de importancia política, estratégica o económica? El juego geoestratégico preferido de los chinos es el go, no el ajedrez. Para ganar en el ajedrez, hay que ocupar posiciones fuertes y mantenerlas. Hay que hacer frente, atacar y eliminar a las piezas contrarias. Esta es la más perfecta representación de la guerra occidental. Para ganar en el go, hay que inducir al oponente a ocupar intersecciones  débiles, para poder así ir rodeando y envolviendo gradualmente sus fichas. Esta es la más perfecta representación de la guerra oriental.

 

Confucio comprendía muy bien la entropía moral. Escribió: “ así es como funciona el mundo. Todo lo bueno es difícil de alcanzar, lo malo es muy fácil de conseguir.”

 

La amistad duradera es uno de los mayores( algunos dicen que uno de los únicos) beneficios que conlleva envejecer.

 

El principio de “ wu wei”, o acción mediante la no acción, nos aconseja frenar nuestra naturaleza creativa en determinadas situaciones, abstenernos de crear pensamientos, palabras o actos impropios y, en lugar de ello, mantener frente a las circunstancias una receptividad propia del yin hasta el momento en que éstas favorezcan una acción propicia… Cuando usted no sepa a ciencia cierta cómo actuar, habrá encontrado el momento idóneo para hacer nada. ¿ Por que?, si no hace nada, tal vez deje de hacer algo bien, pero conseguirá no hacer nada mal. Cuando vea el Camino, podrá seguirlo pero no antes. Si no hace nada en el momento correcto lo verá de inmediato; porque estará haciendo precisamente lo que él le sugiere: nada. No hacer nada es la prescripción del Tao en estas circunstancias. No obstante, en otros momentos, por ejemplo en medio de una crisis, es posible que usted vea con extraordinaria claridad que debe hacer y, por tanto, lo haga diligente, hermosa y auténticamente. También entonces habrá visto el Camino.

 

El loto nos enseña que todos nacemos con la extraordinaria capacidad de extraer nutrientes vitales del loto de nuestras peores desdichas, los cuales podemos utilizar para generar hermosos resultados.

 

El odio es una de las tres ponzoñosas toxinas( las otras dos son la avaricia y la envidia) que envenenan la mente, endurecen el corazón y envilecen el espíritu.

 

La culpa y la intolerancia son dos formas de odio hacia uno mismo. Como todos los pueblos perseguidos saben, los extremistas de derecha intentan sentirse importantes despreciando a otros. Las personas intolerantes carecen de autoestima.

 

Otra trágica ironía es ésta: si hay algo en este mundo que pueda curar las heridas del sufrimiento, por una parte, y ayudar a las personas a reconocer su humanidad común por otra, es la música.

 

Todo ser humano vive con una necesaria complementariedad entre fe y duda. Eliminase su duda y mutilará su humanidad, elimine su fe y menospreciará su humanidad. Equilíbrelas, y mantendrá su ecuanimidad.

 

La paz y el progreso residen en el camino medio, que equilibra la fe y la duda.

 

Creo en lo que dudo, y dudo de lo que creo.

 

Los idealistas utópicos son los extremistas políticos más peligrosos de todos por la destrucción que siembran entre sus semejantes, a quienes acusan falsamente y culpan erróneamente de sus propias doctrinas.

 

El hombre no sólo es un buda dormido, sino un simio sonámbulo.

 

Buda advirtió “No creas nada, no importa donde lo has leído ni quién lo ha dicho; no importa si lo he dicho yo, a menos que concuerde con tu propia razón y tu propio sentido común”.

 

Entre las últimas cosas que dijo Buda, hallamos estas importantes palabras: “ Persigue tu propia salvación. No dependa de los demás”.

 

Como había observado Aristóteles “ las personas se consideran nobles en todas partes, no sólo en su tierra; pero juzgan nobles a los extranjeros sólo cuando ellos están en la suya”.

 

Buda dijo: “ En el cielo no existe ninguna distinción entre este y oeste; las personas crean las distinciones en su mente y creen entonces que son reales”.

 

Confucio en las Analectas dice: Los hombres están cerca cuando nacen; las vidas que llevan los separan”.

 

La psique sufre cuando la razón y la voluntad son prisioneras de los apetitos, llámense ansias, pasiones, emociones, necesidades, carencias , deseos, fantasías o expectativas, que afectan a todos los niveles excepto el noveno. Sólo este nivel se encuentra vacío de anhelos y lleno de amor incondicional, compasión, atención y una disposición ilimitada para ayudar a las personas necesitadas. En el noveno nivel no hay diferencia sexual ni de género.

 

Anaís Nin: “ no vemos las cosas tal como son, las vemos tal como somos”.

 

El camino medio propone algo distinto. Existen causas y existen efectos, y no deben confundirse entre sí. El sufrimiento desaparece cuando se eliminan sus causas, no sus efectos. Del mismo modo, el sufrimiento desaparece cuando se elimina la conciencia personal del reino donde se unen causa y efecto. Esto se consigue al simultanear ambos, momentos en que se aniquilan entre sí.

 

Sin una  imagen, pensar es imposible: Aristóteles.

 

Una mente disciplinada conduce a la felicidad: Buda.

 

Podemos alcanzar la sabiduría mediante tres métodos: primero, con la reflexión, que es el más noble; segundo, por imitación, que es el más fácil; tercero, por experiencia, que es el más amargo: Confucio.

 

Nietzsche escribió que “ un pueblo feliz no posee historia”. Por desgracia, hay muchos pueblos que fomentan su infelicidad al hacer demasiado hincapié en su historia.

 

Buda: La mente es la fuente de todas las malas acciones. Si la mente se trasforma ¿ pueden permanecer las malas acciones? 

 

La humanidad todavía no ha suscrito un paradigma humano en común para la aldea global del siglo XXI.

 

 

 

Tiempos inciertos

George Soros

Tiempos inciertos

Mondadori, 2006

 

 

Extracté las siguientes frases de George Soros que me parecieron las más importantes de su libro:

 

En primer lugar, he desarrollado un marco conceptual que me ha proporcionado cierta comprensión de la historia, y ,en particular, de lo que denomino “ situaciones alejadas del equilibrio”; en segundo término, tengo una serie de firmes creencias éticas y políticas, y en tercer lugar, he ganado mucho dinero.

 

Mi objetivo es hacer el mundo un lugar mejor.

 

“Los estados tienen intereses, pero no principios-dijo entonces Branco Crenkosvski cuando era primer ministro de Macedonia. Usted tiene principios, pero no intereses”. Me gusta esa definición, y trato de vivir conforme a ella. El mundo necesita desesperadamente estadista sin Estado.

 

En los mercados financieros adopto la postura que me hace ganar; en la esfera social adopto una postura porque creo en ella, tenga éxito o no.

 

Yo he tratado de hacer ver que existe una interconexión reflexiva entre valores y oportunidades, entre los aspectos subjetivos y objetivos de la realidad, como resultado de lo cual ni los valores predominantes ni las oportunidades disponibles pueden conocerse plenamente, y tampoco se puede determinar el punto de equilibrio.

 

Cuanto más en conflicto se hallaban la hipótesis de inversión que yo adoptaba con la visión generalmente predominante, mayores eran las recompensas financieras que ganaba cuando dichas hipótesis resultaban ser correctas.

 

Yo adopto como hipótesis de trabajo que estamos condenados a equivocarnos.

 

Considero que la guerra contra el terrorismo es un error conceptual, o “  falsa metáfora”, que está teniendo efectos nefastos tanto en Estados Unidos como en todo el mundo.

 

En lugar de trabar la sociedad abierta y la sociedad cerrada como alternativas, debía redituar la sociedad abierta como una sociedad amenazada desde ambas direcciones. El exceso de libertad, la anarquía y los estados fracasados por una parte; las ideologías dogmáticas y los regímenes autoritarios o totalitarios de toda laya por la otra.

La globalización ha hecho al mundo más interdependiente, y la humanidad se enfrenta a desafíos que sólo se pueden afrontar mediante el aumento de la cooperación.

 

En particular, identificaba dos problemas insolubles, cuya forma de abordarlos por parte de dicha sociedad no hacía sino empeorar las cosas en lugar de mejorarlas; la muerte  y las drogas. Ambos figuraron entre los primeros temas que abordó mi fundación en Estados Unidos.

 

Cuando las profesiones, convertidas en negocios, hacen de los beneficios su principal objeto de atención, los estándares profesionales resultan amenazados; esto, a su vez, viene a reforzar el déficit de valores que caracteriza las sociedades abiertas.

 

Se investiga con las miras puestas en generar riqueza antes que en el conocimiento puro, y el estamento académico está perdiendo su sentimiento de identidad como fin en sí mismo. La preocupación por los derechos de propiedad intelectual está inhibiendo la búsqueda de la verdad.

 

Cuando el país más poderoso de la tierra distorsiona la verdad, prescinde de la opinión mundial y se mofa del derecho internacional, el orden mundial corre peligro.

 

Las tres escuelas de pensamiento eran el fundamentalismo mercantil, el fundamentalismo religioso y la defensa neoconservadora de la supremacía estadounidense. Identificaba el tema común que las unía como el darwinismo social, en el que la vida es una lucha por la supervivencia de los más aptos, supervivencia que se decide por la competencia, no por la cooperación. Esto encajaba con el fundamentalismo mercantil y la actitud neoconservadora, pero no daba cuenta del fundamentalismo religioso.

 

La búsqueda ilimitada del éxito proporciona una base inestable a la sociedad. La estabilidad requiere de un conjunto de valores intrínsecos que se observen independientemente de cuáles sean sus consecuencias.

 

¿  Por qué habríamos de buscar una verdad inalcanzable en lugar de manipular la verdad en beneficio propio?

 

Para que una sociedad abierta exista y sobreviva, resulta esencial que la gente crea en ella como forma de organización deseable; no todo el mundo- eso iría contra la propia naturaleza de la sociedad abierta- pero sí un número suficiente de personas con la suficiente convicción como para evitar alejarse demasiado de los principios que la definen.

 

En una democracia, es el electorado el que tiene que velar por la honestidad de los políticos y de todos los que interviene en política. Ahí es donde está fallando Estados Unidos.

 

Tal como yo lo veo, los terroristas tocaron un punto débil de la psique estadounidense: el miedo a la muerte. La perspectiva de morir es anatema para los despreocupados: una sociedad despreocupada simplemente no puede aceptar la muerte.

 

La actual forma de globalización se ha traducido en un orden mundial desequilibrado. El desarrollo de las instituciones internacionales no ha estado a la altura del crecimiento de los mercados financieros globales. Los movimientos de capital privado han superado con mucho las facilidades del FMI y el Banco mundial. Los países en desarrollo rivalizan por atraer capital, pero los ahorros globales están siendo absorbidos por la financiación del exceso consumo de Estados Unidos.

 

La globalización ha sido un proyecto de carácter fundamentalista mercantil.

 

Hay razones para creer que la desaceleración del precio  de vivienda tendrá en Estados Unidos repercusiones más graves que en otros países. Una de dichas razones es el tamaño mismo de la economía estadounidense. Una desaceleración en estados Unidos repercutirá en la economía global, mientras que Australia y el reino Unido son países demasiado pequeños para que una desaceleración produzca grandes efectos…En consecuencia preveo una desaceleración de alcance mundial a partir del 2007.

 

La mayor parte del sufrimiento y la pobreza del mundo pueden atribuirse a las políticas de estados soberanos; y sin embargo, estos no han constituido en ningún momento el objetivo de los manifestantes.

 

Los países en desarrollo que son ricos en recursos naturales tienden a ser exactamente igual de pobres que otros países menos dotados que ellos; lo que les diferencia es que normalmente tienen gobiernos más represivos y corruptos, y que a menudo se ven asolados por conflictos armados. Esta situación es la que ha pasado a conocerse como la “  maldición de los recursos”.

 

Los procesos de pensamiento no solo ayudan a resolver problemas también crean los suyos propios. Las abstracciones abren la realidad a interpretaciones distintas.

 

Las abstracciones generan una infinita variedad de puntos de vista; en la medida en que se disponga de un método medianamente efectivo para elegir entre ellos, el modo crítico debe ser capaz de acercarse mucho más a la realidad que el tradicional, que solo dispone de una sola interpretación.

 

El método científico ha resultado muy fructífero en el estudio de los fenómenos naturales, pero no tanto en la esfera social. La naturaleza actúa independientemente de nuestros deseos; la sociedad, en cambio, puede verse influenciada por las teorías que la afectan.

 

Uno es que las teorías pueden influir en el objeto de estudio con el que se relacionan. Le otro es que la comprensión imperfecta de los participantes introduce un elemento de incertidumbre en el objeto de estudio que hace difícil llegar a predicciones y explicaciones falsables.

 

Los mercados financieros están lejos de ser perfectos. Corren el riesgo de generar, en lugar de equilibrio, procesos de expansón-recesión que inicuamente se refuerzan a sí mismo, pero que a la larga resultan contraproducentes, y en cualquier caso únicamente son apropiados para la asignación de unos recursos escasos entre unas necesidades privadas que compiten mutuamente, y no por la prosecución de intereses comunes; es decir, de aquellos que necesitan decidirse mediante un proceso político.

 

Considero que la libertad es la disponibilidad de alternativas. Si las alternativas de la situación actual que tienen los individuos resultan muy inferiores, o si desplazarse implica un gran esfuerzo y sacrificio, estos seguirán siendo dependientes de la organización vigente y se verán expuestos a toda clase de restricciones y de modos de explotación. La libertad, pues, está en función de la capacidad de las personas para alejarse de sus posiciones actuales.

 

En ausencia de los presupuestos irreales de movilidad perfecta y conocimiento perfecto, la propiedad no sólo comporta derechos, sino también obligaciones para con la comunidad.

El sentimiento trágico de la Vida

MIGUEL DE UNAMUNO.

DEL SENTIMIENTO TRÁGICO DE LA VIDA.

Barcelona: Editorial Orbis,1984

 

Nota aclaratoria: Gracias a la invitación del profesor Andrés Lema Hincapié, a una conferencia   en la Universidad del Valle sobre la antropología de Miguel de Unamuno y de Manuel Kant, se pudo conocer  el presente libro, que presenta una visión profunda del Cristianismo y  además ofrece una valoración de nuestra tradición hispánica, e incluso   del mismo ensayo como forma de pensar nuestra, que muchos de nuestros académicos criollos hoy  desprecian. Se realizó una síntesis de la frases que más  impactaron.

 

 

Soy hombre, a ningún hombre estimo extraño.

 

-El hombre, dicen, es un animal racional. No sé por qué no se haya dicho que es un animal afectivo y sentimental.

 

-En cada momento de nuestra vida tenemos un propósito, y a él conspira la sinergia de nuestras acciones. Aunque el momento siguiente cambiemos de propósito. Y es en cierto sentido un hombre tanto más hombre cuanto más unitaria sea su acción. Hay quien en su vida no persigue sino un solo propósito, sea el que fuere.

 

Todo individuo que en un pueblo conspire a romper la unidad y la continuidad espirituales de ese pueblo, tiende a destruirlo y a destruirse como parte de ese pueblo.

 

 

¿ Se hizo el hombre para la ciencia, o se hizo la ciencia para el hombre?

 

 

El mundo se hace para la conciencia, para cada conciencia. Un alma humana vale por todo el universo.

 

Conciencia y finalidad son la misma cosa en el fondo.

 

Hay personas, en efecto, que parecen no pensar más que con el cerebro, o con cualquier otro órgano específico para pensar; mientras otros piensan con todo el cuerpo y toda el alma, con la sangre, con el tuétano de los huesos, con el corazón, con los pulmones, con el vientre, con la vida.

 

Y el trágico problema de la filosofía es el de conciliar las necesidades intelectuales con las necesidades afectivas y las volitivas.

 

No basta curar la peste, hay que saber llorarla. ¡ sí, hay que saber llorar! Y acaso ésta es la sabiduría suprema.

 

El conocimiento se nos muestrea ligado a la necesidad de vivir y de procurarse sustento para lograrlo. Es una secuela de  aquella misma del ser, que, según Spinoza, consiste en el conato por perseverar indefinidamente en su ser mismo.

 

La vida fuerza y tuercen a la ciencia a que se ponga al servicio de ellas, y los hombres, mientras creen que buscan la verdad por ella misma, buscan de hecho la vida en la verdad. Las variaciones de la ciencia dependen de las variaciones de las necesidades humanas, y los hombres de ciencia suelen trabajar, queriéndolo o sin quererlo, a sabiendas o no, al servicio de los poderosos o al del pueblo que les pide confirmación de sus anhelos.

 

Y nadie puede negar que puedan existir y acaso existan aspectos de la realidad desconocidos, hoy al menos, de nosotros, y acaso inconocibles, porque en nada nos son necesarios para conservar nuestra propia existencia actual.

 

La razón, lo que llamamos tal, el conocimiento reflejo y reflexivo, el que distingue al hombre, es un producto social.

 

El pensamiento es lenguaje interior, y el lenguaje interior brota del exterior. De donde resulta que la razón es social y común.

 

La bondad es la mejor fuente de clarividencia espiritual.

 

De la fantasía brota la razón. Y si se toma aquélla como una facultad que fragua caprichosamente imágenes, preguntaré que es el capricho, y en todo caso también los sentidos y la razón yerran.

 

Que podamos decir que todo lo vital  es antirracional ,  no ya irracional, y todo lo racional, antiviral. Y ésta es la base del sentimiento trágico de la vida.

 

La sed de eternidad es lo que se llama amor entre los hombres, y quien a otro ama es que quiere eternizarse en él. Lo que no es eterno tampoco es real.

 

El sentimiento de la vanidad del mundo pasajero nos mete el amor, único en que se vence lo vano y transitorio, único que rellena y eterniza la vida.

 

Ese culto, no a la muerte, sino a la inmortalidad, inicia y conserva las religiones.

 

¡ queremos bulto y no sombra de inmortalidad!

 

 

Porque si tuviéramos fe como un grano de mostaza, diríamos a ese monte: “ Pásate de ahí”, y se pasaría, y nada nos sería imposible. ( Mat.,XVII,20)

 

El hombre suele entregar la vida por la bolsa, pero entrega la bolsa por la vanidad. Engriese, a falta de algo mejor, hasta de sus flaquezas y miserias, y es como el niño, que, con tal de hacerse notar, se pavonea con el dedo vendado. Y la vanidad ¡ qué es sino ansia de sobrevivirse!

 

La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual.

El descubrimiento de la muerte es que nos revela a Dios, y la muerte del hombre perfecto, del Cristo, fue la suprema revelación de la muerte, la del hombre que no debía morir y murió.

 

Y puede, a partir de esto, afirmarse que quien no crea en esa resurrección carnal de Cristo podrá ser filócristo, pero no específicamente cristiano.

 

 

Las determinaciones de valor, no sólo son nunca racionalizaciones, son antirracionales.

 

Oliveira Martins decía que  “ el catolicismo dio héroes, y el protestantismos sociedades sensatas, felices, ricas, libres, en lo que respecta a  las instituciones y a la economía externa, pero incapaces de ninguna acción grandiosa, porque la religión comenzaba por despedazar en el corazón del hombre aquello que le hace susceptible de las audacias y de los nobles sacrificios”.

 

La razón ama lo absurdo, de nuestro Donoso Cortés, que debió de aprenderlo del gran José de Maestre.

 

Y es que, en rigor, la razón es enemiga de la vida… Lo vivo, lo que es absolutamente inestable, lo absolutamente individual, es, en rigor, ininteligible.

 

La ciencia es un cementerio de ideas muertas, aunque de ellas salga la vida… es un trágico combate, es el fondo de la tragedia, el combate de la vida con la razón. ¡ Y la verdad? ¿Se vive o se comprende?

 

Todo lo vital es irracional, y todo lo racional es antiviral, porque la razón es esencialmente escéptica.

 

La verdadera ciencia enseña a dudar y a ignorar; la abogacía ni duda ni cree que ignora. Necesita de una solución.

 

¿ de qué te sirve meterte a definir la felicidad si no logra uno con ello ser feliz?

 

Ni los puros racionalistas sabrán ética nunca, ni llegarán a definir la felicidad, que es una cosa que se vive y se siente, y no una cosa que se razona y se define.

 

Sin el deseo de ver, no se ve; en una gran materialización de la vida y del pensamiento, no se cree en las cosas del espíritu. Ya veremos que creer es, en primera instancia, querer creer.

 

Como creer es querer creer, y creer en Dios ante todo y sobre todo es querer que le haya. Y así, pero quererlo con tanta fuerza que esta querencia, atropellando a la razón, pase sobre ella. Más no sin represalia.

 

Kierkegaaard. “ El suicidio es la consecuencia de existencia del pensamiento puro”

 

Y Jesús le dijo “ Si puedes creer, al que cree todo es posible . Y entonces el padre del epiléptico o endemoniado contestó con estas preñadas y eternas palabras: “ Creo, Señor; ayuda mi incredulidad. Marcos, v. 23).

 

El amor busca con furia, a través del amado, algo que está allende éste, y como no lo halla, se desespera.

 

Vivir es darse, perpetuarse, y perpetuarse y darse es morir. Acaso el supremo deleite de engendrar no es sino un anticipado gustar la muerte, el desgarramiento de la propia esencia vital. Nos unimos a otro, pero es para partirnos; ese más íntimo abrazo no es más íntimo desgarramiento. En su fondo, el deleite amoroso sexual, el espasmo genénisico, es una sensación de resurrección, de resucitar en otro, porque sólo en otros podemos resucitar para perpetuarnos.

 

Y el amor carnal que toma por fin el goce, que no es sino medio, y  la perpetuación, que es el fin, qué es sino avaricia? Y es posible que haya quien para mejor perpetuarse guarde su virginidad. Y para perpetuar algo más humano que la carne. Porque lo que perpetúan los amantes sobre la tierra es la carne del dolor, es la muerte. El amor es hermano, hijo y  a la vez padre de la muerte, que es su hermana, su madre y su hija.

 

Amar en espíritu es compadecer, y quien más compadece más ama. Los hombres encendidos en ardiente caridad hacia sus prójimos, es porque llegaron al fondo de su propia miseria, de su propia aparencialidad, de su nadería, y volviendo luego sus ojos, así abiertos, hacia sus semejantes, los vieron también miserables, aparenciales, anonadables y los compadecieron y los amaron.

 

Según te adentras en ti mismo y en ti mismo ahondas, vas descubriendo tu propia inanidad, que no eres todo lo que eres, que no eres lo que quisieras ser, que no eres , en fin, más que nonada. Y al tocar tu propia nadería, al no sentir tu fondo permanente, al no sentir tu fondo permanente, al no llegar a tu propia infinitud, ni menos a tu propia eternidad, te compadeces de todo corazón de ti propio, y te enciendes en doloroso amor a ti mismo, matando lo que se llama amor propio y no es sino una especie de delectactación sensual de ti mismo, algo como un gozarse a sí misma la carne de tu alma.

 

 

Porque así como antes de nacer no fuiste, así tampoco después de morir serás, pasas a comprender, esto es, amar a todos tus semejantes y hermanos en aparencialidad, miserables sombras que desfilan de su nada a su nada, chispas de conciencia que brillan un momento en las infinitas y eternas tinieblas.

 

 

El amor personaliza cuanto ama. Sólo cabe enamorarse de una idea personalizándola. Y cuando el amor es tan grande y tan vivo, y tan fuerte y desbordante que lo ama todo, entonces lo personaliza todo y descubre que el total Todo, que el universo en Persona también, que tiene una conciencia, Conciencia que a su vez sufre, compadece y ama , es decir, es conciencia. Y a esta Conciencia del Universo, que el amor descubre personalizando cuanto ama, es a lo que llamamos Dios. Y así el alma compadece a Dios y se siente por El compadecida, le ama y se siente por El amada, abrigando su miseria en el seno de la miseria eterna e infinita, que es eternizarse e infinitarse la felicidad suprema de la felicidad suprema misma.

 

Y la metafísica es siempre, en su fondo, teología, y la teología nace de la fantasía nace de la fantasía puesta al servicio de la vida, que se requiere inmortal.

 

El que no sufre tampoco goza, como no siente calor el que no siente frío.

 

La fe en Dios nace del amor a Dios, creemos que existe por querer que exista, y nace acaso también del amor de Dios a nosotros. La razón no nos prueba que Dios exista, pero tampoco que no pueda existir.

 

Dios no es sentido sino en cuanto es vivido, y no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de El. ( mateo, IV,4; Deut VIII, 3 )

 

 

Y la fe en Dios no estriba, como veremos, sino en la necesidad vital de dar finalidad a la existencia, de hacer que responda a un propósito.

 

Dios no piensa, crea; no existe, es eterno, escribió Kierkegaard

 

Cuanto más clara la conciencia de la distinción entre lo objetivo y lo subjetivo, tanto más oscuro el sentimiento de divinidad en nosotros.

 

La idea de Dios en nada nos ayuda para comprender mejor la existencia, la esencia y la finalidad del universo.

 

Y es que el Dios vivo, al Dios humano no se llega por camino de la razón, sino por el camino del amor y de sufrimiento. La razón nos aparta más bien de El. No es posible conocerle para luego amarle; hay que pensar por amarle, por anhelarle, por tener hambre de él, antes de conocerle. El conocimiento de Dios procede del amor a Dios, y es un conocimiento que poco o nada tiene de racional. Porque Dios es indefinible. Querer definir a Dios es pretender limitarlo en nuestra mente, es decir matarlo. En cuanto tratamos de definirlo, nos surge la nada.

 

Dios se hace o se revela en el hombre, y el hombre se hace en Dios; Dios se hizo a sí mismo, y podemos decir que se está haciendo, y en el hombre y por el hombre. Y si cada cual de nosotros, en el empuje de su amor, en su hambre de divinidad, se imagina a Dios en su medida, y a su medida se hace Dios para él, hay un Dios colectivo, social, humano, resultante de las imaginaciones todas humanas que le imaginan. Porque Dios es y se revela en la colectividad. Y es Dios la más rica y más personal concepción humana.

 

Mi yo vivo es un yo que es, en realidad, un nosotros ;  mi yo vivo, personal, no vive sino en los demás, de los demás y por lo demás yos ; procedo de una muchedumbre de abuelos y en mí los llevo en extracto, y llevo a la vez en mí en potencia una muchedumbre de nietos, y Dios, proyección de mi yo al infinito- o más bien yo protección de Dios a lo finito-, es también muchedumbre.

 

Porque la razón aniquila y la imaginación entera, integra o totaliza; la razón por si sola mata y la imaginación es la que da vida. Si bien es cierto que la imaginación por sí sola, al darnos vida sin límite, nos lleva a confundirnos con todo, y en cuanto a individuos, nos mata también, nos mata por exceso de vida. La razón la cabeza, nos dice ¡ nada!; la imaginación, el corazón, nos dice : ¡ Todo!, y entre nada y todo, fundiéndose el todo y la nada en nosotros, vivimos en Dios, que es todo, y vive Dios en nosotros, que sin EL , somos nada. La razón repite” ¡Vanidad de vanidades, y todo vanidad! Y así vivimos la vanidad de la plenitud, o la plenitud de la vanidad.

 

Y si cree en Dios, Dios cree en ti, y creyendo en ti te crea de continuo. Porque tú no eres en el fondo sino la idea que de ti tiene Dios; pero una idea viva, como Dios vivo y conciente de si, como Dios conciencia, y fuera de lo que eres en sociedad, no eres nada.

 

Lo divino es el amor, la voluntad personalizadora y eternizadora, la que siente hambre de eternidad y de infinitud.

 

Creer en un Dios vivo y personal, en una conciencia eterna y universal que nos conoce y nos quiere, es creer que el universo existe para el hombre. Para el hombre o para una conciencia en el orden de la humana, de su misma naturaleza, aunque sublimada, de una conciencia que nos conozca, y en cuyo seno viva nuestro recuerdo para siempre.

 

Y que cosa es fe?” ¡ Creer lo que no vimos, no!, sino creer lo que no vemos”. Y antes os he dicho que creer en Dios es, en primera instancia al menos, querer que le haya, anhelar la existencia de Dios.

 

La fe es la sumisión íntima a la autoridad espiritual de Dios, la obediencia inmediata. Y en cuanto esta obediencia es el medio de alcanzar un principio racional, es la fe una convicción personal.

 

Confiase en la Providencia que concebimos como algo personal y conciente, no en el hado, que es algo impersonal. La fe es el poder creador del hombre.

 

La fe es, pues, si no potencia creativa, flor de la voluntad, y su oficio, crear. La fe crea, en cierto modo, su objeto. Y la fe en Dios consiste en crear a Dios, y como es Dios el que nos da la fe en El, es Dios el que se está creando a sí mismo de continuo en nosotros.

 

El poder de crear un Dios a nuestra imagen y semejanza, de personalizar el universo, no significa otra cosa sino que llevamos a Dios dentro, como sustancia de lo que esperamos, y que Dios nos está creando a su imagen y semejanza. Y se crea a Dios, es decir, se crea Dios a sí mismo en nosotros por la compasión, por el amor. Creer en Dios es amarle y temerle con amor, y se empieza por amarle aun antes de conocerle, y amándole es como se acaba por verle y descubrirle en todo.

 

Querer que exista Dios, y conducirse y sentir como si existiera. Y por este camino de querer su existencia, y obrar conforme a tal deseo, es como creamos a Dios, esto es, como Dios se crea en nosotros, como se nos manifiesta, se abre y se revela a nosotros. Porque Dios sale al encuentro de quien le busca con amor y por amor, y se hurta de quien le inquiere por fría razón no amorosa.

 

Creo en Dios como creo en mis amigos, por sentir el aliento de su cariño y su mano intangible que me trae y me lleva y me estruja, por tener íntima conciencia de una providencia particular y de una mente universal que me traza mi propio destino. Y el concepto de la ley- ¡ concepto al cabo!- nada me dice ni me enseña-

 

Y Dios no es sino el Amor que surge del dolor universal y se hace conciencia.

 

El amor mira y tiende al porvenir, pues que su obra es la obra de nuestra perpetuación; lo propio del amor es esperar, y sólo de esperanzas se mantiene. Y así que el amor ve realizado su anhelo, se entristece y descubre al punto que no es su fin propio aquello a que tendía, y que no se lo puso Dios sino como señuelo para moverle a la obra; que su fin está más allá, y emprende de nuevo tras él su afanosa carrera de engaños y desengaños por la vida.

 

El amor espera, espera siempre sin cansarse nunca de esperar, y el amor a Dios, nuestra fe en Dios, es ante todo esperanza en El. Porque Dios no muere, y quien espera en Dios, vivirá siempre. Y es nuestra esperanza fundamental la raíz y tronco de nuestras esperanzas todas, la esperanza de la vida eterna.

 

La fe es, pues, lo repito, fe en la esperanza; creemos lo que esperamos.

 

El amor es quien nos revela lo eterno nuestro y de nuestros prójimos. ¿ Es lo bello, lo eterno de las cosas, lo que despierta y enciende nuestro amor a ellas, o es nuestro amor a los cosas lo que nos revela lo bello, lo eterno de ellas? ¡ No es acaso la belleza una creación del amor, lo mismo que el mundo sensible lo es del instinto de conservación y el suprasensible del de perpetuación en el mismo sentido? ¡ no es la belleza y la eternidad con ella una creación del amor?

 

Acongojados al sentir que todo pasa, que pasamos nosotros, que pasa lo nuestro, que pasa cuanto nos rodea, la congoja misma nos revela el consuelo de lo que no pasa, de lo eterno, de lo hermoso.

 

No hay verdadero amor sino en el dolor, y en este mundo hay que escoger o el amor, que es dolor, o la dicha. Y el amor nos  lleva a otra dicha que a la del amor mismo, y su trágico consuelo de esperanza incierta.

 

Y estar seguro de quien se acerque al infinito del amor, al amor infinito, se acerca al cero de la dicha, a la suprema congoja. Y en tocando a este cero, se está fuera de la miseria que mata.

 

El dolor nos dice que existimos; el dolor nos dice que existen aquellos que amamos; el dolor nos dice que existe el mundo en que vivimos, y el dolor nos dice que existe y que sufre Dios; pero es el dolor de la congoja de sobrevivir y ser eternos. La congoja nos descubre a Dios y nos hace quererle. Creer en Dios es amarle, y amarle es sentirle sufriente, compadecerle.

 

La miseria propia es tanta, que la compasión que hacia mí mismo me despierta se me desborda pronto, revelándome la miseria universal.

 

Un bienaventurado que goza plenamente de Dios no debe pensar en sí mismo, ni acordarse de sí, ni tener de sí conciencia, sino que ha de estar en perpetuo éxtasis, fuera de sí, en enajenamiento. Y un preludio de esa visión nos describen los místicos en el éxtasis.

 

El que se mata, se mata por no esperar a morirse.

 

Esa tremenda tragedia de la Etica (de Spinoza), nos dice que la felicidad no es premio de la virtud, sino la virtud misma, y que no gozamos en ella por comprimir los apetitos, sino que por gozar de ella podemos comprimirlos.

 

Y después de todo ¿ qué es la locura y cómo distinguirla de la razón no poniéndose fuera de una y de otra, lo cual nos es imposible?

 

Obra de tal modo que merezcas a tu propio juicio y a juicio de los demás la eternidad, que te hagas insustituible, que no merezcas morir. O tal vez así: obra como si hubieses de morirte mañana, pero para sobrevivir y eternizarte. El fin de la moral es dar finalidad humana, personal, al universo; descubrir la que tenga- si es que la tiene- y descubrirla obrando.

 

Y no sólo se pelea anhelando lo irracional, sino obrando de modo que nos hagamos insustituibles, acuñando en los demás nuestra marca y cifra, obrando sobre nuestros prójimos para dominarlos; dándoles a ellos , para eternizarnos en lo posible.

 

El trabajar cada uno en su propio oficio civil, puesta la vista en Dios, por amor a Dios, lo que vale decir por amor a nuestra eternización, es hacer de ese trabajo una obra religiosa.

 

Amar al prójimo es querer que sea como yo, que sea otro yo, es decir, es querer yo ser él; es querer borrar la da divisoria entre él y yo, suprimir el mal. Mi esfuerzo por imponerme a otro, por ser y vivir yo en él y de él, por hacerle mío- que es lo mismo que hacerme suyo- , es lo que da sentido religioso a la colectividad, a la solidaridad humana.

 

Quien bien te quiera, te hará llorar, y la caridad suele hacer llorar. El amor que no mortifica, no merece tan divino nombre. Decía Fray Thomé de Jesús, el de esta jaculatoria: ¡ oh, fuego infinito! ¡ oh, amor eterno que si no tienes donde abraces y te alargues muchos corazones a que quemes, lloras!. El que ama al prójimo le quema el corazón, y el corazón, como la leña fresca, cuando se quema, gime y destila lágrimas.

 

La libertad hay que buscarla en medio del mundo, que es donde vive la ley, y con la ley la culpa, su hija. De lo que hay que liberarse es de la culpa , que es colectiva.

 

No buscar la pobreza y la sumisión, sino buscar la riqueza para emplearla en acrecentar la conciencia humana, y buscar el poder para servirse de él con el mismo fin.

 

El que la sociedad sea culpable agrava la culpa de cada uno. “ alguien tiene que hacerlo, pero ¡ por qué he de ser yo?; es la frase que repiten los débiles bienintencionados. Alguien tiene que hacerlo, ¡ por qué no yo?, es el grito de un serio servidor del hombre que afronta cara acara un serio peligro.

 

Pues fue poniéndose en ridículo como alcanzó su inmortalidad Don Quijote.

 

El más alto heroísmo para un individuo, como para un pueblo, es saber afrontar el ridículo, saber ponerse en ridículo y no acobardarse en él…Porque son los burladores los que mueren cómicamente, y Dios se rie luego de ellos, y es para los burlados la tragedia, la parte noble.

 

 

 

 

 

 

          

 

 

 

 

La felicidad

 
 
    

La felicidad.

Lecciones de una nueva Ciencia.

Richard  Layard.

Editorial Taurus: 2005.

 

 

Las siguientes palabras gustaron , a pesar que su concepción de Ciencia no deja de ser limitada y que las mismas frases quedan sujetas a discusión.

 

 

-Nada se tiene, todo está perdido cuando nuestro deseo se colma sin placer. Lady Macbeth.

 

-Aunque las sociedades occidentales se han hecho más ricas, las personas que las forman no son más felices.

 

-La mejor sociedad sostenía Bentham, es aquella en la que los ciudadanos son más felices. Por tanto, la mejor política será la que genere mayor felicidad; y, cuando se trate de la conducta privada, la acción moral más correcta será aquella que dé más felicidad.

 

-Ya en siglo XX, las creencias religiosas perdieron fuerza, como también lo hizo a finales del mismo la creencia en la religión laica del socialismo. En consecuencia, no quedó en pie ningún sistema de creencia éticas ampliamente aceptado, por lo que, aprovechándose del vacío, se introdujo la “ no filosofía” del individualismo rampante.

 

-Si realmente queremos ser felices, necesitamos un cierto concepto del bien común al que aportar nuestra contribución.

 

-El bien común se define como la mayor de las felicidades, exigiéndonos que nos preocupemos por los demás tanto como por nosotros mismos; promueve también un cierto compañerismo hacia los otros, que es en sí mismo susceptible de aumentar nuestra felicidad y disminuir nuestro aislamiento.

 

-La felicidad es sentirse bien, disfrutar de la vida y desear que ese sentimiento se mantenga; y la desdicha sentirse mal y desear que las cosas sean de otra manera.

 

-¿ Cómo es posible mantener la confianza cuando la movilidad y el anonimato aumentan cada vez más en la sociedad?

 

-Somos seres eminentemente sociales y nuestra felicidad depende de la calidad de nuestras relaciones con los demás.

 

-La felicidad depende no sólo de nuestra situación y de nuestras relaciones externas; lo hace asimismo nuestras actitudes. A partir  de la experiencia en Auschwitz, Victor Frankl concluía que, en última instancia, “ al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal ante cualquier conjunto de circunstancias”.

 

-Nuestros pensamientos afectan nuestros sentimientos, las personas son más felices si son compasivas. También son más felices si se muestran agradecidas por lo que tienen.

 

-Los seres humanos han conquistado en gran parte  la naturaleza, pero todavía tienen que conquistarse a sí mismos.

 

-Los sentimientos positivos apagan los sentimientos negativos y viceversa.

 

-Las personas que consiguen dar sentido a la vida son más felices que las que viven picoteando de placer en placer.

 

-Nos sentimos atraídos por aquellos elementos de nuestras circunstancias que nos agradan, y nos repelen los que no nos gustan. Este modelo de acercamiento y rechazo resulta clave para nuestra conducta.

 

-El instinto humano es atraer hacia sí lo agradable y apartar lo que se desea evitar.

 

-Cuando las personas se hacen más ricas en relación con otras, son también más felices. Pero cuando las sociedades en su conjunto las que se hacen más ricas, no se vuelve por ello más felices.

 

-Veremos una clara tendencia de los países más ricos a ser más felices que los pobres. En este mismo sentido, a medida que países como India, México, Filipinas, Brasil y Corea del Sur van experimentando un crecimiento económico, se observa alguna evidencia de que la felicidad media también ha aumentado. La razón es clara: los ingresos adicionales son realmente valiosos cuando sirven para elevar a las personas por encima del umbral de la verdadera pobreza física.

 

-Que el aumento de la felicidad derivado de los ingresos adicionales es mayor cuando se es pobre y desciende a ritmo constante a medida que se es más rico.

 

-La  gente tiene muy en cuenta sus ingresos relativos, y estaría dispuesta a aceptar una reducción significativa de su nivel de vida si pudiera ascender en relación con los demás. Otro punto de comparación respecto a los ingresos es aquello a lo que se está acostumbrado. Cuando se le  pregunta a alguien qué ingresos necesita, las personas ricas siempre dicen necesitar más que las pobres.

 

-En cualquier sociedad los ricos son más felices que los pobres, pero con el tiempo las sociedades más ricas no son más felices que las más pobres.

 

-Por eso en las competencias olímpicas los medallistas que ganan el bronce se sienten más felices que los que ganan la plata, porque los que han ganado la medalla de bronce se comparan  con los que no han llegado a la medalla, mientras que los que ganan la plata piensan que podrían haber alcanzado el oro.

 

-En las empresas, a veces la única manera de mantener la calma es que los sueldos permanezcan en secreto.

 

-Por tanto, uno de los secretos de la felicidad es evitar las comparaciones con personas de más éxito que nosotros: compararse siempre con los de abajo, no con los de arriba.

 

-Y algunas cosas buenas no llegan a cansar nunca, como el sexo, los amigos e incluso hasta cierto punto el matrimonio. El secreto de la felicidad está en buscar aquellas cosas buenas a las que nunca podremos adoptar del todo.

 

-Las cosas a las que nos acostumbramos más fácilmente y que la mayoría dan por  supuestas son nuestras posesiones materiales: nuestro coche, nuestra casa. Los publicistas lo saben y nos invitan a “ alimentar nuestra adicción” gastando cada vez más.

 

-Que el dinero extra les resulta más indiferente a los ricos que a los pobres, el resultado es  que el beneficio derivado de los ingresos extra es en efecto menor cuanto más rica sea la persona. Por la misma razón, los ingresos extra suponen una mayor diferencia, en lo que a la felicidad se refiere , en los países pobres que en los ricos.

 

-Así pues, un país tendrá un mayor nivel de felicidad media cuanto más equitativa esté distribuida la renta, manteniendo la igualdad en las condiciones restantes.

 

-La desigualdad es mala porque los ingresos extra representan menos beneficios a los ricos que a los pobres.

 

-Las sociedades menos clasistas del mundo son las escandinavas, donde los impuestos son altos, la educación es muy buena y existe una cultura del respeto mutuo.

 

-Uno de los secretos de la felicidad  es disfrutar de las cosas tal y como son, sin compararlas con otras mejores. Otra consiste en descubrir que cosas nos hacen verdaderamente felices.

 

-Lo que importa es la calidad y la estabilidad de las relaciones, no su forma. Necesitamos a los demás y necesitamos que nos necesiten. Cada vez más, la investigación confirma la importancia primordial del amor. Las personas que mantienen relaciones amorosas con otro adulto tienen un mejor equilibrio hormonal y una mejor salud y son, por supuesto, más felices.

 

-Necesitamos sentir que estamos contribuyendo a la sociedad en su sentido más amplio. Por tanto, el trabajo no sólo nos proporciona ingresos, sino un mayor significado para nuestra vida. Por eso el desempleo supone tal desastre: reduce los ingresos, pero también reduce la felicidad al destruir de una forma directa el respeto mutuo por uno mismo y las relaciones sociales que se establecen en el trabajo. Por ello, cualquier sociedad debe perseguir el objetivo de un desempleo bajo y estable.

 

-El trabajo es vital cuando se quiere trabajar; pero también es importante que el trabajo sea satisfactorio. Quizá la cuestión primordial sea en qué medida tenemos control sobre lo que hacemos. Dentro de cada uno de nosotros existe una chispa creativa que, si no encuentra salida, se vuelve dañina.

 

-Según el filósofo Epicuro, “ de todas las cosas que la sabiduría nos porta para ser felices a lo largo de toda nuestra vida, lo más importante con diferencia es la amistad”-

 

-De todos los males sociales, uno de los que puede causar mayor infelicidad es la guerra: el terror y la pérdida personal que desencadena son imposibles de cuantificar. Durante el siglo pasado, más de cien personas murieron por su causa.

 

La descripción del hombre feliz de sir Henry Wotton:

 

-Este hombre está libre de ataduras serviles, de la esperanza de ascender o el miedo de caer, es señor de sí mismo, que no de territorios, y aun sin tener nada lo tiene todo.

 

-Lo que importa no es lo que la vida te da, sino lo que tú das a la vida.

 

-Si pensamos en cualquier persona feliz, encontramos detrás un proyecto. Si nuestras metas son demasiado bajas nos aburrimos, pero si son demasiado altas, nos frustramos. . La mayor felicidad procede de dejarse absorber por alguna meta externa a nosotros mismos.

 

-Una de las pruebas de la felicidad es preguntarnos si el mundo nos parece un lugar agradable.

 

-Si no somos capaces de ensanchar nuestras simpatías, podemos ver obstaculizada nuestra felicidad a pesar de nuestra riquezas: el cáncer de la envidia las devorará. En cambio, si somos capaces de disfrutar el bienestar ajeno, seremos más felices.

 

– Resulta más importante reducir el sufrimiento que generar felicidad extrema

 

-La caridad bien entendida comienza por uno mismo.

 

-Cambie de política, dicen, si las ventajas de hacerlo superan  a los inconvenientes, si no, manténgala.

 

-Deberíamos dejar de elevar la tasa impositiva mucho antes de que se alcanzara la igualdad completa. El grado óptimo está allí donde los beneficios de una mayor redistribución se vean compensados por las pérdidas derivadas de la disminución del pastel.

 

-Si obtenemos más felicidad del bienestar ajeno, haremos más para promoverlo y a su vez nos beneficiaremos de éste mayor felicidad del prójimo, pero si los economistas se dedican a alabar los éxitos del egoísmo, probablemente no estén fomentando una sociedad feliz.

 

-Los sujetos prefirieren arriesgarse a altas probabilidades de sufrir graves pérdidas con tal de no asumir la certeza de pérdidas mucho más modestas.

 

-No deberíamos vacilar, por tanto, a la hora de gravar gastos malsanos y también adictivos. Los impuestos claramente realizan una función  útil más allá de la de recaudar dinero con el que sustentar el gasto público: ayudan a reprimir nuestras tentaciones de llevar un modo de vida aún más febril.

 

-Por tanto, debemos considerar con bastante seriedad el argumento de que al aumentar los incentivos financieros estamos disminuyendo los incentivos de una persona para dar lo mejor de sí y sentirse digna en su profesión. La ética profesional es una motivación preciosa que no debería dejar de cultivarse.

 

-Los incentivos financieros surten efecto a la hora de escoger carrera o jefe. Pero, una vez que alguien se ha unido a una organización, tiene compañeros cuyo respeto constituye para él un móvil poderoso. Deberíamos explotarlo.

 

-Si queremos un empleo mejor, deberíamos enseñar a nuestros hijos que la satisfacción que nuestra profesión nos proporciona nace del trabajo bien hecho y no de ir por delante. Y no se trata de una opinión socialista: proviene más bien de la universal experiencia humana.

 

-Porque nuestro problema fundamental hoy en día es la ausencia de un sentimiento que una a la gente en lugar de esa noción que la vida es esencialmente una lucha competitiva.

 

-Ya lo dijo lord Keynes “ Durante demasiado tiempo nos han preparado para esforzarnos y no para disfrutar”. Tanto la seguridad como la paz de espíritu son bienes que deberían aumentar y no disminuir cuando la gente se vuelve más rica.

 

-La enfermedad más extendida hoy no es la lepra ni la tuberculosis, sino más bien la sensación de que nadie nos necesita, de que nadie se ocupa de nosotros, de que todos nos han abandonado: Madre Teresa.

 

-Los altibajos en el empleo y la llegada de la vejez constituyen las dos mayores amenazas para obtener ingresos estables. Y precisamente dos de los logros clave del Estado moderno han sido la mayor estabilidad económica y un mejor sistema de pensiones de jubilación.

 

-Un estado compasivo protege a las víctimas del cambio económico.

 

-Si la gente vive cerca del lugar donde se crió, cerca de sus padres y de sus viejos amigos, tiene mucho menos probabilidad quebrar sus vidas, pues cuenta  con una red de apoyo social. La delincuencia se reduce cuanto más sedentaria y homogénea es la comunidad.

 

-Como enseña la naturaleza, la felicidad depende menos de las cosas externas de lo que la gente cree.

 

En el fondo la mayoría de la gente es feliz como decide ser: Abraham Lincoln.

 

-A nadie se le puede hacer sentir inferior sin su consentimiento: Eleanor Roosevelt.

 

-Es imposible ser feliz sin desarrollar una perspectiva positiva y una sensación íntima de poseer un espacio que en última instancia es impermeable a los acontecimientos exteriores.

 

-Como explica Dalai Lama: Por experiencia propia veo que, cuando practico la compasión, recibo un beneficio directo e inmediato… recibo un beneficio del cien por cien, mientras que para otros no pase del cincuenta por ciento.

 

-En los matrimonios estables, la gente menciona cinco pensamientos positivos por cada uno negativo, mientras en los matrimonios fracasados la proporción es inferior a uno.

 

-La perla está oculta en el campo y el campo está en vuestros corazones y allí debéis cavar para encontrarla; y cuando hayáis cavado hondo y la encontréis, véndelo todo para comprar y redimir ese campo: George Fox, fundador del cuaquerismo.

 

-El concepto budista de interés por lo que ocurre a nuestro alrededor encierra un mensaje para todos nosotros.. Dice así: cultiva tu capacidad de sobrecogerte y maravillarte; saborea las cosas de hoy y mira a tu alrededor con el mismo interés con el que mirarías una película o harías una fotografía; relaciónate con el mundo y con los que te rodean. En cierto sentido, como decía León Tolstoi, la persona más importante del mundo es la que tiene delante en un momento dado.

 

Como escribió Ezra Pound: “ Cuanto  amas bien, perdura; el resto se esfuma”.

 

 Como el dice el rey Teseo en El sueño de una noche de verano:

 

El loco, el amante y el poeta son de imaginación completa; y los tres aprehenden más de lo que la razón sola alguna vez comprende.

 

 

 

 

Una Historia de la felicidad.

DARRIN M. MCMAHON. UNA HISTORIA DE LA FELICIDAD. MADIRID: EDITORIAL TAURUS, 2006.

La llave mágica de la felicidad en el ser humano hasta hora sigue siendo un misterio, pero Occidente desde la antigüedad  ha dado algunas respuestas. No podemos negar el peso de la Fortuna que se juega desde que nacemos, los padres no se eligen ni la época en la que se nace, pero  los filósofos griegos, Sócrates, Platón y Aristóteles principalmente, nos recuerdan el papel de la paideia, que  podemos educar nuestros deseos y con nuestras acciones ser menos invulnerables a los caprichos del destino. Los Estoicos y los Epicúreos  llevan al máximo dicho planteamiento, pero cada vez se cuestiona la exigencia tan alta en dichas regulaciones. Si bien el hombre de la modernidad se presenta cada vez más escindido,  a la vez que se le impone el derecho y el deber de ser feliz, cada vez queda más rezagado en sus placeres individuales. Rousseau , los socialistas utópicos  y Marx estarán en la vertiente opuesta propulsando  una religión secularizada, que recupera las virtudes sociales . Schopenhauer y Nietzsche nuevamente destacan el papel de lo singular. Tal vez la búsqueda de un justo medio entre las libertades individuales y las exigencias sociales seguirá siendo la búsqueda de los pensadores contemporáneos.

Se Ofrece así, flashes del libro, impresiones subjetivas, profundamente incompleto si se quiere, que espero los motive o enriquezca sus propias experiencias de un tema donde las respuestas son siempre tentativas.   

Sustenta mis pasos en tus caminos para que mis pies no resbalen. Salmos 17,5.

La propia lucha por alcanzar la cima basta para llenar el corazón del hombre.

 Camus. El mito de Sísifo.

Prólogo.

George Wilhelm Friedrich Hegel: “ pero la historia no es la tierra en la que la felicidad crece. Los períodos de felicidad son las páginas en blanco de la historia”.

Immanuel Kant:  “ el concepto de la felicidad es tan indeterminado que aunque todo el mundo desee conseguirla, nadie puede decir de forma definitiva y firme qué es lo que realmente desea y persigue”.

Sigmund Freud: “ la felicidad es algo esencialmente subjetivo”

Una historia de la felicidad, señaló el historiador  Howard Mumford Jones, sería “no sólo una historia de la humanidad,  sino también una historia de la ética, la filosofía y el pensamiento religioso”.

La felicidad, como observó el crítico social Thomas Carlyle es una: “ sombra de nosotros mismos”.

La tragedia de la Felicidad

Gozar del favor de los Dioses, ser bienaventurado, es tener la fortuna de nuestra parte.

Hesiodo declara: Feliz el hombre que conoce y respeta los días sagrados, sabe interpretar los augurios, evita la transgresión y hace su trabajo sin ofender a los inmortales dioses.

Compuesta del prefijo eu (bueno) y daimon (dios, espíritu, demonio), eudamonia engloba cierta noción de fortuna- porque tener un daímon benefactor de tu parte, un espíritu que te guíe, es ser afortunado, y cierta noción de divinidad, ya que daímon  es un emisario de los dioses que cuida de cada uno de nosotros, actuando de forma invisible en nombre de los Olímpicos. Daímon es un poder oculto, una fuerza que hace avanzar a los hombres, y cuyo agente es desconocido.

La diosa considera que una buena muerte es lo mejor que un hombre puede aspirar, y por tanto les premia con ella.

Como nos advierte Solón: “ a muchos a quienes el dios ha concedido contemplar la felicidad en un momento dado, al final les ha arrebatado la fortuna”.

La felicidad no es sino una caracterización de la vida entera, que sólo puede evaluarse en el momento de la muerte. Creerse feliz entretanto es prematuro y probablemente ilusorio, ya que el mundo es cruel e impredecible y está gobernado por fuerzas que escapan a nuestro control.

En la tradición trágica, la felicidad es prácticamente un milagro y requiere de la intervención directa de lo divino.

El coro de cíclope es claro a es este respecto: “ Feliz el hombre que lanza el grito báquico y se entrega al gozoso y bienamado vino dando viento a sus velas. Su brazo rodea a su fiel amigo y tiene esperándole el joven y fresco cuerpo de su voluptuosa amante en la cama, y con sus cabellos brillante cubiertos de mirra exclama: “ ¿ Quién me abrirá la puerta? La amistad, el amor, emborracharse de vino, tal vez, como sugiere el sátiro, “ bailar y olvidar las preocupaciones”, siempre han estado a mano para aliviar el dolor de la existencia.

El destino es decretado y nadie puede escapar a él. Cuando la actuación humana se ve frustrada, las posibilidades de elección son contradictorias y el sufrimiento inevitable, la felicidad, caso de que nos llegue, es en gran medida algo que nos sucede; éste es el conflicto trágico.

La felicidad tiene sus raíces en el terreno del azar.

Como observó Aristóteles, una vida de felicidad “ sería superior al nivel humano” y equivalente a lo divino.

El bien supremo

Esta visión sostenía básicamente que los seres humanos podían influir en su destino a través de sus propias acciones.

Alcman de Esparta: “ pero bienaventurado aquel que escapa feliz de las lágrimas todos los días de su vida”.

Liberados gracias a la prosperidad ateniense de que la vida se rija exclusivamente por la búsqueda de la supervivencia, unos pocos afortunados podían permitirse dirigir su atención a la búsqueda de otras cosas.

Sócrates adoptó como punto de partida la hipótesis de que la felicidad está al alcance de los humanos, dado que todos deseamos ser felices se pregunta: ¿cómo podemos ser felices?

Para Sócrates, la buena educación conlleva necesariamente la educación del deseo.

Agatón concluye  que aunque todos los dioses son felices, Eros es el más feliz, puesto que es el más bello y el mejor.

La felicidad de la raza humana se encuentra concluye Aristófanes, “ en encontrar el éxito en la búsqueda del amor”. Eros es el gran benefactor que “ nos devolverá a nuestra condición original, curándonos, y bendiciéndonos con la felicidad perfecta”.

Eros es hijo de la Pobreza, que acude a las fiestas sin ser invitada, como un mendigo, y del dios de la abundancia, un huésped siempre bien recibido que en esta ocasión había perdido el conocimiento por culpa de la bebida.

¿ Qué otra cosa es deseo sino el reconocimiento humano de la propia necesidad, de las propias carencias? Como explica Sócrates: “ el hombre que desea algo, desea lo que no es accesible y lo que todavía no posee. ¿ Y que es lo que le falta a Eros? Precisamente aquellas cualidades que le rodeaban en el momento de su divina concepción, unas cualidades propias de los dioses autosuficientes: la bondad y la belleza; en una palabra, la felicidad, ya que ser feliz significa estar en posesión de lo bueno y lo bello”.

Eros se encuentra también dividido “ entre la sabiduría y la locura”, lo que convierte al deseo en una fuerza volátil.

En la República Platón por boca de Sócrates dice que: “ existe una forma peligrosa, salvaje e incontrolada de deseo en cada uno de nosotros”.

Sócrates no deja de insistir en que el verdadero amante de la sabiduría debe mostrarse invulnerable tanto a las penurias físicas como a los caprichos del azar.

La figura de Alcibiades  con su alma tendiente a las pasiones violentas y gobernada por un frenesí sexual “ patológico”, se presenta como testimonio de los peligros del deseo malentendido.

Platón creía que el deseo humano se desviaba con excesiva facilidad. Sólo en circunstancias muy especiales pueden nuestros desbocados apetitos ser lo suficientemente disciplinados para buscar la verdad, y sólo en dicha circunstancias pueden educar nuestro deseo para que persevere en la búsqueda del bien que anhela.

Dice Sócrates, la felicidad es “ una fuerza poderosa e imprevisible.”

La felicidad, concluye Aristóteles, es una actividad del alma que expresa la virtud.

En la Retórica Aristóteles dice: “ podemos definir la felicidad como la prosperidad; o como la independencia en la vida; o como el buen estado de nuestras posesiones y nuestro cuerpo junto con la capacidad de conservar y utilizar ambas cosas. Que la felicidad es una o varias de estas cosas es algo en lo que prácticamente todos están de acuerdo.

Finalmente, para Aristóteles la vida de pura contemplación es la que más se parece a los dioses. Es superior en el ámbito humano. Lo mejor del ser humano es la oportunidad de liberarse del ser humano.

Los argumentos filosóficos que no constituyen un tratamiento terapéutico para el sentimiento humano son vacuos, sostenía Epicúreo  y añadía: “ Así como la medicina es inútil si no erradica las enfermedades del cuerpo, también lo es la filosofía si no expulsa el sufrimiento del alma.”

Zenón y Epicuro creen que el destino y la fortuna están bajo control: “ Me he anticipado a ti, Fortuna”, afirma Epicuro y “ te he cerrado la entrada. No dejaremos que ni tú ni ninguna otra circunstancia nos tenga cautivos”.

El hombre feliz se conforma con su suerte, “sea lo que sea”, sostiene Seneca. Cicerón llega a afirmar que el hombre cuya virtud es perfecta será feliz incluso aunque se encuentre bajo tortura o en la peor de las situaciones. El bienestar del hombre feliz es completamente impermeable a los más crueles reveses del destino.

¿ Por qué deseamos esto o lo otro? ¿ Puede la satisfacción a corto plazo ser compensada por el sufrimiento a largo plazo? ¿ Por qué elegimos rehusar una determinada oportunidad y aceptar otra? ¿Qué nos empuja hacia delante y por qué? Si somos sinceros con nosotros mismos, opina Epicuro, analíticos y rigurosos en nuestras respuestas, veremos que la mayoría de nuestros deseos son frívolos e inútiles, irrelevantes para la salud física o la paz de la mente, objetivos de una vida feliz. La singular tarea del seguidor de Epicuro consiste en aprender a discernir y clasificar, separando los deseos necesarios de aquellos que nos hacen descarriarnos del camino. El autoconocimiento, así como el conocimiento del mundo, nos permite liberarnos de las fuentes del dolor.

La voz de la carne clama: “ líbrame del hambre, la sed y el frío” escribe Epicuro.

 “ El hombre que tiene cubiertas estas necesidades y espera tenerlas siempre rivalizaría en felicidad incluso con Zeus. La comida y la bebida frugales, ya que los platos sencillos proporcionan el mismo placer que los más sofisticados, el cobijo y una mínima seguridad deberían bastar para satisfacer a cualquiera cuyos deseos sean ordenados. En cambio, “ el que no se siente satisfecho con poco, no se siente satisfecho con nada”.

Epicuro nos recuerda extraordinariamente a los estoicos, así como cuando señala que: “ todo dolor físico es insignificante, ya que cuando es intenso dura poco, y cuando el malestar es crónico no alcanza gran intensidad».

Aquel que es feliz, asegura Epictecto, “ debe poseer por completo todo lo que desea, como el que al estar plenamente saciado no puede sentir hambre ni sed”.

Cabe preguntarse cuantos tienen éxito en alcanzar este estado de renuncia.

La felicidad Perpetua.

Cuanto más crece el dinero, más crece la codicia y la ansiedad que ella genera, señalaba Horacio.

Horacio: “ Sólo es feliz aquel/ que porta su corona seguro, sin dejarse tentar por todos los tesoros del mundo.” Feliz entre todos el hombre, que es dueño de su presente; y que seguro en su interior puede afirmar: ya puede el mañana depararme lo peor, porque hoy he vivido.

Horacio: Carpe diem. Aprovecha el momento. Exprime el zumo de las uvas de la vida.

Horacio: Gula, libertinaje, concupiscencia, envidia: “ por eso,  rara vez se encuentra un hombre que diga haber tenido una vida feliz y que, llegada  su hora, abandone satisfecho este mundo como un comensal que ha comido hasta saciarse”.

San Agustin: ¿ Es que puede desearse algo por alguna razón que no sea la de alcanzar la felicidad?  ¿Cómo puede un hombre escapar de la desdicha si adora a la Felicidad como divinidad y reniega de Dios, proveedor de ella?

Eclesiastés: Comprendo que no hay para el hombre más felicidad que alegrarse y buscar el bienestar en su vida. Y que todo hombre coma y beba y disfrute bien en medio de sus fatigas, eso es don de Dios.

Alegraos y regocijaos, dice Jesús en el Sermón de la Montaña, “ porque vuestra recompensa será grande en el cielo ( Mateo 5, 12)

Ermitaño: » El hombre que estudia la felicidad debe sentarse solo, como un gorrión en lo alto de un tejado, como un pelícano en un páramo.»

San Buenaventura: “ Dado que la felicidad no es otra cosa que el goce supremo del Dios supremo, y que el Dios supremo se encuentra por encima de nosotros, nadie puede gozar de la felicidad a menos que se eleve sobre sí mismo.

San Francisco: “ glorificarse en la cruz de la tribulación y las aflicciones con una devoción sin fisuras. Tampoco  podía luchar sin desmayo por ser siempre feliz llevando una vida de renuncia. El siervo de Dios no debe mostrar tristeza ni un rostro taciturno».

Aquino considera la vida como un largo proceso de curación o, volviendo a la metáfora de la escalera, como un constante proceso de ascenso en el que cada vez nos acercamos más a Dios.

¿ No prometía el cristianismo exactamente lo mismo que negaba, “ un torrente de placer perpetuo, una vida inánime de eterna dicha? Si el deseo humano se veía satisfecho entonces, ¿ por qué debería ser tan radicalmente rechazado el aquí y ahora?

Del cielo a la Tierra

Lotario: Un transeúnte en la tierra y un caminante que soporta el mundo como si fuera un lugar de exilio, confinado en el cuerpo como una prisión”

 Le dice Dios a Adán al inicio de la obra de Pico de la Mirándola: “ no te ciñes a límite alguno y tú mismo fijarás los límites de la naturaleza, para que desde allí puedas de la forma más conveniente mirar a tu alrededor y ver todo lo que está en él. Ni celestial ni terrenal, ni mortal ni inmortal te hemos hecho. Tú, cuál juez nombrado por su honorabilidad,  eres modelador y hacedor de ti mismo. Tú puedes moldearte hasta adoptar la forma que prefieras.”

Lutero: Porque la soledad y la tristeza son simplemente veneno y muerte, sobre todo para un hombre joven. La alegría y el buen humor, con humor y corrección, son la mejor medicina para un hombre joven, y sin duda para todos los hombres. Yo, que hasta el momento me he pasado la vida en el duelo y en la tristeza, ahora  busco y acepto la alegría dondequiera que la encuentro.

Lutero: El pecado es la infelicidad pura, el perdón la felicidad pura. Hacer lo que está dentro de uno mismo. Sé todo lo que puedas ser.

Por qué –se preguntaban varios destacados despotricadotes- habrá de Dios de condenar a la humanidad por un solo delito cometido hace tiempo por un hombre( Adán) a quien ningún ser vivo ha conocido? el cielo reside dentro de nosotros, no cargamos con pecado alguno.

Y aunque, al fin y al cabo, el éxtasis divino- la felicidad del cielo-sea inconcebible, Locke presupone que cualitativamente es equiparable a los placeres que conocemos aquí en la tierra. El anticipo del deleite celestial no es un elevado logro intelectual- no es un pasajero atisbo de beatitud- sino algo que podemos saborear, disfrutar y sentir.

Por tanto, era de suma importancia que el buscador de felicidad se mantuviera alerta a la hora de calibrar los placeres y los dolores. “Esta es la bisagra en la que gira la libertad de los seres intelectuales, afirmaba Locke.

Apostemos por la existencia del cielo, sostiene Locke, y nunca perderemos. Comamos y bebamos, disfrutemos lo que nos deleita, que mañana moriremos.

Thomas Hobbes: En realidad, la felicidad era un “ progreso continuo el deseo, que va de un objeto a otro y que, para alcanzar el primero, no puede sino caminar hacia el segundo. El éxito continuo a la hora de obtener las cosas que de vez en cuando el hombre desea, es decir, prosperar continuamente, es lo que los hombres llaman felicidad. Porque, mientras vivamos aquí, no existe lo que se llama sosiego perpetuo de la mente; porque la propia vida no es sino movimiento y, del mismo modo que no puede carecer de sentido, nunca podrá estar exenta de deseo ni de miedo”.

Lorenzo de Medicis: “ Cuán encantadora es la juventud, pero se esfuma; si eres feliz, no dejes de serlo. Del mañana nadie sabe.

Si la felicidad era un estado natural, ¿ por qué no podía lograrse enteramente por medio naturales, sin orientación divina alguna?

Verdades que saltan a la vista

Claude –Adrien helvetius “ El infierno ya no existe; ahora es el cielo en la tierra.

Alexander Pope:

Oh, felicidad, fin y objetivo de nuestro ser!

Bien, loplacer, comodidad, contento! Cualquiera que sea el nombre:

Ese algo que aún induce el suspiro eterno,

Por el que aguantamos la vida o morir nos atrevemos.

Marquesa de Chatelet: para ser feliz “ es preciso ser sensible a las ilusiones, porque es a las ilusiones a las que les debemos la mayoría de nuestros placeres. Infeliz es el que las ha perdido.”

Como observó el ministro y filósofo francés Anne-Robert-Jacques Turgot, en las modernas sociedades comerciales, “la gente por así decirlo, compraba y vendía felicidad”.

Los hombres y las mujeres buscaban la felicidad tal como Locke y Hobbes lo habían descrito como un “ progreso continuo del deseo, que va de un objeto a otro y que, para alcanzar el primero, no puede sino caminar hacia el segundo”.

La felicidad en el siglo XVIII no era la eudamonía clásica. Epicuro en el fondo era un asceta, que más que maximizar el placer trataba de minimizar el dolor. Aunque el placer era bueno según Epicuro, siempre estaba subordinado al objetivo mayor de alcanzar la paz, un estado de autosuficiencia. Maximizar el placer y minimizar el dolor- en ese orden eran preocupaciones típicas de la ilustración.

La Mettrie:

La felicidad radica en el placer, sólo en el placer, y todos los que sugieran otra cosa eran enemigos de la humanidad, charlatanes o ambas cosas. La religión era una fábula, el estoicismo un peligroso veneno, la virtud del dolor una terrible mentira. El placer era una cuestión pura y simplemente orgánica: relativa a los sentidos, a la sensación de la materia.

La Mettrie:

Revolcaos en el cieno como cerdos y a su manera seréis felices, que la felicidad de un hombre era el dolor de otro.

 Es decir, que para La Mettrie  la razón fría congela la imaginación y expulsa los placeres. De tal manera, que si la sensación era la única fuerza que movía la máquina humana, la razón como humilde camarero, debía ser relegada al servicio.

Casanova:

El placer es el disfrute sensual inmediato; es la completa satisfacción de todos sus deseos que concedemos a nuestros sentidos, y cuando exhaustos o cansados, nuestros  deseos quieren reposar, ya sea para cobrar fuerzas o para vivir, el placer se torna en imaginación; la imaginación se complace en trabajar la felicidad que su tranquilidad le procura.

Marques de Sade:

Y el placer nunca era mas dulce ni más intenso que cuando era lascivo. Que ninguna voz salvo de las pasiones pueda conducirnos a la felicidad.

Rousseau:

Donde el presente fluye indefinidamente pero en su duración pasa desapercibida, sin signos del paso del tiempo y sin ningún otro de sentimiento de privación o de entretenimiento, de placer o de dolor, ningún deseo o miedo que no sea la sensación de existir, una sensación que llena el alma por completo y que, mientras dura, podemos decir que nos hace felices, no con una felicidad pobre, incompleta y relativa como la que proporcionan los placeres de la vida, sino como una felicidad suficientemente completa y perfecta que no deja vacío alguno que llenar en el alma. Ese es el estado que con frecuencia experimenté en la isla de Saint-Pierre.

Tan pronto como me encuentro bajo los árboles  y rodeado de follaje, me siento como si estuviera en el paraíso terrenal y experimento el intenso placer íntimo del más feliz de los hombres.

El progreso- con su horizonte de posibilidades siempre en expansión-socava continuamente nuestra paz. A fuerza de agitarnos con el fin de aumentar nuestra felicidad es la como la convertimos en infelicidad. Al dejar la humanidad a la deriva en medio de un lujo material que multiplicaba las falsas necesidades, el tan cacareado progreso de la época nos privaba al mismo tiempo que necesitábamos para salir a flote. Socavaba la fe religiosa; perturbaba a la comunidad y el amor a la patria; minaba la valentía, la intrínseca decencia y la virtud moral, y por doquier nos arrebataba lo natural, lo sencillo y lo bueno. Si la felicidad, tal como proclamaba la ilustración, era nuestro derecho natural, simplemente, la civilización moderna no era natural.

Rousseau también sabía que vivir como un extraño entre los hombres era un medio imperfecto de escapar. En sus momentos de mayor lucidez, sospechaba que hasta sus ensoñaciones de una felicidad perfecta en la isla de Saint-Pierre eran las de un hombre desgraciado, el consuelo de un náufrago, la compensación por los goces humanos que realmente deseaba.

La felicidad no es el placer, declaró Rousseau tajantemente, rechazando lo que para Bentham y Helvetius, y para muchos otros era una verdad innegable. Ni siquiera en nuestros más excelsos placeres hay un solo momento en el que el corazón pueda decir sinceramente: ¡ ojalá este momento durara para siempre!  ¿ cómo podemos dar el nombre de felicidad a un estado efímero que deja nuestros corazones todavía vacíos y ansiosos, arrepintiéndose de algo que está en el pasado o deseando algo que está por venir?

Al dudar de la viabilidad de la felicidad y desconfiar abiertamente del placer, Rouseau se erigía en crítico de la ilustración predominante. Pero, también era, inequívocamente, hijo suyo, y esto nunca queda más claro que cuando supera sus reservas y proclama su fe en que el individuo: “ debe ser feliz”.

Kant desarrolló este pensamiento con mucho más detalle, llegando a la conclusión de que la felicidad, “ por lo menos en esta vida” no era el plan de la naturaleza. Por el contrario, la virtud moral, el desarrollo de la buena voluntad es lo que la razón reconocía como función práctica suprema, y la razón insistía no era compatible con la felicidad.

Según el imperativo moral de Kant, nuestro deber en esta vida era actuar de modo que nos hiciéramos merecedores de la felicidad. Entonces podríamos legítimamente confiar en participar en ella, en algún estado concordante con nuestro valor. Pero Kant reconocía que éste siempre debía ser un acto de fe.

Cuando los hombres de poca fe creen con certeza de los fanáticos que los seres humanos pueden ser felices como dioses, la felicidad suele ser lo primero que se sacrifica, en su propio nombre.

Un rito moderno

  Lequino: El borracho siempre tiene resaca a la mañana siguiente, el libertino sufre mil padecimientos a causa de su incontinencia. Y el deseo de placer- subjetivo y efímero, ya sea físico o mental, nunca puede satisfacerse. En cuanto tenemos una cosa queremos otra, y al hombre su inquietud y su ambición le empujan a buscar más y más, corriendo de un deseo a otro. Ese hombre terminará su carrera habiendo siempre imaginado que iba a ser feliz cuando, en realidad, sólo ha experimentado una tempestuosa sucesión de placeres y repulsiones, de deseos y remordimientos. No ciudadanos, la felicidad, no existe en jouissances personales, en los placeres personales. Es algo más noble.

 

Lequino: Es a través de esta ilusión mental, a través de la promesa de una vida futura, como los impostores han gobernado a la gente ignorante y crédula del mundo, manteniéndola en la esclavitud y en el sufrimiento, al tiempo que frustraban su esparcimiento en el aquí y el ahora con la falsa promesa de una felicidad eterna.

 

El pueblo no se había atrevido a soñar con la igualdad social, ni tampoco a soñar que el hombre rico sólo lo es por el trabajo del pueblo. Una nueva sociedad precisaba de un hombre nuevo. Lequino advirtió que serían vanas si la revolución social no iba acompañada de una revolución moral en la mente y los corazones de la gente.

 

¿Dónde tenemos que buscar la felicidad?  ¿Dónde ciudadanos? Dentro de nosotros, en el fondo de nuestro corazón, en la abnegación, en el trabajo, en el amor al prójimo. Este es el secreto. Según Lequino, mediante el trabajo nos hacemos independientes, útiles para nuestros congéneres, sanos y merecedores de su estima. Sacrificándonos nos inmunizamos a los golpes de la fortuna, porque un alma armada frente a las penalidades se alzará por encima de las vicisitudes del azar, las inconstancias de las perturbaciones políticas y las incertidumbres de la salud.

 

Y qué pensarían de la exhortación de Lequino a que el “ sagrado amor a la patria” obligara a todos los ciudadanos  a buscar la felicidad de un único modo? El nuevo hombre que Lequino proclama desde el púlpito, encuentra la felicidad en una vida dedicada por completo a la felicidad ajena, aun a costa del sufrimiento personal o de su propia muerte.

 

La felicidad se ha convertido en el único horizonte de nuestras democracias, en una visión que muchos consideraban la medida de todas las cosas. Mientras que en los albores de la época moderna la felicidad para muchos hombres y mujeres era Dios, desde entonces la felicidad se ha convertido en nuestro Dios.

 

El cuestionamiento de las evidencias

 

Por qué , después del largo periodo ilustrado, apareció esta novedosa voluntad de ver el mundo a través de las lágrimas?

 

El dolor, acompañante necesario de un mundo caído, era un hecho de la existencia que había que aceptar y soportar, preferiblemente con alegría.

 

El sufrimiento, replicaban los románticos, era una verdad inherente al mundo y por tanto debía reconocerse abiertamente a la luz del día. Como expresaba Schiller, debemos: “ enfrentarnos cara a cara con el maligno destino”.

 

En una palabra, el dolor era trasformador. Humillaba el orgullo individual, ofreciéndonos la posibilidad de identificarnos y compadecernos. E inoculaba en nosotros el reconocimiento del destino común de la humanidad.

 

Keats sabía que el mundo, un “ lugar donde el corazón debe sentir y sufrir de mil formas diferentes, era un valle para el desarrollo del alma”.

 

De los versos de Coleridge se desprende que la alegría es la luz, la alegría es la gloria, la alegría se reserva para los puros del corazón. Y cuando su dulce música se propaga por el alma, nos trasforma y trasforma el mundo, haciendo un Cielo y Tierra nuevos, desposando al yo con la naturaleza.

 

Holderlin: Unirnos con la naturaleza para formar un todo sin fin. Ésa es la meta de todos nuestros afanes.

 

La imaginación colorea y ordena el mundo. En la acepción de Coleridge, no es lo que nos hace ver lo que no puede verse, imaginar lo que no está presente. Mas bien la imaginación nos permite ver como tendrámos que ver, como deberíamos ver.

 

 Coleridge: Tener genio es vivir en lo universal, no conocer más que yo que el que se refleja  no sólo en los rostros de todos los que nos rodean, nuestros congéneres, sino en las flores, los árboles, los  animales, y en verdad en las superficie de las aguas y las arenas del desierto.

  Para ser realmente nosotros mismos, tenemos que liberarnos de nuestro yo. Para acceder a nuestra alegría privada y personal debemos conectar con la alegría universal que anima el mundo.

 

¿ qué es la alegría romántica sino el sueño parcialmente secularizado de experimentar el Cielo en la tierra, el sueño de recuperar el niño perdido, como el nuevo Adán, cada día susurra en nuestro interior, hablándonos de lo que fuimos y de lo que podríamos ser otra vez? 

 

La felicidad no podía comprarse con un penique. Al desear ser Dios, el hombre cae por debajo de su propia naturaleza, observa Baudelaire refiriéndose a sus propio experimentos con el hachis.

 

Para Schopenhauer la voluntad era una fuerza que no podemos representar con precisión, una fuerza que surge imperiosa y que cala en todos los seres vivientes, animando el universo como un todo. En suma, la voluntad es ciega y simplemente lucha sin ningún propósito o fin para reproducirse, para continuar y seguir adelante.

 A menudo no sabemos lo que deseamos o tememos, y que los genitales son el centro de la voluntad declaraba Schopenhauer.

 En la mayoría de los casos, el sufrimiento es el único proceso de purificación por el que el hombre se santifica, dicho de otro modo, por el que abandona el camino del errar de la voluntad de vivir.

 

El liberalismo y sus descontentos

 

Franklin creía que en la vida era necesario contar con ciertas comodidades mínimas para tener una buena vida. En que consiste la felicidad de una criatura racional?  se preguntaba:  “ en tener una mente sensata, un cuerpo sano y suficientes necesidades y comodidades vitales cubiertas, junto al favor de Dios y el amor a la humanidad».

 

En la tierra de las oportunidades, en el nuevo  Mundo de leche y miel, “ el gusto por los placeres físicos” era la causa principal de la inquietud estadounidense.

 

Cuanto más iguales sean los hombres, concluye Tocqueville, más insaciable será su anhelo de igualdad.

 

La construcción de mundo felices

 

Una comunidad estrechamente unida, un trabajo decidido, una idea de Divinidad: ésos eran los requisitos necesarios, tan  evidentes en la Inglaterra de la edad media y tan ausentes en el mundo del momento.

 

Finalmente, el evangelio del dinero negaba la más grande necesidad humana: la de Dios o la de la divinidad del hombre. Las leyes de Dios se han convertido en un principio de la mayor felicidad, se lamentaba Carlyle. No hay religión; no hay Dios; el hombre ha perdido su alma.

 

Esta es la situación de Inglaterra según Carlyle. Una perezosa aristocracia terrateniente… una aristocracia trabajadora sumergida en el culto al dinero, una pandilla de bucaneros y piratas industriales. Un parlamento elegido por el soborno, una filosofía basada únicamente en la observación, en no hacer nada, en el laissez faire; una religión que se desgasta, que se derrumba; una desaparición absoluta de todo interés humano general, la desesperanza total de encontrar verdad y humanidad, y en consecuencia un aislamiento universal de los hombres en su propia “ tosca individualidad”, una confusión caótica, salvaje, de todos los aspectos de la vida, una guerra de todos contra todos, una muerte generalizada del espíritu, una escasez de alma, es decir, de cualquier conciencia humana; una clase obrera desproporcionadamente fuerte, en una opresión  y una desdicha intolerables.

 

La abolición de la esclavitud, la igualdad y la fraternidad de los hombres y del pueblo, la liberación de la mujer, la abolición de la opulencia y la miseria, la destrucción del poder clerical y, finalmente, la comunidad de bienes. Como Cabet recalcaba en viaje por Icaria y de nuevo con detalle en su tratado de 1846, el verdadero cristianismo, el comunismo era lo mismo que el cristianismo en su pureza de origen.

 

En relación con los primeros escritos de Fourier “ el socialismo” comenzó como un intento de descubrir un sucesor… para la iglesia cristiana.

 

La Gran enciclopedia soviética definía la Felicidad como:

 

Conciencia del espíritu humano de ese estado de ser que se corresponde con la mayor satisfacción interior respecto a la situación en la propia conciencia, con una vida plena y con sentido, y con la realización del proyecto vital individual.

 

Marx: Si en la vida hemos elegido aquella posición desde la que más podemos hacer por la humanidad, ninguna carga podrá doblegarnos, porque siempre serán sacrificios por el bien de todos; así que no experimentaremos una alegría insignificante, limitada o egoísta, sino que nuestra felicidad permanecerá a millones de personas, nuestros actos vivirán silenciosa pero permanentemente en el trabajo, y sobre nuestras cenizas se verterán las cálidas lágrimas de la gente noble.

 

Marx: superar la religión como felicidad ilusoria del pueblo es exigir su autentica felicidad.

 

Al igual que durante siglos los creyentes se habían sacrificado por Cristo, ahora a los individuos se les pedía que se inclinaran ante el hombre. Según Stirner, la asunción de una vocación, la obligación de servir a la humanidad, se derivaban únicamente de una concepción del deber religioso.

 

Engels “ todos los individuos luchan por ser felices y la felicidad del individuo es inseparable de la felicidad colectiva.

 

Benjamín. “ La reflexión nos demuestra que nuestra imagen de la felicidad está profundamente coloreada por el tiempo que el curso de nuestra propia existencia nos ha asignado. El tipo de felicidad que puede despertar nuestra envidia sólo existe en el aire que hemos respirado, entre personas a las que podríamos haber hablado, en mujeres que se nos podían haber entregado. Dicho de otro modo, nuestra imagen de felicidad está indudablemente vinculada a la imagen de redención.

 

La Gaya Ciencia.

 

Darwin: los seres humanos quizá estuvieran cautivos de los motivos ocultos que los gobernaba, quizá fueran esclavos de su animal interior.

 

Schopenhauer despertó en Nietzsche un anhelo de liberación, un anhelo de convertirse en lo que era y en lo que podía ser. Y, lo más importante, también planteaba la posibilidad de que el arte pudiera ser el vehículo para su transformación.

 

Para Nietzsche Sócrates es el gran ejemplar del hombre teorético, el arquetipo del optimista teorético, que se atrevió, sin ayuda de nadie, a cuestionar todo el mundo helénico.

 

Para Nietzsche, ésta es la grandiosa ilusión metafísca que ocupa el núcleo de las enseñanzas socráticas, animando su trinidad capital. La virtud es el conocimiento; todos los pecados surgen de la ignorancia; sólo los virtuosos son felices.

 

Nietzsche: Así es como al animal hombre se le acaba por enseñar a avergonzarse de todos sus instintos. De camino hacia su conversión en ángel… el hombre ha ofendido el estómago y ha ensuciado su lengua hasta el punto de que no sólo la alegría y la inocencia de los animales les parece repugnantes, sino que la propia vida le resulta desagradable.

 

La alegría se quiere a sí misma, dice Zaratustra, quiere eternidad, quiere recurrencia, quiere que todo sea idénticamente eterno.

 

Vivir es luchar, sufrir y anhelar, y que, al fin y al cabo, la felicidad humana está relacionada con esa lucha. Que poco sabéis de la felicidad humana vosotros, personas cómodas y benevolentes, porque la felicidad y la infelicidad son hermanas e incluso gemelas que, o crecen juntas o, como en nuestro caso, nunca crecen. El hombre no lucha por el placer, sino por el poder, añade Nietzsche.

 

La satisfacción sin límites de cualquier necesidad se presenta como el método más tentador de conducir la propia vida, reconocía Freud, pero comporta poner el disfrute por delante de la precaución y no tarda en propinar su propio castigo.

 

Freud tenía en mente la clase de renuncia ascética practicada por los santos. Pero, una vez más, juzgaba que la estrategia era deficiente. Si triunfa, el sujeto también ha… renunciado a todas las demás actividades: ha sacrificado su vida; y siguiendo otra senda, sólo ha logrado, una vez más, la felicidad de la quietud. El remedio era peor que la dolencia que pretendía curar.

 

Mucho más prometedores, según Freud, eran los placeres que se podían obtener mediante la sublimación y los saludables desplazamientos de la libido que conlleva trabajo creativo y productivo. Freud recomendaba la actividad profesional, especialmente el trabajo físico e intelectual, por ser fuente de especial satisfacción, sobre todo cuando se elige libremente. Ninguna otra técnica de conducta vital vincula al individuo tan firmemente a la realidad, sostenía. Y aunque el trabajo para Freud  no estaba suficientemente valorado por los hombres como vía hacia la felicidad, merecía serlo.

 

Según Freud, la felicidad es la realización tardía de un deseo prehistórico o infantil. En cualquier caso, aceptaba que quizá el amor erótico se acerque más a este objetivo ( el de la realización positiva de la felicidad) que cualquier otro método.

 

Freud: nunca estamos tan indefensos frente al sufrimiento como cuando amamos, nunca tan absolutamente infelices como cuando hemos perdido al objeto amado o su amor.

 

Un mundo feliz de Huxley sigue conmocionado con su retrato de una anodina sociedad de consumo regida por el principio de placer, la gratificación inmediata y el culto a la juventud. A los ciudadanos se les alienta a erradicar en la medida de lo posible lo desagradable, en lugar de aprender a soportarlo, los conduce el indefectible atractivo de la prosperidad, la satisfacción sexual y la eterna juventud, y los condiciona la necesidad de abolir la culpa, la memoria y el remordimiento. Esta es la felicidad de los últimos hombres de Nietzsche: una felicidad, que libres de sus vínculos finales con la virtud, la trascendencia y el desarrollo de uno mismo, se ve reducida por fin y únicamente a la comodidad de sentirse bien.

 

Primo Levi: Durante la vida, tarde o temprano se descubre que la felicidad perfecta es irrealizable, pero sólo unos pocos se paran o piensan en la antítesis: que la infelicidad perfecta es igualmente inalcanzable. Los obstáculos que impiden la realización de estos estados extremos son de la misma naturaleza: proceden de nuestra condición humana, opuesta a todo lo infinito. Nuestro conocimiento del futuro, siempre insuficiente, se opone a ello, y a esto se llama en unos casos esperanza y en otros incertidumbre sobre el día siguiente. La certeza de la muerte se opone a ello, porque pone límites a todas las alegrías, pero también a todos los sufrimientos. Los inevitables afanes materiales se oponen a ello, porque al envenenar cualquier felicidad duradera, con la misma diligencia nos apartan de nuestros infortunios, y hacen que nuestra conciencia de ellos sea intermitente, y por tanto, soportable.

 

Victor Frankl, por su propia experiencia en Auschwitz le llevó a la conclusión que las dimensiones del sufrimiento humano son absolutamente relativas. Que una cosa insignificante puede reportar la mayor de las alegrías. Vislumbrar una montaña o contemplar el espectáculo de una puesta de sol constituía sublimes recordatorios de lo hermoso que podía ser el mundo.

 

Las imágenes de felicidad artificial no hacen más que reforzar la tristeza, la culpa, y la sensación de incapacidad auténticas que sienten los que no pueden encontrarla en sí mismos para participar en ese regocijo.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DE la felicidad en Aristóteles

 
 
  

DE LA FELICIDAD EN ARISTÓTELES

 

 

          El amor, en efecto, tiende a ser una especie de exceso de amistad, y éste puede sentirse sólo hacia una persona, y así una fuerte amistad sólo puede existir con pocos.

 

    Todos los sentimientos amorosos proceden de uno mismo y se extienden después a los otros.

 

        Lo más hermoso es lo más justo; lo mejor, la salud, pero lo más agradable es lograr lo que uno ama.

 

     La felicidad es una cierta actividad, y la actividad evidentemente, es algo que se produce, y no algo como una posesión.

 

         El hombre feliz necesita amigos.

 

– También se dice que el tiempo revela al amigo, y las desgracias más que la buena suerte.

 

 

– El hombre verdaderamente feliz vivirá también muy agradablemente, y los hombres no en vano exigen esto.

 

 

         Debe decirse que nada viene de la suerte, a pesar de que nosotros, cuando hay otra causa y no la vemos,  decimos que la suerte es causa.

 

         De manera que las acciones que proceden de la ira y el apetito son propias del hombre. Entonces es absurdo considerarlas involuntarias.

 

           Vivir bien y obrar bien es lo mismo que ser feliz.

 

  – pues el que huye de todo y tiene miedo y no resiste nada se vuelve cobarde, el que no teme absolutamente y se lanza a todos los peligros temerario;  asimismo, el que disfruta de todos los placeres y no se abstiene de ninguno, se hace licencioso, y el que evita todos como los rústicos, una persona insensible.

 

  Afirmo, amigo, que el hábito es práctica duradera, y que acaba por ser práctica duradera.

 

           La mayoría de la gente es olvidadiza y desea más recibir que hacer favores.

 

   Es agradable, del presente la actividad; del futuro la esperanza; del     pasado la memoria, y lo más agradable e, igualmente amable, el resultado de la actividad.

 

– Una ciudad está en concordia cuando los ciudadanos piensan lo mismo sobre lo que les conviene, eligen las mismas cosas y realizan lo que es de común interés.

 

 

  

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

ETICA DE SPINOZA

 
 

ETICA.

 

DE : BURUCH  SPINOZA.

 

 

A partir de un curso del pensamiento de Gilles Deleuze me atreví a conocer el pensamiento de Buruch Spinoza, de quien el primero realiza una lectura del otro. Me dije a mí mismo que debía dejar toda modestia, no sé cuantos estudios sistemáticos y libros se han realizado del  segundo, pero quería simplemente anotar las frases del texto de la Etica que me gustaron, un poco escribirlas con tal de roerlas en el pensamiento.

 

 

Voluntad y razón se armonizan en unidad creadora. Para la verdad quiere vivir, por la verdad quiere actuar.

 

pequeña anotación:cabe la frase de Jenófanes que de la verdad segura no la podremos saber, pero en su búsqueda se halla lo mejor.

 

-Lo que se hace de prisa perece de igual modo.

 

-Nada hay contingente en la naturaleza, todo está determinado por la necesidad de la naturaleza divina de existir y producir un efecto de cierta manera.

 

-La voluntad, lo mismo que el entendimiento, es un cierto modo de pensar.

 

-Diremos ahora que la única razón de llamar a una cosa contingente es una falta de conocimiento de nosotros.

 

-Para demostrar ahora que la naturaleza no tiene fin alguno prescrito a ella y que todas las causas finales sólo son ficciones de los hombres, no serán necesarios largos discursos.

 

-Que el poder de Dios no es otra cosa que la esencia activa de Dios.

 

-El alma y el cuerpo, son uno solo y el mismo individuo que se concibe tan pronto bajo el atributo del pensamiento como bajo el de la extensión.

 

-En tanto el alma imagina los cuerpos exteriores no tiene de ellos conocimiento adecuado.

 

-La duración de nuestro cuerpo depende, pues del orden común de la naturaleza y de la constitución de las cosas, que este conocimiento es en nuestra alma extremadamente inadecuado.

 

-No puede, pues haber nada positivo en las ideas a causa de lo cual sean llamadas falsas.

 

-La fuerza, sin embargo, por la que cada uno persevera en la existencia, se sigue de la necesidad eterna de la naturaleza de Dios.

 

-La voluntad y el entendimiento son una sola y misma cosa.

 

-Esperar y soportar con alma igual uno y otro aspecto de la fortuna, puesto que todas las cosas se siguen del decreto eterno de Dios, con la misma necesidad que se sigue de la esencia del triángulo que sus tres ángulos equivalgan a dos rectos. Esta doctrina es útil en la vida social porque nos enseña a no odiar ni despreciar a nadie, a no burlarnos ni sentir cólera contra persona alguna, a no envidiar a los demás. Enseña también a cada uno a estar contento con lo que tiene, y ayudar a su prójimo, no por una piedad femenil, por parcialidad o superstición, sino sólo bajo el gobierno de la razón, es decir, según demanden el tiempo y la coyuntura.

 

-Nadie ha determinado hasta hora lo que puede el cuerpo.

 

-Esto demuestra bastante que el cuerpo puede únicamente por las leyes de su naturaleza ejecutar muchas acciones que causan asombro a nuestra alma.

 

-Nada está menos en poder de los hombres que contener su lengua y nada pueden hacer menos que dirigir sus apetitos.

 

-El alma padece solamente porque tiene ideas inadecuadas.

 

-Cada cosa, en tanto que es en sí, se esfuerza en perseverar en su ser.

 

-El deseo es el apetito con conciencia de sí mismo.

 

-El alma, en tanto que puede, se esfuerza en imaginar lo que acrecienta o secunda la potencia de obrar del cuerpo.

 

-El amor no es otra cosa que un gozo que acompaña la idea de una causa exterior, el odio es sólo una tristeza a que acompaña la idea de una causa exterior.

 

-La esperanza no es otra cosa que un gozo inconstante nacido de la imagen de una cosa futura o pasada cuyo resultado es tenido por dudoso. Por el contrario, el temor es una tristeza inconstante nacida igualmente de una cosa dudosa. Si se quita la duda de esas afecciones, la esperanza se convertirá en seguridad y el temor en desesperación.

 

-La opresión de conciencia, en fin, es la tristeza opuesta a la expansión de ánimo.

 

-El que imagina que lo que ama está afectado de tristeza, está afectado igualmente por ella, y esto tanto más cuando esta afección haya sido más grande en la cosa amada.

 

-Miramos también con estima  al que ha hecho bien a nuestro semejantes o nos indignamos contra el que les ha causado perjuicio.

 

-La envidia, que no es otra cosa que el odio mismo en tanto se le considera como disponiendo a un hombre a alegrarse del mal de otro, y a contristarse con su bien.

 

-Y así nos esforzamos en librar de su miseria a la cosa que nos inspire conmiseración.

 

-Nos esforzamos en procurar que sobrevenga todo lo que imaginamos conduce al gozo, por el contrario, nos esforzamos en alejar o destruir todo lo que imaginamos le es contrario o conduce a la tristeza.

 

-Nos esforzamos en hacer todo lo que imaginamos aman los hombres y han de ver con gozo.

 

-Amantes: queremos esperar y temer al propio tiempo; es de hierro el que ama con permiso de otro.

 

-Cuando amamos una cosa semejante a nosotros, nos esforzamos, cuando nos es posible, en conseguir que ella nos ame a la vez.

 

-La tristeza disminuye o reduce la potencia de obrar del hombre, es decir, el esfuerzo que realiza el hombre para perseverar en su ser.

 

-Llamamos buena las cosas que deseamos, por consiguiente llamamos mala la cosa que tenemos aversión.

 

-Que estamos dispuestos por naturaleza a creer fácilmente lo que esperamos, difícilmente aquello que sentimos miedo, y a hacer de ellos respectivamente demasiado o demasiado poco caso.

 

-Que no hay esperanza sin temor ni temor sin esperanza.

 

-La envidia es el odio mismo, es decir, una tristeza, en otros términos, una afección que reduce el esfuerzo de un hombre o su potencia de obrar.

 

-El deseo es la esencia misma del hombre en tanto es concebida como determinada a hacer alguna cosa por una afección cualquiera dada en ella.

 

-Entiendo, pues, por la palabra deseo, todos los esfuerzos, impulsos, apetitos y voliciones del hombre, que varían según la disposición variable de un mismo hombre y se oponen unos a otros cuando el hombre es arrastrado en diversos sentidos y no sabe a cuál inclinarse.

 

-El gozo es el paso de un hombre de una menor perfección a otra mayor.

 

-La satisfacción de sí mismo es un gozo nacido de que el hombre se considera a sí mismo y a su potencia de obrar.

 

-La humildad o la modestia es un deseo de hacer lo que agrada a los hombres y de no hacer lo que les desagrada.

 

-La ambición es un deseo inmoderado de gloria.

 

-Llamo impotencia a la impotencia del hombre para gobernar y reducir sus afecciones… cuyo poder sobre él es tan grande que le obliga a menudo a que, viendo lo mejor, haga lo peor.

 

-Por consiguiente, una afección sólo puede ser destruida o reducida por una afección contraria y más fuerte que ella.

 

-Que el principio de la virtud es el esfuerzo mismo para conservar el ser propio, y que la felicidad consiste en que el hombre pueda conservar su ser. Que la virtud debe ser apetecida por sí misma, y que no existe cosa alguna más valiosa que ella o que nos sea más útil, a causa de la cual debiera ser apetecida.

 

-Nada, pues, más útil al hombre que el hombre.

 

-Cuanto más nos esforzamos en buscar lo que es útil, es decir, en conservar nuestro ser, y más tenemos el poder de conseguirlo, más dotados estamos de virtud; y, por el contrario, en la medida en que emitimos conservar lo que es útil, es decir, nuestro ser, somos impotentes.

 

-No se puede, pues, decir que los hombres concuerdan en naturaleza en tanto están sometidos a las pasiones.

 

-Podemos, por consiguiente, concebir un dolor tal que, reduciendo el placer, le impida que sea excesivo y haga en esta medida que no disminuya la aptitud del cuerpo, en esto puede ser bueno el dolor.

 

-La avaricia, la ambición y la lujuria, son especies de delirio, aunque no se les coloque en el número de las enfermedades.

 

-El odio no puede ser nunca bueno.

 

-La risa, como también la chanza, es un puro gozo, por consiguiente, suponiendo que no sea excesiva, es buena por sí misma.

 

-Cuanto mayor el gozo que nos afecta, más grande es la perfección que conseguimos y más necesario que participemos de la naturaleza divina.

 

-El que vive dirigido por la razón, se esfuerza, en cuanto le es posible, en compensar con generosidad o amor, el odio, la cólera, o el menosprecio que otro tiene hacia él.

 

-Cuanto más nos esforzamos en vivir dirigidos por la razón, tanto mayores esfuerzos hacemos para no depender de la esperanza, librarnos del temor, dominar en lo posible la fortuna y dirigir nuestras acciones conforme  al seguro consejo de la razón.

 

-Y no podemos hacer `por el solo mandato de la razón más que aquello de que sabemos con certidumbre es bueno; la conmiseración es, por tanto, mala en sí misma e inútil en un hombre que vive dirigido por la razón.

 

-El contento de sí mismo es un gozo nacido de que el hombre considera su propia potencia de obrar. Pero la verdadera potencia de obrar del hombre o su virtud es la razón misma que el hombre considera clara y distintamente; el contento de sí mismo tiene, pues, su origen en la razón… no percibe más de lo que sigue su propia potencia de obrar; es decir, de su propia potencia de conocer.

 

-Y que sólo con gran trabajo podemos soportar una vida de oprobio.

 

-La humildad es una tristeza nacida de que el hombre considera su impotencia propia.

 

-El que se arrepiente de lo que ha hecho, es dos veces miserable o impotente. Porque el que la experimenta se deja vencer en primer lugar por un deseo malo, y después por la tristeza.

 

-El más alto grado de orgullo o de menosprecio propio es la más completa ignorancia de sí mismo.

 

-Como todos desean captarse los aplausos de la multitud, cada uno trata de rebajar el renombre de otro.

 

-Un hombre libre no piensa en cosa alguna menos que en la muerte, y su sabiduría es una meditación, no acerca de la muerte, sino de la vida.

 

-El hombre libre escoge la huida con la misma firmeza de alma o presencia de espíritu que el combate.

 

-Es pues, útil ante todo perfeccionar el entendimiento o la razón en cuanto nos sea posible; sólo en esto consiste la felicidad suprema  o la beatitud del hombre no es otra cosa que el contento interior, que nace del conocimiento intuitivo de Dios, y perfeccionar el entendimiento no es tampoco otra cosa que conocer a Dios y los atributos de Dios y las acciones que se siguen de la necesidad de la naturaleza.

 

-Los corazones no se vencen por medio de las armas, sino con amor y generosidad.

 

-El que se menosprecia está, sin embargo, muy próximo el orgullo.

 

-Los que saben el verdadero uso de la moneda, y arreglan la riqueza a la necesidad, viven contentos con poco.

 

-El que, por el contrario, dirigido por el temor hace el bien para evitar el mal, no está conducido por la razón.

 

-Que los pesares e infortunios tienen su principal origen en un amor excesivo hacia una cosa sometida a numerosos cambios y que no podemos poseer enteramente.

 

-La eternidad es la esencia misma de Dios en tanto envuelve la existencia necesaria.

 

-Por tanto, el alma tiene el poder de reducir los apetitos sensuales, precisamente a consecuencia de gozar del amor divino o la beatitud, y puesto que la potencia del hombre para reducir las afecciones consiste sólo en el entendimiento, nadie obtiene el goce de la beatitud por medio de los apetitos sensuales, sino que, por el contrario,  el poder de reducirlos nace de la beatitud misma.

 

 

 

 

 

 

Indagación del Bien

 
 Frases tomadas de Kitaro Nishida: Indagación del Bien. Barcelona: Editorial Gedisa,1995.
 
 
  Para conocer una cosa debemos amarla y para amar una cosa debemos conocerla. Los artistas al amar la naturaleza, al unirse con ella y al sumergir su yo en ella pueden penetrar la verdad de la naturaleza.
 
 
 La verdadera felicidad es en realidad algo que se obtiene mediante la realización de los ideales. Los griegos consideraron que lo bueno y lo bello eran idénticos. Por eso Boehme dijo que el cielo está en todas partes: el cielo está donde uno se halla o adonde uno vaya:
en virtud de la más profunda vida interior uno llega a Dios.