Sé que volviste en el momento oportuno como si quisieras negar el azar para impedir una huida y estuvieses cada día en una espera en la cama en la dicha de lo cotidiano de una conversación traslucida con el mismo silencio, pues desde el inicio ya nos sabíamos y no existe la huella de un reclamo cuando caminas con el asombro de las cosas del mundo y ambos deseamos que se cumplan el sueño de cada quien, con la confianza que el mismo querer pudiera volver a unirnos a pesar de la distancia.
Tuve que quemar al frente tuyo una constitución de una realidad de normas incumplidas para parar el mismo amasijo retórico habitual, aunque sé de la importancia de los límites ante una impiedad que acaba el amor, de un terror que calcina y hace irreconocible unos cuerpos, como de una venganza que hace prisioneros a los hombres. Tú no eres la replica de ningún otro sino un orgullo de una protesta viva que incluye una diferencia, con una pasión que se recrea en sus placeres.
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