Cuerpos

Al abrir el espectro para superar estar bajo el cero o el uno se abre un abanico de posibilidades de vivir mejor para quienes el binarismo sexual simplemente resulta una constricción a la expresión subjetiva, tal como sostiene Judith Butler el género resulta de una actividad performativa y una categoría confusa donde la proyección externa puede contradecir la misma anatomía biológica. Un muchacho que desde pequeño le gustaba contornear las caderas y le gustaba vestir en el colegio como si fuera de caza al África y llevar maricartera le puede costar la muerte simplemente por salirse de una inflexible norma social construida y negarse aceptar los ritos de paso como hombre.

Igual, una muchacha desde su tierna infancia le gustó la libertad de encaramarse en árboles, pisar sin miedo las calles de su barrio, rechazar de plano cualquier juego con Barbies, cuestionar los mitos de Blanca Nieves y la Cenicienta y los parámetros esclavizantes de belleza donde siempre se sentirá como un patito feo o estar bajo la presión de cirugías para obtener una mirada que aprueba. Y aunque, igual existe una seducción bajo una negociación consensuada, al descubrirse los valores simbólicos y de intercambio que se esconden detrás del matrimonio, dicha muchacha podrá experimentar con su cuerpo y bajo la ingesta de testosterona ahora llamarse Paul sin dejar de estar al alcance de un “ sujeto universal” y cuestionar un régimen político de una heterosexualidad obligatoria anclado en el discurso religioso, jurídico y médico de la psiquiatría .

Igual, una muñeca de trapo rota se puede remendar ante el tótem de un simbolismo muerto, una víctima pasar a convertirse en victimario y bajo la presión de un rol social llevar el estigma del perdedor y del fracaso en un medio donde las masculinidades están asociadas a la violencia y las mujeres con justa razón demandan equidad e intervención en el espacio privado ante la impunidad de feminicidios que subyugan a las vivas y provienen en un gran porcentaje de parejas y ex parejas en “relaciones asfixiantes” que muchas veces repiten una dinámica.

El sujeto cartesiano antes de pasar por la gramática lo hace en la sensibilidad en la misma certeza del tacto y de su propia materialidad. El yo se entiende a partir de un tú y de un nosotros en relaciones de interdependencia que garantizan la propia supervivencia humana y la misma posibilidad de estar bien, que supera la unidad discreta de un sujeto liberal. Ante la misma precariedad mujeres, trans-mujeres, queers, indocumentados, estudiantes, víctimas de racismo y de la guerra, sin techo poseen la posibilidad de correr el riesgo y ponerse en la línea de fuego para reunirse como cuerpos en búsqueda de un reconocimiento en la lucha por garantía de derechos y de transformaciones sociales.

 

Mandela

El efecto que tuvo la liberación de Nelson Mandela después de veinte siete años en prisión y convertirse en un fenómeno de masas tanto en Dar es Salaam, el Cairo, Londres y New York como en su mismo pueblo se debió a los principios de defensa de dignidad humana que defendió contra una política de supremacía blanca, que implicaba la inferioridad de los negros.

Como el mismo dijo no se trataba de ¡echar los blancos al mar! sino de armonizar y de poseer iguales derechos políticos. Su misión después de salir de la cárcel fue liberar tanto al oprimido como al opresor dentro de un camino aún más largo y difícil. Según su concepción, ser libre no es simplemente desprenderse de las cadenas, sino vivir de un modo que respete y aumente la libertad de los demás.

Desde pequeño aprendió que humillar a otra persona es hacerle sufrir un destino innecesariamente cruel e intentó derrotar a sus oponentes sin deshonrarles. En la escuela escuchó al poeta Krune Mqhayi decir: “ la azagaya representa toda la gloria y la verdad de la historia africana; es un símbolo del africano como guerrero y como artista”.

Con la carta del Atlántico, firmada por Roosevelt y Churchill en 1941, se propagó un conjunto de principios democráticos por todo el mundo y en una noche de 1943 escuchó de Anton Lembede, uno de los fundadores del Congreso Nacional Africano, afirmar cómo el complejo de inferioridad era el mayor obstáculo para la liberación.

Frente a las políticas de segregación del National Party el Congreso Nacional Africano se planteó el boicot, la huelga, la desobediencia civil y la no cooperación como formas de lucha, pero una lección aprendida fue que el opresor determina la naturaleza de la misma. La no violencia no había servido para poner coto a la agresión del Estado ni para cambiar la actitud de los opresores. No se puede enfrentarse a una bestia salvaje con las manos desnudas.

Ante su detención Mandela supo del poder de la conciencia y que él mismo era un símbolo representante de los grandes ideales de libertad, justicia y democracia en una sociedad que deshonraba tales virtudes y comprendió que podía continuar la lucha incluso desde dentro de la fortaleza del enemigo. Por ello, la cárcel no pudo destruir su espíritu y resolución de prisionero.

Allí descubrió que todos los hombres, incluso lo hombres más fríos en apariencia, tienen algo de decencia, y que si se consigue llegar a su corazón son capaces de cambiar . Logró mantener la esperanza intacta y antes del salir del encierro pudo cultivar cebollas, berenjenas, repollos, coliflores , alubias, espinacas, zanahorias, pepinos y otros. Tener una pequeña huerta con casi novecientas plantas.

Receta

El gran reto consiste en crear un crecimiento económico con equidad. Estados Unidos tuvo sus momentos de gloria después de la segunda guerra mundial, las ganancias salariales y la seguridad en el empleo alimentaron el consumo, el mismo Plan Marshall sirvió para crecer sus exportaciones y el sendero de prosperidad se mantuvo hasta la década del sesenta del siglo pasado. No obstante, la ralentización de la economía de la década de los setenta y los ochenta coincidió con disminuciones en productividad, reducción de los salarios como pérdida de derechos laborales.

Posiblemente el recorte de los bienes públicos a partir de los sesenta sea la consecuencia de lo anterior. Incluso varios teóricos como Paul Romer creó un nuevo modelo, donde puso el progreso tecnológico en el epicentro mismo del crecimiento frente a la productividad decreciente asociada a los agregados de capital físico y humano . Las interdependencias entre las nuevas ideas y las nuevas inversiones salen airosas ya que crean perspectivas más brillantes para una prosperidad a largo plazo.

Esta nueva teoría acentúa el carácter complementario de la acumulación del capital y del progreso técnico, de la inversión pública y privada y de la forma cómo se organiza la producción. En fin, una constelación de productividad alta, salario alto y avances institucionales ofrecen la posibilidad de un camino ancho con equidad.

Sin embargo, la constante crisis de capitales lleva a la necesidad de ponerle orden a la globalización y manejar el sistema mundial con mayor eficacia y una de la formas específicas sería imponer un “ impuesto Tobin” a las transacciones financieras, que al aumentar los costos de las transacciones, frenarían los excesos especulativos. El otro gran reto consiste en mundializar los derechos y las normas laborales, sin institucionalizar una protección velada contra las exportaciones de países con ingresos bajos.

Para Gorbachov el fin de la guerra fría era poder acabar la alocada carrera armamentística, para en el caso de Estados Unidos poder orientar una mayor inversión pública en investigación médica, educación, biotecnología y tecnología de trasporte, así como la creación de una infraestructura para reconstruir ciudades, corregir riesgos ambientales, remodelar aeropuertos , autopistas más seguras e inteligentes, así como ferrocarriles de alta velocidad. Desafortunadamente Occidente evitó darle apoyo al glasnost y a la perestroika lo cuál alimentó frustración en dicha zona para dar paso a un autoritarismo de nuevo cuño.

Posiblemente en el presente Estados Unidos viva una crisis de sus valores fundacionales y sin los principios de rectitud que propuso Woodrow Wilson la “ excepcionalidad” y “la moralidad” que ha caracterizado dicho país caen en un lugar vacío, sin que pueda estar a salvo de la miseria que él mismo se ha encargado de producir, por más que cierre puertas o construya muros.

Vale recordar el discurso de renuncia de Jacobo Arbenz en 1954, como presidente de Guatemala, al cuestionar la justificación del comunismo para acabar un gobierno de carácter democrático y humanista, que sólo dejó la esperanza rota en un país y tantos años de soledad. Igual, sin responder al desafío global de poner el fin al hambre y la pobreza, cualquier lugar de la periferia podría comenzar una guerra del fin del mundo.

Gatosauro.

A veces se cree que se puede vivir en medio de una burbuja, que en ningún momento tocará tomar un camino desconocido, abandonar la familia, amistades y conocidos ante la penuria generalizada de un país o dejar otro por la misma violencia política, pero ¿ cómo los recursos se pueden convertir en una maldición?

Tal vez se habla poco de la transformación de la China que en treinta años logró modificar las condiciones de vida de quinientos millones de personas, pero un líder como Deng Xiaoping constató que en el Gran Salto Adelante más de treinta millones de personas murieron por hambre, y frente a la imposibilidad de la disensión ideológica de la Revolución Cultural abrió posteriormente un espacio de reformas económicas, que a la vez de reconocer los logros de Mao Tse Tung para unificar y lograr la independencia de un pueblo, lo llevaría por una senda de paz y desarrollo precisamente a través del incentivo económico, descolectivizar la propiedad agraria, abrirse al mundo y descentralizar.

El éxito se ha cimentado sobre la capacidad de imitar y aprender, abrirse a la innovación y a la “destrucción creadora”, y a pesar de las dificultades presentes en inequidad social, los espacios ganados en supremacía tecnológica lo llevarán a alimentar su propio mercado interno una vez que desaparezcan las ventajas obtenidas mundialmente por mantener la devaluación de su moneda.

El liderazgo político implica visión y metas a largo plazo bien definidas en un terreno como el nuestro donde resulta fácil caer en una completa disfunción gubernamental y una corrupción generalizada e institucionalizada, como afirmó Deng: “ hacer que el gato case ratones, independiente que sea blanco o negro” porque las consecuencias de fracasar en las políticas sociales y económicas saltan a la vista, en términos de escasez y pérdidas de capacidades humanas.

Y pesar que en buena parte de occidente vivimos en un período de olvido de las virtudes cívicas, donde en el espacio público igual importa la verdad o la mentira, como lo recuerda Amartya Sen, la democracia aparece como fuente de oportunidades sociales para el ciudadano de a pie y provoca una respuesta social a las necesidades sociales y por medio del debate y la libertad de expresión conceptualiza las propias necesidades económicas.

 

 

 

 

Utopía

Cada vez existe más la imaginación social se dificulta ante un mundo distópico de diablos que crean guerras para vender armas e imágenes apocalípticas de un mundo que se calienta, glaciares que se derriten, animales que se extinguen, islas que desaparecen, selvas que se queman para darle espacio al ganado, huracanes que desnudan la pobreza del homo sapiens, el hambre que no desaparece de los rincones del orbe, pero al observar a Greta Thumber con su huelga escolar de los viernes por el futuro del planeta invitando a la acción, también abre un espacio para soluciones a través de la unión, la cooperación y la equidad.

Al tararear la canción chiquita de Abba queda la imagen de la fragilidad de una niña, y los esfuerzos de una madre por cargarla a tun-tun, leerle cuentos antes de cada noche antes de ir a dormir con cada frase de cariño y brindarle un capital cultural que la amortigüé ante las adversidades de la vida.

Existe formas de romper los paradigmas del pensamiento único, desde la época precolombina existieron agriculturas alternativas de mayor diversidad de abastecimiento y con mayor capacidad demográfica. Los españoles fueron los que trajeron un régimen carnívoro al nuevo mundo que rompió el modelo alimentario indígena de raíces y pescado, mucho más rico en calorías y proteínas, como lo atestigua hoy los Aguaruna en la selva amazónica del Perú, pero tal vez sea difícil cambiar hábitos de dieta, cuando incluso en la Nueva Granada en 1755 se habló de la grave consternación por la falta de carne.

En el presente los colonos en el sur de Colombia les gana la necesidad ante la conciencia frente a especuladores que también se aprovechan de tierra barata, pero igual los primeros podrían aprender de la experiencia de Chico Mendes en Brasil quien enseñó a la comunidades a ver la selva como fuente de recursos y a defenderla de los embates de un falso progreso. El mismo movimiento Sin tierra entendió que ser campesino es ante todo un proyecto de vida, una forma cultural. Con su lucha han defendido el derecho al alimento y una democratización agraria en búsqueda de una sociedad más equitativa para superar la misma esclavitud y la explotación.

La misma biodiversidad del Amazonas es su misma riqueza, y desde los tiempos de José Celestino Mutis la Corona española se interesó en inventariar su fauna y flora incluso para hallar plantas que sirvieran para curar enfermedades.

Grabado

A pesar que Cronos se come a sus hijos, después del cuchillo y la metralla que de tajó cortó la vida de cuatrocientos menores en El Mozote el 11 de diciembre de 1981, todavía quedan unas preguntas: ¿ Por qué sucedió? ¿ La venganza? ¿ El miedo por el terror para dominar el enemigo? ¿El despojo? ¿Tendrán que seguir muriendo civiles inocentes en las guerras modernas ya que la población es el objetivo?

Y con ello la memoria puede ser un fármaco para curar, un espacio para crear conciencia crítica, reconstruir y transformar, al igual un veneno para abrir heridas y nuevas venganzas.

Independiente que exista la ley de la gravedad,   la posibilidad de investir un futuro también radica en saber leer, y aprovechar los oportunidades del presente, aprender de las asperezas del pasado, incluso en los momentos de derrumbe, y de atreverse a ambicionar: que la historia puede dejar de ser el eterno retorno de lo mismo, ubicarse sin temor donde encontrar la diferencia en una lucha constante contra lo insoportable.

El camino podrá tener dificultades, pero también grandes satisfacciones, como Víctor Frank después de haber vivido en un campo de concentración encontró el sentido en una puesta de sol que inauguraba una nuevo amanecer.

 

 

 

 

Anotaciones

Creo que la forma de concebir el pasado adquiere otra dimensión con las nuevas preguntas que se le hacen al presente. Épocas que se consideraban turbias, que se querían mantener en el desván, aparecen con un ímpetu diferente debido a la misma perspectiva con que se miran las cosas. Los logros obtenidos se debieron al período de prueba anterior, pero antes tuvo que pasarse por múltiples caídas, inseguridades y espejismos hasta que aparece una voz propia.

A veces se toman decisiones sin considerar las consecuencias, simplemente se llega al límite de lo soportable para lanzarse a otra oportunidad que es otro infierno, con las posibilidades de quedarse en el abismo, que obliga a la ruptura y amalgamar la grieta hasta que por fin se alcanza un estado de flujo- la vida que se quiere llevar, que es una estética- para decir ahora, como los libros de autoayuda, que todo depende de la actitud y la forma como se reaccione ante los problemas.

Un buen maestro quien educó a sus hijos en su casa abre puertas y nuevas formas de sensibilidad ante el el arte y la filosofía, pero quien aprende también adquirió crítica, lo cuál también resulta un buen síntoma de inconformidad y autoexpresión, pero tampoco puede saber lo que no le ha tocado vivir, y puede idealizar una escuela como un encuentro de pares, cuando en realidad existe la posibilidad de un ambiente de uniformización donde se encuentra una violencia simbólica y muchas veces la soledad del niño.

Parece polémico decirlo, pero el docente muchas veces sobrevive en la institución educativa ante el malestar de la cultura. En una escuela caótica y cerrada el estudiante se resiste y le pega una patada a la puerta para escapar y el buen profesor se refugia en el aula de clase creando un ambiente diferente. A veces hay que remover asientos para superar la cuadratura del círculo y hacer agujeros al discurso por donde quepa una pregunta genuina de conocimiento.

Con todos los inconvenientes en la escuela se puede aprender a aprender, adquirir el habito de dedicarse a una tarea, darle juego al deseo en lo que se quiere conocer y desarrollar la paciencia y la perseverancia con el ritmo propio mientras una profesión abre un conjunto de inquietudes y certezas, una forma de percibir el mundo- para algunos con la joroba de una especialización- pero igual una forma de hacer en el mundo.

 

 

 

 

 

 

 

Algunos elementos de la política de primera infancia en Colombia.

La inversión social con mayor tasa de retorno es la de la infancia, dado que genera impactos duraderos relacionados con la fortaleza psicológica, la disminución de la morbilidad y la criminalidad en el ciclo de vida de las personas.

Invertir en la primera infancia puede estar asociado a un mayor nivel de ingreso, a una disminución de la pobreza y a una mejor salud; posibilitando el aprendizaje de calidad, que brinda a todos los niños y niñas una oportunidad justa de sacar adelante la vida, en especial a los más vulnerables económica y socialmente.

También, resulta una inversión para la construcción de un tejido social en un futuro cercano. Cuando Adorno habló de educación después de Auschwitz, se puede extrapolar en cierto modo al caso colombiano, lo hizo dentro de dos ámbitos: en primer lugar, educación en la infancia, sobre todo en la primera, seguidamente, ilustración general llamada a crear un clima espiritual, cultural que no permita una repetición; un clima, pues, en que los motivos que llevaron al horror se hayan hecho en cierta forma conscientes.

Aunque exista una política de primera infancia en el país su realización efectiva depende de un compromiso del gasto social que permita atender integralmente los derechos de esta población con una lógica coherente de descentralización a partir de una coordinación intersectorial e interinstitucional entre mandatarios locales, secretarias de educación, el ICBF, los delegados de los ministerios y la comunidad.

Según estudios de la contraloría general en el país existen   5. 200.000 niños y niñas entre 0 y 5 años de los cuales el 56% se encuentra en condiciones de pobreza. De esos 2.312.188, el 24% reciben una atención integral, el 41% cuenta con una atención no integral y el 34% de los niños no reciben ninguna atención. De allí, la importancia que la política de cero a siempre pueda ampliar su cobertura manteniendo su calidad, pero también que pueda garantizar su sostenibilidad convirtiéndose en una política de Estado de largo aliento, además que se incluya un paquete de planificación familiar dentro del paquete de atención.

La política ha llevado a reconocer a los niños y niñas como sujetos activos, a promover el juego y la recreación y las salas de lecturas, pero se requiere de innovación e investigación para ofertar y mejorar su canasta de servicios, de tal forma que Colombia   le apueste a un futuro en paz en el presente.

 

 

“Algunas consideraciones sobre la nacionalidad colombiana a partir del texto de La Vorágine de José Eustasio Rivera”.

Creo que en medio de una obra abierta con múltiples y diversas lecturas desde su aparición en 1924 lo importante es retomar una perspectiva necesariamente parcial del mundo posible creado por el autor. A la muerte de Rivera en 1929 comentaba Horacio Quiroga: “La vorágine es eso, por encima de sus grandes cualidades: un inmenso poema épico, donde la selva tropical, con su medio ambiente, sus tinieblas, sus ríos, sus industrias y sus miserias, vibra un pulso épico no alcanzado jamás en la literatura americana. Por una rara virtud-no tan rara, si bien se mira-tal vez no fue la evocación de la selva el punto esencial de mira del novelista al plantear el libro… conoció también la explotación del caucho… y se sigue conociendo todavía con el nombre de los “horrores del Putumayo” (1).

Dos lecturas opuestas y complementarias entre sí se perfilan en estos comentarios de Quiroga. La primera, supuestamente más apegada al proyecto ideológico del narrador colombiano, pone el acento en las condiciones de trabajo y explotación en los confines del territorio nacional. La segunda, más atenta al resultado literario finca el valor estético en la dimensión épica y mítica que en ella termina por asumir la selva. La integración de las dos partes resulta fundamental para la lectura que hago de la obra, con la cual se supera alguna crítica tradicional quienes al haber insistido en las inconsistencias y la endeblez de Arturo Cova resaltaron el carácter “anacrónico” de dicho proyecto.

Por ejemplo, Malva Filer anota: “el desarrollo de la novela denota sin duda, un fatalismo de inspiración romántica, pero muestra un proceso de auto-aniquilamiento causado por falta de auténtica energía y decisión. Pero las fantasías compensatorias de Cova no participan de la nobleza del ideal romántico… Cova parece justificar para sí el título de decadente, aunque no sea común hallar ese tipo de héroe literario en novelas cuyo escenario no sea el que corresponde a la vida urbana” (2). Por el contrario, cabe sostener que La Vorágine rompe el canon de la novela histórica en América Latina y permite considerar aspectos problemáticos de la nacionalidad colombiana.

Testimonios recogidos por Neale-Silva demuestran tanto la actualidad de los temas tratados por la novela como la verosimilitud de sus análisis sicológicos, además de la vigencia de las representaciones culturales, y muestran incluso cómo, según sus experiencias o sus formas de inserción en la sociedad colombiana de la época, estos mismos lectores atribuyeron un mismo valor de verdad tanto al proyecto novelesco como al proyecto ideológico de denuncia (3).

Lo primero que sorprende de la recepción de la Vorágine fue el ataque virulento de algunos de sus críticos. Luis Trigreros escribió: “Pero yo pienso que un escritor, si aspira a que sus obras sean factores de adelanto e influyan por manera decisiva en el desarrollo del progreso patrio, debe profesar el culto de nuestra señora la Lengua y ceñirse a las reglas y preceptos del buen hablar” (4). El mismo Eduardo Castillo afirmó que: “ La Vorágine es una novela que nació predestinada a un éxito ruidoso porque la novela con que nos brinda el parnásida de tierra de Tierra de promisión viene envuelta en uno como halo rojo de crimen y de sangre, muy propio para excitar la curiosidad de los lectores de folletín ” (5) .

José Eustasio Rivera ante la crítica por los hechos macabros presentados por la obra le respondió a Luis Trigreros: “¿No convienes, acaso, en que para recoger el ambiente de esa inmensa zona de dos mil leguas que va en mi libro, y que tú calificas de “monstruosa, atormentada y bravía”, era indispensable que la concepción artística, la acción, los episodios y hasta el estilo reflejaran las peculiaridades del medio que copian? ¿Olvidas que la tumultuosa independencia de la región se opone a la mesura, a la línea recta, a la ordenación, y sólo admite lo intempestivo, lo inesperado, hasta lo absurdo? ¿Ignoras que la naturaleza se les mete en el corazón para contagiarles su violencia, su crueldad, su amargura? ¿ Cómo se te ocurre que en un éxodo como el de La Vorágine, dadas las costumbre que pinto y los personajes que menciono, se me puedan pedir cosas sutiles, análisis anímicos, buena conducta, buenos modales? ¿He escrito, acaso, una novela ciudadana en un ambiente de salón? (6).

Rivera respondió en una de sus cartas al mismo crítico Eduardo Castillo: “Todo lo debo a mi esfuerzo, y tanto me place escribir como trepar una línea que quieren ser útiles a la sociedad y a la patria, mediante el trabajo y la corrección cívica. Ni paraísos, ni halagos del mundo bohemio, ni éxitos en veladas, ni laureles implorados en mi carrera (7).

Eduardo Neale Silva expresa que el patriotismo de Rivera quizás sea el menos comprendido de todos, pues el fervor y la vehemencia con que ansiaba la grandeza y la suya propia parecieron a muchos una simple monomanía de un hombre “raro”. Como ideal de juventud que ahora llega- declaró Rivera en Cali- debe primar sobre todo el sentimiento de quien mejor trabaja por la patria en obra de sabiduría y belleza, será siempre el que conquistará al fin un pedestal definitivo” ( 8).

En la representación que Rivera hace del ser colombiano en la obra, se encuentra problematizada por la respuesta de Arturo Cova da a don Clemente Silva ante la situación de explotación de los caucheros, que prefigura las condiciones del conflicto social y político que configurarían la sociedad colombiana a lo largo del siglo XX, la de la Violencia, y hará decir a Jorge Luis Borges cómo la identidad del colombiano es un acto de fe: “más no me aúpa la piedad del mártir, sino el ansia de contender con hombres de presa, a quienes venceré con armas iguales, aniquilando el mal con el mal, ya que la voz de paz y justicia sólo se pronuncia entre los rendidos. ¿Qué ha ganado usted con sentirse víctima? La mansedumbre le prepara terreno a la tiranía y la pasividad de los explotados sirve de incentivo a la explotación. Su bondad y timidez han sido cómplices de sus victimarios” (9). El mismo Clemente Silva advierte como seña de la identidad colombiana: “que los colombianos no tenemos precio en estas comarcas: dice que somos insurrectos y volvedores” (10).

La Violencia no es producto de la misma selva: “Nadie ha sabido cuál es la causa del misterio que nos trasforma cuando vagamos en la selva. Sin embargo, creo acertar en la explicación: cualquiera de estos árboles se amansaría tornándose amistoso y hasta risueño, en un parque en un camino, en una llanura, donde nadie lo sangrara ni lo persiguiera; más aquí todo son perversos o agresivos, o hipnotizantes. En estos silencios, bajo estas sombras, tienen su manera de combatirlos: algo nos asusta, algo nos crispa, algo nos oprime, y viene el mareo de las espesuras, y queremos huir y nos extraviamos, y por esta razón miles de caucheros no volvieron a salir nunca” (11).

Balbino Jacome expresa la situación: “peones que entregan kilos de goma a cinco centavos y reciben franelas a veinte pesos; indios que trabajan hace seis años, y aparecen debiendo el mañoco del primer mes; niños que heredan deudas enormes, procedentes del padre que les mataron, de la madre que les forzaron, hasta de las hermanas que les violaron, porque cuando conozcan la pubertad, los solo gastos de su niñez les darán medio siglo de esclavitud…¿ Y Arana que es el despojador, no sigue siendo prácticamente, cónsul nuestro en Iquitos? ¿Y el presidente de la República no dizque envió al general Velazco a licenciar tropas y resguardos en el Putumayo y el Caquetá, como respuesta muda a la demanda de protección que los colonizadores le hacen a diario? Paisano, paisanito, estamos perdidos! ¡Y el Putumayo y el Caquetá también! (12).

Creo que Arturo Cova codifica las dificultades en la representación de la nación colombiana porque por un lado, por un código de honor lleva a cabo la venganza (el rapto de Alicia y Griselda) que pone fin a Narciso Barrera, representante de las multinacionales del caucho, quien paradójicamente había reconocido en los poetas el privilegio de encadenar al corazón de la patria los hijos dispersos. En un acto, donde la violencia privada hace efectivo la justicia frente a un Estado cómplice, pero por el otro, lleva a su propio auto sacrificio en un instinto de muerte que lo lleva al vórtice de la nada. Tal como menciona Randolph D. Pope: “La destrucción del poeta ha sido concreta, y no es sólo simbólica. Esto le permite emerger de su obsesión privada y descubrir que Barrera no es solamente su enemigo sino el de todos los colombianos, que Funes no es un hombre sino un sistema” (13).

La patria misma deriva su significado del padre. Si bien la tierra es femenina, su legitimidad procede del padre y de su nombre. En el caso de la novela de Rivera revela un lugar de tensión entre lo masculino y femenino, incluso el mito de la India Mapiripana muestra la naturaleza de la Selva. La Mapiripana es una deidad fluvial, protectora de lagunas y torrentes y gracias a la cual –afirma la leyenda-tiene tributarios el Orinoco y el Amazonas. Pero el mito de esa deidad se puede asumir también como un trasunto de la historia de Arturo Cova y Alicia. Un misionero, pertinaz desflorador de indiecitas, queda prendado de la belleza y ésta, condescendiente, hace que el misionero la siga hasta las más hondas espesuras, donde lo mantuvo en una cueva. Allí debilitó su lascivia bebiéndole la sangre de sus labios y, tras quedar embarazada, da a luz un vampiro y una lechuza, con los que fustiga al misionero que, arrepentido, por fin muere, convirtiéndose su alma en una mariposa. (14) El mito también puede interpretarse como la violación de la naturaleza de la selva por un hombre civilizado en su plan de conquista y destrucción y la venganza de ésta.

De otro lado, Clemente Silva ocupa un lugar especial como padre, el “Brújulo,” se hace esclavizar de los empresarios caucheros en búsqueda de su hijo y luego estará en el rescate de sus huesos, inquiría por luz en medio de la Selva. Precisamente al respetarla sin contagiarse de la Violencia sobrevive, más bien es una víctima, incluso invita infructuosamente a Cova a abandonar su proyecto de venganza, y por el otro será el encargado de rescatar la memoria del relato, los manuscritos del poeta Cova.

Cabe resaltar que Cova se vuelve doméstico al final de la novela y asuma su rol de padre: “¡Tantos en el mundo se resignan a convivir con una mujer que no es la soñada, y sin embargo, es la consentida, porque la maternidad la santificó! Piensa que Alicia no ha delinquido, y que yo, despechado, la denigré! ¡Ven, sobre el cadáver de mi rival habrás de vernos reconciliados! Vamos a buscarla a Yaguanarí. Nadie la compra porque está encinta. ¡Desde el vientre materno mi hijo la ampara! “(15). Además, resulta sintomático que en los últimos párrafos de la novela Arturo Cova esté en la lucha contra los apestados ocupado de la joven madre y buscando un refugio donde sea fácil encontrar leche de seje para el niño.

Como advierte Doris Sommer: “si el padre es enteramente incapaz de imponerse sobre la patria y ocupar su lugar, su aspiración a conquistarla sigue siendo heroica. … José Eustasio Rivera parece querer revelarnos la pretensión y la búsqueda de una ilusoria masculinidad por parte de Cova. Quizá la mayor virtud de La Vorágine es que permite que las contradicciones o aporías del diálogo en cuestión fluyan sin tratar de incorporarlas por la fuerza en un cierto discurso totalizador y omnisciente acerca de la identidad y discursos nacionales. Anteriores “novelas” históricas son aparentemente más insistentes y programáticas” (16).

Una diferencia con las novelas históricas del siglo XIX está en el tratamiento de Rivera hace que los obstáculos sean más internos que externos: Alicia se entrega a Arturo Cova, y la familia de la joven denuncia a éste ante las autoridades por la presión de casarla con un viejo rico, y Arturo Cova queda entre la opción de aceptar un matrimonio forzado o ir a la cárcel. En esta situación la pareja decide huir hacia los llanos. Estando en los llanos descubren que Alicia está embarazada, pero ni Arturo ama a Alicia ni ésta a él (17). En cuanto a la intromisión de Barrera, hay que decir que ella no se habría presentado si los amantes hubieran permanecido fieles el uno del otro.

En conclusión, como en el mito de la india Mapiripana existe una transformación en el personaje de Cova sin garantizar que el proyecto patriarcal haya desaparecido del todo, pero tal como afirma Sommer Arturo Cova finalmente aprende que ser hombre es no negar aspectos de sí mismo que desbordan una masculinidad ideal definida por oposición a la feminidad. El se da cuenta que el otro es el mismo” (18). Sin embargo, el mismo hecho que la familia de Cova haya sido devorados por la selva muestra que era necesario para vivir como el poeta lo había dicho: “ ¡ volver a las regiones donde el secreto no aterra a nadie, donde es imposible la esclavitud, donde la vista no tiene obstáculos y se encumbra el espíritu en la luz libre! (19) .

 

REFERENCIAS.

  1. Horacio Quiroga. La selva de José Eustasio Rivera. En: Monserrat Ordoñez Vila: La Vorágine: Textos Críticos, Bogotá: Alianza Editorial Colombiana, 1987. p. 79.
  2. Malva E. Filer. Agonía y desaparición del héroe. En: Monserrat Ordoñez Vila: La Vorágine: Textos Críticos, Bogotá: Alianza Editorial Colombiana, 1987. p. 394.
  3. Ver Françoise Perus. De Selvas y Selváticos. Bogotá: Plaza y Janés, 1998. Pp.117-220.
  4. Luis Trigueros. José Eustasio Rivera, novelista y poeta. En: Monserrat Ordoñez Vila: La Vorágine: Textos Críticos, Bogotá: Alianza Editorial Colombiana, 1987.p. 55.
  5. Eduardo Neale Silva. Minucias y chilindrinas. En: Monserrat Ordoñez Vila: La Vorágine: Textos Críticos, Bogotá: Alianza Editorial Colombiana, 1987.
  6. Vicente Pérez Silva, compilador. José Eustasio Rivera, Polemista. Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1989, p. 322.
  7. Ibídem, p 99.
  8. Eduardo Neale Silva. Op cit. P. 96.
  9. José Eustasio Rivera. La Vorágine. Bogotá: círculo de lectores, 1984.p. 211-212.
  10. Ibídem, p. 168.
  11. Ibídem, p. 216.
  12. Ibídem, p. 196.
  13. Randolph D. Pope. La Vorágine: autobiografía de un intelectual. . En: Monserrat Ordoñez Vila: La Vorágine: Textos Críticos, Bogotá: Alianza Editorial Colombiana, 1987. P 406.
  14. H. Duran. Las voces de la polifonía telúrica. En: Monserrat Ordoñez Vila: La Vorágine: Textos Críticos, Bogotá: Alianza Editorial Colombiana, 1987. P 442.
  15. José Eustasio Rivera. Op cit. P. 300.
  16. Doris Sommer. El género deconstruido: Cómo releer el canon a partir de La Vorágine. En: Monserrat Ordoñez Vila: La Vorágine: Textos Críticos, Bogotá: Alianza Editorial Colombiana, 1987. P 466.
  17. Ver Fabio Gómez Cardona. Capítulo 1 de la Tesis Doctoral: Interculturalidad y Violencia étnica en la Literatura Colombiana siglo XX.
  18. Doris Sommer. Op cit. p. 466.
  19. José Eustasio Rivera. OP cit. P. 116.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La ceiba de la memoria de Roberto Burgos Cantor.

Usted aceptará que la memoria crece, extiende ramas, establece la continuidad entre el presente desamparado y un tiempo, ya sin peso, que lo precede. (1)

1. La metaficción en la novela la Ceiba de la memoria como característica de la novela postmoderna.

La Ceiba de la memoria pretende rescatar un mundo sumergido para estructurarlo como una polifonía de voces. Tiempos que se cruzan el de los campos de concentración de judíos en el siglo XX, los secuestrados encadenados en Colombia con el desarraigo de hombres y mujeres que fueron expulsados de sus pueblos en África para ser vendidos como esclavos en la Cartagena de Indias del siglo XVII. De La esclavitud en la Nueva granada y el holocausto judío, convergen en los personajes de Benjos Biohó, un esclavo cimarrón; Analia-tu-Bari, también esclava; Dominica de Orellana, lectora y esposa de un funcionario colonial; los jesuitas Alonso Sandoval y Pedro Claver; Un padre y un hijo, cuyos nombres no se mencionan, que emprenden un viaje por Europa hacia los campos de concentración nazi, y Tomas Bledsoe, un novelista en el siglo XX que interpreta a Pedro Claver y que reflexiona tanto de la esclavitud en la colonia como el de los campos de concentración , que da a entender que el sufrimiento humano no es local .

Como en la obra de las Meninas de Diego Velásquez donde el pintor se autorretrata y explicita su perspectiva de mundo, igual sucede en la obra de Roberto Burgos Cantor donde la novela está siendo creada por un personaje a su vez creado, y por efecto de espejos, de reflejo de autor, se hace latente la condición ficcional, la escritura en proceso. (2).

La novela La Ceiba de la memoria es ficción y metaficción. Existe una novela dentro de la novela y un efecto de espejo se refleja sobre Thomas Bledsoe, personaje del siglo XX que investiga sobre Pedro Claver. La posibilidad de ese reflejo es posible gracias a la autoconciencia y a la posibilidad de reflexión sobre los materiales de la ficción, de una apropiación y conciencia del proceso que permite expresarse allí mismo en la novela.

Como afirma  Kevin García, Thomas Bledsoe es un alterego de Burgos Cantor. En un permanente seguimiento de las apariciones de Thomas Bledsoe, a manera de espejo, se puede identificar el proceso creativo de Roberto Burgos: la reflexión y diseño de una perspectiva de tratamiento de la ficción, aspectos de su arte poética, el propósito de escribir la obra, el valor asignado al lenguaje, el diseño de personajes y el sentido que le dará a sus acciones; se reflejan aspectos de la metodología de trabajo como la visita a escenarios para la creación de escenografías, la indagación en archivos y las exhaustivas jornadas de imaginación literaria; así mismo, se traslucen las tribulaciones e incertidumbres del autor durante la composición de su mundo ficcional, su realidad ficticia y la relación que la ficción entablará con la realidad histórica: esa tensión entre la representación de un hecho real y las posibilidades de su distorsión ( 3).

Thomas Bledsoe se sumerge en los archivos de la época y luego de revisarlos “reconocía las zonas de sugestivo misterio que se habían abierto y que no dudaba serían iluminadas por la ficción” (4) Como afirma Fernando Ainsa la ficción contemporánea se convierte en un complemento posible del acontecimiento histórico, su posible metáfora, su síntesis paradigmática, su moraleja. (5) De tal manera, el escritor de ficciones mediante su imaginación recrea escenas que plasman los conflictos de ese momento, evoca personajes, diseña situaciones reales e imaginarias y ahonda en detalles de la realidad que al historiador le serán negados. (6)

Igualmente, Thomas Bledsoe hace comentarios sobre su propia identidad narrativa y lingüística: “(…) tuvo la inspiración de que cada realidad se asoma a la vida con una lengua propia construida de gritos y silencios, de olvidos y memorias, balbuceos y llanto, palabras que son emblema, árboles, tierras, casa, frutas, corrientes de agua, mareas y oleaje de bajamar. Realidad de palabras sin equivalencias, de historia propia, de sonidos que en la vigilia o en el sueño nombran. Aceptó que las palabras son esencia de lo que nombran, existencia de lo nombrado. Y nombrar es revelación. (7)

La obra problematiza la relación con la realidad. Thomas “Recordaba que Cartagena de Indias se movía en la arena movedizas de leyendas que oscilaban del fervor religioso a las mezquindades raciales, de la beatería religiosa a la reivindicación social. Testimonios de oídas, secretos de familia”. (8). Para evitar los lugares comunes de la historia oficial y la historia oral Burgos propone múltiples narradores y puntos de vista, retoma personajes heroicos para humanizarlos como Pedro Claver, pasando por las reflexiones de ilustración de Dominica de Orellana. Ante el fervor religioso, encarnado principalmente en Pedro Claver y Alonso de Sandoval en los albores de su muerte reflexionan sobre su labor misional y el olvido, como si no fueran capaces de detener la fatalidad.

Al relato de las mezquindades raciales cometidas por los europeos, Burgos recuerda en Dominica de Orellana, el desarraigo que también vivieron hijos y esposas de soldados y empleados de la Corona que acompañaron a sus padres y esposos al nuevo mundo, sufriendo ellos otra manifestación del destierro, indicándonos así que otra sensibilidad europea también estuvo en América. Finalmente frente al relato exclusivamente victimizante de las negritudes, Burgos presenta las tácticas de burla y resistencia para resistir el sistema esclavista. (9)

Durante la escritura de la novela sobre Pedro Claver, Thomas entraba en tensión con la realidad que descubría en los documentos, por momentos sentía que descubría su ficción. Burgos, a pesar de la libertad que le es permitida para crear su realidad ficcional, se propuso crear una relación de complementariedad, explorar aquella faceta de la literatura que entiende el arte como forma de conocimiento. Esta consideración del autor queda plasmada en la novela:

“A medida que escribía se iba articulando un mundo con los puentes y las bisagras de la ficción entre los vacíos a la deriva de la realidad y los abismos de fondo perdido. La única preocupación que lo perturbó más de una vez se anunció con una pregunta ¿la voluntad de la novela falsificaría la realidad, apenas asomada en los documentos escasos conservados en el convento y la primera notaría de la realidad?”(10) .

Las palabras incorrectas traicionan, mienten, pueden desvirtuar la conciencia del autor: “La rebelión de las palabras contra el engaño y las concesiones por piedad o lastima… lo sorprenderían cada vez. Allí estaban las verdades de los actos conservados… con las irremediables deformaciones de la historia”. (11) .

Ante una selva de incertidumbres, Burgos Cantor se adentró en los archivos de la historia e indagó sobre la actividad comercial de un puerto donde se traficaba la vida humana con un proceso de escogencia por lo verosímil: “le resultaba infructuoso intentar saber si la visión que surgía de la escritura de la novela por la lectura de documentos. Los quiso leer por un sentido de rigor que lo conducía a lo verosímil”. (12) P

A través de Thomas, Burgos Cantor afirma que el escritor podría quedar perdido en su propia construcción, sometido por el desespero y el fracaso, pero frente a la angustia lo avocará a decidir terminar su escritura o abandonarla para siempre. En medio de esa sensación Burgos cifra a través de Bledsoe su arte poética: “El arte no aspira a la perfección sino al testimonio de su búsqueda”. (13) P. 322.

Thomas se pregunta ¿Que hacía a los seres y las cosas memorables? Como lo advierte en el epígrafe de la novela, de una cita de Agustín de Hipona:” Grande es el poder de la memoria. Algo me horroriza, Dios mío, es su profunda e infinita complejidad. Tal como afirma Beatriz Sarlo la memoria desconfía de una reconstrucción que no ponga en su centro los derechos del recuerdo (derecho de vida, de justicia, de subjetividad) (14). En ese el sentido el autor construye una ceiba de la memoria de una época construida por medio de una polifonía de voces:

“Ahora lo había atrapado un presente sin vínculos, una actualidad incesante, perecedera en su suceder, que no significaba nada más allá de su provisoria fugacidad. Leyó: “La letra salva”…Lo atraía la leyenda de la prisión de Pedro, el temeroso de cobardía advertida empujando una misión que lo sobrepasaba. En el cuaderno, la primera vez que visitó la cárcel, había escrito ¿Qué hay después del tiempo? El mundo es muy viejo. El manuscrito no se lo había dejado ver a ninguno de sus amigos y él se debía una lectura íntegra y continua. Esa exploración inclemente que sirve para ajustar las variaciones sin congruencia, suprimir los excesos, corregir las rimas involuntarias y trabajar el lenguaje hasta que no sea más que palabras talladas que echan raíces en el espíritu de la época”. (15) .

Roberto Burgos utiliza la metáfora de la memoria como una ceiba que crece y echa raíces bajo la tierra, la misma tierra de los muertos, para luego extender sus ramas y manifestarse como un accionar. La memoria es entonces la acción y la escritura que simbólicamente se convierte en una ceiba.

2. Voces de la memoria.

La novela se articula en un sistema de fragmentos de voces discontinuas, diversas y disrítmicas. Existe una fragmentación del tiempo del relato, que nace en el presente, acude al pasado y se vale de un futuro. Mediante los relevos del narrador se alteran en la obra las narraciones en primera, segunda y tercera persona. Aunque el narrador omnisciente cuente aspectos de todos los personajes, la primera persona, es la voz del testimonio. La segunda persona es la voz del señalado, del enfermo que agoniza sin la posibilidad de controlar el movimiento de su cuerpo, sin la esperanza de una curación; es empleada principalmente para la narración de Alonso Sandoval. La tercera persona del narrador omnisciente recoge y articula situaciones, narra sucesos presentes y pasados. Bajo esta conjugación verbal se conoce, principalmente, la vida de Dominica de Orellana, Pedro Claver y Thomas Bledsoe.(16).

Cada personaje tiene un diseño lírico propio, una forma particular de enunciación que establece una relación con sus recuerdos. La memoria crea un espacio de resistencia y albergue de de las raíces culturales para el esclavo, pero también una forma como los personajes siembren ceibas y en ellas cifran sus memorias. Que las voces del sometido hablen en primera persona lanza el tono subjetivo que marcó la posmodernidad, de un movimiento de devolución de la palabra, de conquista de la palabra y de derecho a la palabra que se expande reduplicado por una ideología de la “sanación” identitaria a través de la memoria social o personal. (17) Las voz del jesuita Alonso Sandoval establecidas mayormente en segunda persona busca en el autor generar una distancia necesaria para identificarse con él o disentir.

Benkos Biojo pretende con ideas de liberación emprender la fundación de los palenques como una idea revolucionaria y encuentra su misión en el nuevo mundo desde el primer momento que los negreros evalúan su cuerpo y revisan sus dientes. El siempre estará regresando a su tierra natal para recuperarse del despojo total que implica su condición de esclavitud y para así mismo, asumir la resistencia. El grito de Benkos se alza como una voz definitiva que afirma la certeza de la libertad. Un grito para que el dolor se desatasque y evite que se incube el silencio porque el dolor despoja de fuerza y poder a las palabras. Grita para recuperar su nombre, para rechazar el nombre que le ponen encima de él, para que no se olvide su nombre, para llamar a sus dioses y le ayuden a poseer un mundo ajeno donde los blancos matan a los indios, los destruyen a ellos y a la fuerza quieren convertirlo en lo que no son:

“Grito para que Oyé Yansa, dueña de las centellas, me acompañe…Grito para pedirle que me deje sin memoria, como ella, porque la memoria en estas tierras tan lejanas habrá que fundarla de nuevo y liberarla de la tristeza, del peso insoportable de una lejanía sin regreso, de una separación sin las esperas de volverse a unir porque la dolencia la transformó en amputación, miembro inútil que hace aspavientos en un aire inexiste y sus restos devuelvan la impotencia de lo que desapareció y no estará” (18) .

Analia Tu-Bari es la voz femenina de la africanidad de la novela. Sus primeros monólogos aluden siempre al despojo y a la nostalgia por el continente africano después del viaje penoso y del itinerario del maltrato en la comercialización con esclavos. El mar expresa lo que perdió: sus costumbres, su condición de princesa de África, su belleza y piel de tambor, sus antepasados vivos y muertos y, lo más importante, su lengua natal que con cada palabra le permita nombrar cada cosa del mundo y así ir construyendo una identidad, que luego se reemplazaría por el silencio y el látigo. Una memoria enterrada y postrada para siempre en un territorio ajeno. Analia Tu- Bari es ante todo un fluido de conciencia donde la memoria es lo único que se tiene y la única posibilidad de asumir el nuevo mundo. (19).

“A cada azote subía más mi voz. Cantaba en la lengua del castigador y era un arrullo. Cantaba en la lengua de mi madre y de mi padre y era una imprecación. Cantaba en la voz de mis hermanos. De mis amigos. Desde los que no sabíamos desde lejos sin confundirnos. De mis muertos y de mis días allá. Canté en angola y en lucumí. En arda y en mandinga. En lindagoza y en biojó. Mis lenguas, las natales y las aprendidas. El rumor de mis ríos y el soplo de mis vientos. Los estruendos de las lluvias y el secreto mantenido de mis sueños. (20) P. 36

Analia tu-Bari y sus reflexiones a manera de monólogo, evocan una atemporalidad del recuerdo porque sus palabras son imágenes que representan un tiempo constante y duradero. Por ser ciega y libre al final de la novela, sus palabras entonadas en cualquier momento del día, se disponen a ser ceibas obstinadas a no olvidar. Una ceiba cuyos frutos, atemporales, asumirán la memoria constante de una época inhumana y atroz para la raza negra: “Y nos hacen fuerte como ceibas de semillas de ceibas que nacieron de semillas de ceiba untada de lluvias y de tormentas y de tierra de tiempos y sombra y sol y noches de luna”. (21)  Y a pesar de su destierro Analia-Tu Bari dice: “Lo que me dispongo a ser en esta tierra extraña es una ceiba. Guardadora de acciones. Una ceiba de tallo engrosado que bañe con su savia traída de estos territorios esta tierra de la cual siento ya no saldremos nunca”. ( 22) .

Dominica de Orellana es una dama ilustrada que piensa la posibilidad de que el rey se case con una negra y deambula por una ciudad desconocida y reflexiona sobre las posibilidades que ofrece ese nuevo mundo representada en una ciudad desgastada donde el tiempo, al parecer se detiene y se dobla como una lámina ante el calor y la presencia del mar. Toda su experiencia está atravesada por los nuevos ideales de la ilustración en libros prohibidos que leía y que trataba de interpretar a la luz de un puerto negrero donde llegaban forasteros a buscar aventuras y riqueza. Ella se adentra en carne propia y desea sentirle y los huesos de esos seres que llegaron, desea escuchar y contemplar el sonido del tambor cerca de los arcabucos, desea saber de qué materia están estos hechos estos seres que como ella llegaron al nuevo mundo a poblarlo de maneras diferentes.

Alonso de Sandoval, sumido por el mal de Loanda calcula que los pocos meses que le quedan de vida serán un tiempo suficiente serán para escribir una larga posdata a su libro De Instauranda Aethiopum Salute, obra que ha escrito a lo largo de su vida en Cartagena, en la cual, además de ser una guía de catequización para los negros será un testimonio frente a los oprobios de la época. Pedro Claver se entrega incondicionalmente para salvar las almas de los negros, pero ambos saben, al final, que todo lo que hicieron está condenado al olvido, que la memoria, en este caso, sólo podrá ser la salvación si se convierte en algo más, quizá en una sublevación que dinamice las formas establecidas por la tiranía y la injusticia.

3. Un puente: Viaje en el tiempo.

El autor a través del viaje por los campos de exterminio nazi en el siglo XX logra suscitar el interés por desenterrar la trata de esclavos en el siglo XVII en Cartagena de Indias y reflexionar sobre la tragedia que inunda en general al ser humano a través de los siglos: “ Más allá de los negros en Cartagena de Indias, más allá del hongo de Hiroshima, más allá del napalm en los arrozales, y la locura sin sueño en Nueva York y en Puerto Rico, más allá de lo humano, estamos aquí en el abismo de la nada, sin lágrimas y sin surco, en otro invierno en Auschwitz, resistiendo. No hay réquiem amigo. ¿Qué somos? (23)

En la obra se plasman dos alteregos de Roberto Burgos Cantor con sentidos distintos y complementarios: su vocación de escritor es representada por Thomas Bledsoe, mientras su condición de ciudadano del mundo, padre y hombre de familia es plasmada a través de la figura de este padre que viaja por Europa en compañía de su hijo.

En esta primera conexión el autor articula tres instancias para proponer una reflexión sobre el sometimiento de la libertad y la vida: el tráfico de esclavos del siglo XVII, con la acción de exterminio nazi durante el siglo XX y, a su vez, con los secuestrados encadenados de Colombia, que aunque con expresiones y fines distintos sigue manifestándose a través de los siglos.

La novela articula de forma paralela dos violencias. Leemos las imágenes de los negros muertos durante la travesía y confinados en las negrerías, y más adelante los objetos personales de los muertos de Auschwitz, a donde han llegado el padre y el hijo. Ambos visitan el mayor centro de exterminio de la historia del nazismo y se enmudecen ante los objetos de Ana Kafka. El padre se pregunta “¿En qué momento este desastre es también nuestro desastre?” y, posiblemente este recorrido realizado por Burgos haya detonado su obsesión por dar cuenta de la memoria trágica de su ciudad natal. (24 ).  Así lo sugiere la obra: “Parece que las catástrofes presentes potencian las desdichas pasadas y aparecen otra vez desde los fondos de olvidos de los tiempos sin expiación donde se apilan los crímenes, las víctimas y el dolor que no encuentran reposo.” (25).

Más adelante el autor empieza a dar sutiles pincelazos que insinúan la conexión con la violencia del país: “será correcto decir que vengo de Colombia o de la nada del viaje de Varsovia. O ambos serán la nada”. (26)  Pero, finalmente se explicita la conexión:

“En la mesa esquinera hay unos periódicos de Colombia. En la fotografía, un hombre barbado está amarrado con cadenas a los tubos de la cabecera de una cama. La foto es oscura, pero se alcanza distinguir el fondo de alambres entretejidos del marco. Encima del colchón, unas láminas irregulares de cartón. En otro periódico, una fotografía de la espesura selvática. Un corral de alambre de púas encierra a unas mujeres y hombres, vestidos con escasez, el cabello enmarañado y una flacura que pide clemencia.” (27) .

De esta forma, Burgos Cantor por medio de la revelación de la palabra nos lleva a crear actos de resistencia de respeto a la condición humana frente a circunstancias que desafortunadamente se siguen repitiendo a lo largo de tiempo, pero con diferentes expresiones y finalidades.

Notas de Pie de página.

1. Burgos Cantor, Roberto. La Ceiba de la Memoria. Editorial Seix Barral, Bogotá, 2007. P. 69.

2. García, Kevin Alexis. Raíces de la Memoria. Ficción y postmodernidad en la narrativa de Roberto Burgos Cantor, Editorial Universidad de Valle, Cali, 2014. p. 99.

3. Ibíd., p. 101.

4. ibid., p. 14.

5.. Ver Fernando Ainsa, “Invención literaria y reconstrucción histórica en la nueva novela latinoamericana”, “La invención del pasado. La novela histórica en el marco de la posmodernidad, Editorial Vervuert Verlag, Frankfurt, 1997. P. 115.

6. García, Kevin, op cit, p. 101.

7. Burgos Cantor, Roberto, op. Cit, p. 15.

8. Ibíd, p. 132.

9. GarcÍa, kevin, op cit,p. 102.

10. Burgos Cantor, op cit, p. 327.

11. Ibid, p 104.

12. Ibid, p 131.

13. Ibid, p 322.

14. Sarlo, Beatriz. Tiempo pasado. Cultura de la memoria y giro subjetivo. Una discusión. Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2005. P. 9.

15. Burgos Cantor, op cit, p. 16.

16. García kevin, op cit, p. 112.

17. Sarlo, Beatriz, op cit. P. 10.

18. Burgos Cantor, op cit, p. 47.

19. Osorio, Angela Maria. La ceiba de la Memoria de Roberto Burgos Cantor y un concepto de Africanidad, Universidad Tecnología de Pereira, Licenciatura en Español y literatura, 2012.

20. Burgos Cantor, op cit, P 36.

21. Ibid, p. 73

22. Ibid, p 74.

23. Ibid, p. 175.

24. García Kevin, op cit. P 117.

25. Burgos Cantor, op cit. P. 169.

26. Burgos Cantor,op cit. p. 400.

27. Burgos Cantor,op cit. 295.