Imaginé una belleza sin haber temido a la propia desnudez, y ya antes vestido creí dar una pirueta para terminar en un restaurante campestre, donde en un diálogo en medio de la música sonó una letra de espuma viajera, sin tener el mismo entendimiento del pasado donde a cada quien le importó el tiempo de los relojes y sólo quedó la nostalgia del instante de un orgasmo infinito que no se volvió a repetir.
Volver a dicha casa obscura del pasado para transformar el dolor en algo distinto en un poema que permita habitar la soledad, ser una estrella danzante de la noche hasta que llegue la aurora y en medio de un agua de canela doy gracias a la vida , al sol y la luna sin dejar de dar una sonrisa. Lleno el recuerdo de tu presencia y las buenas vibras de la gente que tocaste con tu alma.
Ya cicatrizó la herida sin que el elefante siga amarrado, con una lectura que trascienda el espacio y una escritura en una reflexión de una experiencia, sin temer lo efímero que consume el tiempo, pero con un redoblar que fluye como el agua para horadar la piedra de la montaña y con el fuego del corazón de una mente que observa y actúa. Desde la ventana se divisa la ciudad en una tarde de verano y queda el hábito que alivia con la bendición de una energía. La hogaza de pan que se reparte en el hogar.



