Navidad.

Tu eres una sonrisa que hace ir a una nube al magnificar una belleza para sanar una ansiedad que provoca el sonido del cuervo de la mañana, agazapado en un copa verde, y una tarde con un sol que quema en medio de fábricas y cañaduzales, pero en el viaje queda fijada la garza en su pantano y la intensidad de una vibra cósmica que va más allá y produce el milagro de descubrir una esencia que trae paz en la humildad de un pesebre con su niño dios, o la alegría del árbol con las luces y unas bolas de papá Noel. Abrazo la propia inocencia de la infancia con un mutismo vacío de tiempo congelado que en  medio de una montaña a más de dos mil kilometros metros sobre el mar  rompió el viento en medio de un casa de piedra con jardín y columpio volador para renovarse en el respiro de cada día.

Venecia.

El odio fracasó como una estrategia contra el olvido y más quedó una compasión y la memoria de una mujer emprendedora consagrada al trabajo, que con riegos defendería su casa de sus amores con un bandolero que terminó asesinado, y a esa misma puerta llegaría una nueva vida regalada y criada en la familia. Tantos años callados ante una limpieza de los que afirmaban que eran unas ratas para que se repita en ficción la misma bala de una violencia, de una historia no exenta de cortes de franela, de peleas a machete, de sicarios y de bombardeos inermes a gente del campo.

No se puede ser igual sino excelente en la diferencia para dar un salto invisible donde vuela una mariposa amarilla  cerca de un árbol y luego en campo abierto, protegido de alambres de púas, adentro los grafitis pulen el entorno con garzas y platanales y en un fermento de una utopía letreros anuncian el fin de las  discriminaciones; un estudiante  de física reluce en el parque, otro vende donuts mientras una mulata en la tienda  canta al misterio del ¡oh que será! y al día siguiente apareció en la mañana un encuentro con un joven con camisa naranja que enunció a un Cristo que resucita mientras con su sombrilla protegió de una radiación canicular.

 

Presencia.

Sé que volviste en el momento oportuno como si quisieras negar el azar para impedir una huida y estuvieses cada día en una espera en la cama en la dicha de lo cotidiano de una conversación traslucida con el mismo silencio, pues desde el inicio ya nos sabíamos y no existe la huella de un reclamo cuando caminas con el asombro de las cosas del mundo y ambos deseamos que se cumplan el sueño de cada  quien, con la confianza que el mismo querer pudiera volver a unir a pesar de la distancia.

Tuve que rasgar una realidad de normas incumplidas sin el amasijo retórico habitual, pues sé de la importancia de los límites ante una crueldad que acaba el amor, de un terror que calcina y hace irreconocible unos cuerpos, como de una venganza que hace prisioneros a los hombres. Tú no eres la replica de ningún otro sino un orgullo de una protesta viva que incluye una diferencia, con una pasión que se recrea en sus placeres.

Un instante.

Toda la ropa la planchabas en una preparación para el mañana mientras hablábamos que no había necesidad que viajara a la gran manzana, pues aquí había más que de todo cuando existió una mirada tan gratificadora para un objeto deseable y un morirse sin morirse, con la fundamental entrega y de defenderse en lo cotidiano con las ventas, pero fue inevitable las lágrimas de despedida en el colectivo sin querer ir conjuntamente hacia un abismo y tener hoy la imagen de un romanticismo ahuecado.

Pongo límites con mis manos, que tu no quepas incendiar con el fuego un organo vivo, cuando imagino un baño en soledad en pantaloneta frente a las olas de mar de una playa, y  soy  indiferente ante un espejo que tu sabes calzar; antes está recrearse en un decir poético en una estética de la existencia, donde en el presente se sigue un ardor deslumbrante y revelador para que en el futuro no existan culpas , se siga los propios pasos y el transcurrir no sea a punta de una traición y el trabajo diario sólo sea una horca.

Pechirojo.

Gracias a un misterio inefable que surge repentinamente en medio del lago; al lado del río cuando ya ha caído la noche alumbrado por un faro de la ciudad; se cruza a un vehículo en medio de una carretera con unos cómplices de secretos  para emprender vuelo o se anuncia en plena luz de un parque como si fuese el inicio de una palabra que fortifica para romper un infierno y escribir en el origen aquello que vuelve de forma diferente con cadenas que se rompen y una experiencia que cuenta para redescubrir una vocación perdida ya sin miedo que se abre al otro como un regalo.

Gracias a quienes saludan por un nuevo día; de la mujer que con sus sentencias defiende la justicia; del padre que trae el pan a casa cada día; de la madre que a pesar de su dolor despide a sus retoños, que viajan en búsqueda de sus sueños; del hermano que con su autoconfianza triunfa en su emprendimiento; y del amigo que como alter ego enseña a elegirse, curar las heridas y aparece en una montaña mágica donde se rompen los goznes del tiempo con su abundancia y a las cinco de la tarde en un café de un domingo sentados en  silencio en un Boulevard sopla el viento mientras los loros cantan su sinfonía.     

Café negro.

Con su traje blanco apareció el tío materno advirtiendo en un sueño sobre el peligro que se cernía en un mensaje de protección divina mientras al despertar  la madre alisaba el cabello indomable de Griselda, que gustaba andar con su short corto provocando a los hombres en casa mientras su memoria recorría la vegetación espesa del río Caguán al igual que sus caminatas entre cordilleras  y en medio de su risa e inconsciencia indujo la guerra en un terreno sagrado por el mismo aparato que secuestra almas y aniquila , como si la vida enseñara que ya no pudiera guardar más un diploma en un armario cuando después de la peste la ciudad fue sitiada y en las barricadas volaban la belleza de unos cuervos.

Después de ingerir una sopa caliente condimentado con  santería cubana en medio de la noche y salir luego por una avenida caminé diez cuadras antes de tomar un taxi de regreso, pero en un puente elevado el camino fue bloqueado para iniciar en el mismo vehículo vueltas de allá para acá, y en el momento de recibir un atentado en el corazón con pistola oré al mismo Universo en expansión de galaxias, estrellas enanas y agujeros negros, que sabe ocultarse en la calma y reconoce que los gatos piden ratones y los perros huesos; pero como no había nada que robar fui arrojado a las afueras en un barrio lejano sin tener la mente  fría para llevar consigo la maleta con los cuadernos de clase del curso de sistema político colombiano.

Reflejo.

Raíz absorta en una orilla  del río después del paso de una tormenta, seducido al instante en un juego de luces  y un convencimiento en una disco de moda, atrapado luego en un juego erótico de ser jabonado en un baño para saber que hoy en el recuerdo sólo son flores ya marchitas.

Aparece en un sueño como un niño hermoso que confunde a un otro con su misma madre de hielo, y queda el mismo perdón de despedida con una salida diplomática, pues se comprende la herida y la necesidades de un ego ilusurio y débil cuando se huyó de la casa temprano para evitar humillaciones y un castigo permanente, pero con el tiempo y la distancia todo pasa.

Meditación.

Mientras el sol levantó el día y una mariposa naranja con ribetes negros se asomó a un jardín desperté de una guerra con una niña palestina en brazos, de las bombas que caían sobre un edificio, producto de un terrorismo efectivo para crear venganza, pero mejor perdonar y perdonarse y matar cualquier resentimiento para que el  sepulturero al ver la propia calavera reconozca haber sido un ego alegre. Se vuelve al origen como a dicha casa mítica en una montaña para ser como un río que desemboca en la mar.  

Susurros.

De frente ante  lo insoportable apareció en la noche una Matrix, con la creencia en una energía que no muere sino que transmuta, después de observar en un cementerio sepulcros olvidados en medio de la maleza, pero en la imaginación apareció ella y  en un onírismo se reveló personaje de caricatura fumando unas semillas, pero tengo en la memoria una mente brillante que sólo venció la muerte y ofreció el mejor regalo a su hijo de poder quitarse cualquier cadena para habitar en la palabra.

La vida gratifica a pesar de soñar con un caballo desbocado, pues sólo caminar en medio de un parque, escuchar la brisa del árbol de la esquina de la cuadra del barrio con el sonido de los cocuyos conmociona. Ir contra un delirio que aplaca en necesidad, que consagra lo colectivo y dinamita al individuo, así que mejor romper la rutina con una flor horaria para vivir en un flujo que cuida  el cuerpo y rescata lo cotidiano de una insignificancia.
 
 

La calma del mar.

Tuve que reconocer con el traspasar de los minutos la verdad del simbolismo de un sueño, que seguía con una molestia por un clavo que ya no incomodaba,  simplemente había cedido con el tiempo lo que en momentos de tener una espada en el cuello hizo querer el otro día para entregarlo al legado de un trabajo, a un aprendizaje continuó que ha hecho crecer y ser tierra antes que aire, pero con la misma sensación de un reloj que avanza rápido  sin el ritmo de la poesía.

Observo la misma casa en ruinas en la calle del pecado en una espíritu que ya prefiere la sobriedad por el bienestar del cuerpo y un querer elegirse. Un erotismo que se daba con reflectores de luz sin alcanzar una comunión para volar en medio del fulgor del deseo, de un placer que se agotaba en la mirada del sueño profundo del amante. Había que viajar y superar un karma para un reencuentro y  hacer el amor  mirándose a los ojos, aunque ya fue tarde. Simplemente fue una noche inolvidable, y a pesar que el  otro día no fue igual, los caminos estaban bifurcados.