La Euforia perpetua


De La Euforia Perpetua.

Sobre el deber de ser feliz.

Barcelona: Ensayo Tusquets Editores, 2002

 

 

 

Pero probablemente somos las primeras sociedades de la historia que han hecho a la gente infeliz por no ser feliz.

 

Dejemos a los borrachos del Edén sus dogmas e imposiciones. Aquí sólo queremos borrar la culpa, aliviar el peso: que cada cual sea libre de no ser feliz sin avergonzarse, o de serlo de vez en cuando y a su manera. Si no queremos que una aspiración legítima se convierta en castigo colectivo, hay que tratar al despiadado ídolo de la felicidad con la mayor desenvoltura del mundo.

 

Tal vez la única felicidad exista únicamente en la escritura, y que la vida sólo intente conseguir por sí misma, a posteriori, la perfecta conjunción de palabras, el tono adecuado de una expresión.

 

Y eso que, en nuestras vidas incoloras, no necesitamos tranquilidad, sino auténticas actividades, acontecimientos con peso y sentido, instantes como relámpagos que nos fulminen y nos saquen de quicio. El tiempo , ese gran saqueador, nos roba continuamente; pero una cosa es que nos desvalijen a lo grande y envejecer con la conciencia tranquila de haber tenido una vida plena, y otra que nos quiten todos los días pellizquitos miserables de cosas que ni siquiera hemos vivido.

 

Lo peor que le puede ocurrirle a alguien es pasar al lado de su felicidad sin reconocerla. Esperar un acontecimiento milagroso que nos redima sin ver que el milagro se halla en el acontecimiento que estamos viviendo.

 

Hay que dejar una puerta abierta al “ país del afuera” (Lewis Caroll), al misterio, a lo inexplorado, y atravesar esa puerta al menos una vez, responder a la llamada de lo otro, para unos el desierto, para otros Africa u Oriente, o el descubrimiento de una nueva sexualidad, o de una vocación amordazada. Entonces todo depende e la inmanencia de una fuga, de un salto que nos libere de las fuerzas asfixiantes de la rutina, de la mezquindad.

 

La búsqueda de una buena vida  debe obedecer a dos exhortaciones contradictorias. Aprovechar plenamente lo que nos sucede y a la vez seguir a la escucha de lo que sucede en otras partes. Una sabiduría de la miopía, absorta en el presente, satisfecha de ser lo que es; y una sabiduría de la presbicia, que hace proyectos y no se conforma con su condición.

 

El problema de las felicidades que cuanto más se impone como objetivo universal, más se vacía de contenido.

 

Pero si bien la felicidad huye de quienes la buscan, tampoco es cierto que favorezca a quienes huyan de ella. Nadie tiene jamás la certeza de ser verdaderamente feliz; plantearse la pregunta significa echar a perder de antemano la respuesta.

 

Pero las cosas serían más sencillas si pudiéramos sentirnos satisfechos con lo que vivimos.

 

La alegría es contagiosa, es un imán irresistible. Mejor apartarse de los tristones que rondan en torno a la desdicha con cara de glotonería, y preferir la compañía de los apasionados, de los que saben vivir, cuya sola presencia es ya una promesa de expansión, de animación.

 

Lo aburrido es nuestra mirada y no la realidad, y tengo que desinfectarla, limpiarla de impurezas.

 

La vida cotidiana puede transfigurarse si cada uno de nosotros, en la medida de sus posibilidades, empieza a hacer milagros, se convierte en un creador de paraísos, en un “ divino asesino de costumbres” ( Pierre –Albert- Birot)

 

El estado más placentero tiene muchos intervalos lánguidos.

 

Sin el aburrimiento, sin esa somnolencia del tiempo en que las cosas pierden su sabor, ¿ quién abriría nunca un libro o se marcharía de su ciudad natal?

 

Según Robert Mirashi “ La vida feliz implica una experiencia cualitativa donde se dan cita la satisfacción y el significado, es decir, la densidad de una presencia de acuerdo consigo misma y la coherencia de un sentido deseado y realizado”.

 

Que nada se parece más al Infierno que el paraíso, que éste último puede entreverse pero no tocarse.

 

Una vida exaltante es a la vez realización y desconcierto, es decir, esa decepción maravillosa que se produce cuando ocurre lo que uno no deseaba y nos volvemos sensibles a todo lo que hace que la existencia sea opulenta, ferviente, embriagadora. Una ilusión que se viene abajo es una puerta abierta a los milagros.

 

La excitación de no saber de qué va a componerse el día de mañana, la incertidumbre de lo que nos espera, son superiores en sí mismas a la regularidad de un placer grabado en nuestras células. En todos los sentidos figurados, hay un valor que supera infinitamente la felicidad: es lo novelesco, esa maravillosa capacidad del destino para reservarnos sorpresas hasta el final, para asombrarnos, para apartarnos del camino que seguíamos. ¿ acaso no es mejor preferir una historia sin felicidad, pero llena de animación, a una felicidad sin historia? No hay nada peor que esa gente que siempre está contenta, en cualquier circunstancia; gente que parece haberse pintado una mueca radiante en la cara, como si cumpliera una cadena perpetua de alegría.

 

La cortesía es una pequeña estrategia, un artificio admitido para desbaratar la agresividad, para hacer más fluidas las mezclas humanas, para reconocer el lugar del otro sin usurpar su libertad.

 

No se puede decir que un hombre es feliz hasta los últimos momentos de su vida, decía Solón.

 

Hay que desconfiar de entrada de los  que van pregonando su desprecio por el becerro de oro: podemos estar seguros de que en el fondo de su corazón lo adoran o sólo piensan en privar de él a los demás. La ventaja del dinero es que sigue siendo un medio para preservar la libertad individual, para desinfectar las relaciones sociales, para alcanzar cierta autonomía.

 

Como escribió Spengler :“ una civilización altamente evolucionada es inseparable del lujo y de la fortuna”.

 

La pobreza es odiosa para quienes la padecen, acumula privaciones y humillaciones, y la vergüenza aumenta el malestar. En cualquier circunstancia hay que clasificar el dinero entre las cosas preferibles  (Séneca ) de las que se puede disponer si el destino permite tenerlas.

 

El dinero acompaña la alegría de vivir cuando nos olvidamos de él y desaparece como tal, y no impide ni la posesión razonable ni el libre vagabundeo de la mente. No depender del dinero es saber que si tuviéramos mucha más no viviríamos de otro modo.

 

La mayor parte del tiempo, para la mayoría de la gente, el dinero es comparable a la droga: se suponía que iba a liberarnos  de todas las preocupaciones, pero se convierte en una preocupación obsesiva, en una finalidad en sí misma. Nos persigue su ausencia, nos estorba su presencia, nos impide con él una relación normal.

 

¿ qué precio estamos dispuestos a pagar para tener dinero, qué lugar queremos otorgarle? Es preferible limitar el gasto si así podemos satisfacer nuestras pasiones, aumentar el espacio que ocupan la vida amorosa y la vida espiritual en lugar de endeudarse a todas horas.

 

Actualmente, el lujo consiste en todo lo que escasea: la comunión con la naturaleza, el silencio, la meditación, la lentitud recobrada, el placer de vivir a contratiempo, la ociosidad estudiosa, el disfrute de las obras maestras del espíritu y otros tantos privilegios que no se pueden comprar porque no tienen, literalmente, precio.

 

En definitiva, el verdadero lujo, pero todo lo que vale la pena es tan difícil como poco frecuente ( Spinoza) es inventar nuestra propia vida, ser dueños de nuestro destino”.

 

La Antigüedad vivía con la esperanza de refutar el sufrimiento; el cristianismo, con el afán de exaltarlo, y nosotros vivimos intentando negarlo, huimos de él como la peste, ni siquiera queremos considerar la idea de que exista.

 

Desde que nuestras sociedades se preocupan solamente por la felicidad, hablan más que nada del sufrimiento.

 

Para que la satisfacción sea completa hay que caminar al paso del tiempo, madurar poco a poco los proyectos, evitar la precipitación que da al traste con los más bellos proyectos. No llamamos sufrimiento a lo que sólo es signo de inconclusión.

 

En resumen, una vida sin lucha, sin lastres, sin esfuerzo de ningún tipo, una vida que fuese una línea recta en lugar de una pendiente espacarpada  (Jenofonte) sería también un monumento a la languidez.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s