El odio fracasó como una estrategia contra el olvido y más quedó una compasión y la memoria de una mujer emprendedora consagrada al trabajo, que con riegos defendería su casa de sus amores con un bandolero que terminó asesinado, y a esa misma puerta llegaría una nueva vida regalada y criada en la familia. Tantos años callados ante una limpieza de los que afirmaban que eran unas ratas para que se repita en ficción la misma bala de una violencia, de una historia no exenta de cortes de franela, de peleas a machete, de sicarios y de bombardeos inermes a gente del campo.
No se puede ser igual sino excelente en la diferencia para dar un salto invisible donde vuela una mariposa amarilla cerca de un árbol y luego en campo abierto, protegido de alambres de púas, adentro los grafitis pulen el entorno con garzas y platanales y en un fermento de una utopía letreros anuncian el fin de las discriminaciones; un estudiante de física reluce en el parque, otro vende donuts mientras una mulata en la tienda canta al misterio del ¡oh que será! y al día siguiente apareció en la mañana un encuentro con un joven con camisa naranja que enunció a un Cristo que resucita mientras con su sombrilla protegió de una radiación canicular.


