Venecia.

El odio fracasó como una estrategia contra el olvido y más quedó una compasión y la memoria de una mujer emprendedora consagrada al trabajo, que con riegos defendería su casa de sus amores con un bandolero que terminó asesinado, y a esa misma puerta llegaría una nueva vida regalada y criada en la familia. Tantos años callados ante una limpieza de los que afirmaban que eran unas ratas para que se repita en ficción la misma bala de una violencia, de una historia no exenta de cortes de franela, de peleas a machete, de sicarios y de bombardeos inermes a gente del campo.

No se puede ser igual sino excelente en la diferencia para dar un salto invisible donde vuela una mariposa amarilla  cerca de un árbol y luego en campo abierto, protegido de alambres de púas, adentro los grafitis pulen el entorno con garzas y platanales y en un fermento de una utopía letreros anuncian el fin de las  discriminaciones; un estudiante  de física reluce en el parque, otro vende donuts mientras una mulata en la tienda  canta al misterio del ¡oh que será! y al día siguiente apareció en la mañana un encuentro con un joven con camisa naranja que enunció a un Cristo que resucita mientras con su sombrilla protegió de una radiación canicular.

 

Presencia.

Sé que volviste en el momento oportuno como si quisieras negar el azar para impedir una huida y estuvieses cada día en una espera en la cama en la dicha de lo cotidiano de una conversación traslucida con el mismo silencio, pues desde el inicio ya nos sabíamos y no existe la huella de un reclamo cuando caminas con el asombro de las cosas del mundo y ambos deseamos que se cumplan el sueño de cada  quien, con la confianza que el mismo querer pudiera volver a unir a pesar de la distancia.

Tuve que rasgar una realidad de normas incumplidas sin el amasijo retórico habitual, pues sé de la importancia de los límites ante una crueldad que acaba el amor, de un terror que calcina y hace irreconocible unos cuerpos, como de una venganza que hace prisioneros a los hombres. Tú no eres la replica de ningún otro sino un orgullo de una protesta viva que incluye una diferencia, con una pasión que se recrea en sus placeres.

Un instante.

Toda la ropa la planchabas en una preparación para el mañana mientras hablábamos que no había necesidad que viajara a la gran manzana, pues aquí había más que de todo cuando existió una mirada tan gratificadora para un objeto deseable y un morirse sin morirse, con la fundamental entrega y de defenderse en lo cotidiano con las ventas, pero fue inevitable las lágrimas de despedida en el colectivo sin querer ir conjuntamente hacia un abismo y tener hoy la imagen de un romanticismo ahuecado.

Pongo límites con mis manos, que tu no quepas incendiar con el fuego un organo vivo, cuando imagino un baño en soledad en pantaloneta frente a las olas de mar de una playa, y  soy  indiferente ante un espejo que tu sabes calzar; antes está recrearse en un decir poético en una estética de la existencia, donde en el presente se sigue un ardor deslumbrante y revelador para que en el futuro no existan culpas , se siga los propios pasos y el transcurrir no sea a punta de una traición y el trabajo diario sólo sea una horca.