Mientras Agonizo


La muerte en Mientras Agonizo de William Faulkner y en la Hojarasca de García Márquez.

 

Juan Carlos Mayor.

 

La muerte y la conciencia de la finitud nos interpelan por el sentido de nuestra vida y  nuestro quehacer. De tal forma, que toda cultura crea todo un entramado de significaciones frente al hecho certero de la desaparición, pero  a pesar  que el paso de cada quien por la tierra sea transitorio, también  los humanos como colectivo buscan la eternidad y la lucha contra el olvido. Las religiones buscan darnos una explicación del mas allá,  en el caso del cristianismo la promesa de una vida futura, garantizada por Dios para los elegidos por él. Sin embargo,  a pesar de la linealidad y el tiempo de los relojes de la modernidad, las culturas han tenido conciencia de un tiempo circular ,  que después de la muerte, de alguna manera vuelve y retoña la vida.

 

A pesar de las similitudes de la obra en cuanto algunas técnicas narrativas y frente a la misma temática tratada, las diferencias  comienzan a marcarse por la cosmovisión de las culturas que recrean Faulkner y García Márquez. Los Bundren son una familia pobre y periférica dentro del sistema capitalista, que trabaja en el algodón en el sur de los Estados Unidos,  explotados por los comerciantes y en especial por Tull quien siempre observa a Cash, el carpintero, con el deseo de tenerlo en sus huestes y con el deseo que trabaje con el mismo amor y dedicación que le hizo la caja mortuoria a   su madre. La profundización psicológica que Faulkner hace de sus personajes obedece también al mismo proceso de individuación de la sociedad norteamericana. Anse, el padre de la familia, permite observar el peso de la religión en la formación del capitalismo en los Estados Unidos, pues además de considerarse un elegido de Dios buscará la maximización de sus intereses: “Yo soy un elegido del Señor, porque El castiga a los que ama. Pero que me cuelguen si su forma de demostrarlo no es extraña. Pero ahora voy a ponerme los dientes. Y va a ser un consuelo. Vaya que sí[1].

 

 Cora Tull en cambio demuestra la hipocresía que se esconden detrás de estos preceptos religiosos, pues a pesar de tener en cuanta el deber social y las normas sociales, piensa en si misma al mercadear sus pasteles sin comprender la rabia y la soledad de Addie, la esposa de Anse, en su hora de despedida. Faulkner   nos relata las dificultades de esta familia para realizar el proyecto colectivo de enterrar a su madre, no sólo por el peso y la perdida que juega el muerto en cada uno de ellos, sino por el papel que juega la culpa en cada uno de sus hijos,  y los intereses personales que se esconden en cada uno de los personajes.

 

En la obra de García Márquez se descubre que los pueblos latinoamericanos, y en particular el colombiano, estuvieran condenados a repetir su historia. La familia del coronel que se ha sentado en Macondo con sus recuerdos y tradiciones,  huyendo  de las guerras civiles, está condenada a desaparecer, pues debe enfrentarse a la hojarasca, a ese juego de espejismos y de ilusiones que crea las repetidas “bonanzas económicas”: banano, petróleo, coca, pero que al final, lo único que dejan es una estela de destrucción y muerte.

 

El coronel  representa los valores de una sociedad tradicional moribunda, pues a pesar que pretende cumplir los códigos de honor y lealtad, se queda corto para entender los cambios que se producen en una sociedad periférica capitalista. El coronel se enfrenta con instituciones sociales fragmentadas, a un Estado corrupto, pues hasta debe comprar el certificado de defunción al Alcalde para cumplir con el deber social de enterrar a su amigo el Doctor. Y si en la obra de Faulkner los personajes interiorizan de cierto modo la religión, en la Hojarasca encontramos el carácter meramente ritualista de la religión católica,  si todos esperaban con ansiedad la llegada del nuevo cura al pueblo, después lo verán despreocupado  descansando en una hamaca:  “El cachorro prefiere orientar al pueblo en relación con los fenómenos atmosféricos. Tiene una preocupación casi teológica por las tempestades. Todos los domingos habla de ellas. Y su prédica, por eso, no se basa en los Evangelios, sino en las predicciones atmosféricas del almanaque Bristol[2]. La religión cumple así más el papel de inmovilizar las relaciones sociales, que cada uno cumpla su rol y excluir al diferente, incluso posteriormente el cura Angel se negará a enterrar al Doctor por ser ateo y haberse ahorcado como un condenado.

 

La salida del Doctor de la casa del coronel genera en cierta forma su fin y el escarnio público que el coronel trata de evitar,  cuando Meme se atrevió ir a la iglesia como una de las señoras,   muestra  el ostracismo  de la relación entre el Doctor y Meme, pues se impidió comprender la  diferencia que el primero  representaba   como un extranjero, y por otro, la huida de la segunda o su muerte precita el olvido. En últimas, queda el fracaso de la movilidad social dentro dicha sociedad.

 

Existe una muerte  social  en Macondo con la aparición del olvido, pues hay un tiempo subjetivo, estático en los personajes, donde las mismas nociones de tiempo y espacio se paralizan, mientras el tiempo cronológico es marcado con la llegada del tren. Isabel tal vez sea el mayor ejemplo de lo anterior,  termina casada por las conveniencias del padre, su esposo Martín es un ser evanescente,  sólo le queda la imagen de los cuatros botones,  en su matrimonio ve el reflejo de su madre muerta y su hijo parece  un ser fantasmático igual que su padre. Por último, el cuadro de destrucción de Macondo lo cierra la violencia política creada por los mismos políticos, que para crear la tensión y el interés electoral atizan el fuego, y  en últimas consiguen la perpetuación de su poder político y la dominación social.

 

A continuación, después del anterior marco general se realiza una interpretación de cada de una de las obras, para terminar con una breve conclusión.

 

1. La muerte  en Mientras Agonizo de William Faulkner

 

En Mientras Agonizo de Willliam Faulkner la trama se desarrolla en torno a la muerte de la Madre, Addie, y muestra su impacto  en el núcleo de una familia y   a través de los monólogos interiores nos enteramos de los conflictos familiares desde diversos puntos de vista. Así, que la promesa que Anse hace a Addie de enterrarla en su pueblo es a su vez una venganza  por el desengaño con el esposo:”Fue entonces cuando aprendí que las palabras no sirven para nada; que las palabras no se ajustan a lo que tratan de decir…El tenia una palabra. Amor, lo llamaba él. Pero yo llevaba mucho tiempo habituada a las palabras. Supe que aquella palabra era como las demás: una forma para llenar una carencia. [3]  Addie quiere ser enterrada en Jefferson lejos de New Hope, la tierra de los Bundren, y convertirse en una carga después de muerta por orgullo y por su corazón roto. Los hijos como tal también cargarán con las culpas de los padres, y en el viaje a Jefferson a sepultar a su madre  cada una realiza a su modo el duelo, para recomponerse nuevamente a la vida, con excepción de Darl que quiere transgredir el ritual, quemando a su madre antes de tiempo. De esta forma quedara excluido de la familia en el manicomio de Jackson. Anse consigue una nueva mujer,  el dinero para su caja de dientes y un gramófono para divertir a los muchachos. Los demás miembros de la familia, a excepción de Darl, continúan con sus ilusiones, pues como lo recuerda el Doctor Peabody: “Recuerdo que cuando yo era joven creía que la muerte era un fenómeno del cuerpo; ahora sé que no es más que una mera función de la mente- y de la mente de los que sufren la pérdida- los nihilistas dicen que es el final; los fundamentalistas, el principio. Cuando en realidad no es más que un inquilino o una familia que se muda de una casa o una ciudad”. [4]

 

En Mientras Agonizo la muerte no surge  de improviso, por el contrario, parece haber premeditación de parte del muerto como de su entorno familiar. Addie decide donde quiere ser enterrada, observa la preparación de la caja mortuoria por parte de su hijo Cash y hasta decide cuando morirse. Darl menciona: “Aguantará hasta que esté terminada. Aguantará hasta que todo esté listo, hasta el momento que ella juzgue conveniente”[5].  Como la misma Addie lo dice:”mi padre solía decir que la razón para vivir era prepararse para estar muerto durante mucho tiempo”[6]. Addie siente cumplida su misión, pues le da a Anse los dos últimos hijos como reparación, después del hijo del pecado y del amor que fue Jewel. De todas formas, el ceremonial de la muerte sufre una irregularidad cuando  Jewel y Darl salen de trabajo por exigencia de Anse, en vez de acompañarla en la inmanencia del final de su madre.  Cora, como postandarte del punto de vista moral, lo afirma:”Así que cuando llegue mi hora postrera, estaré rodeado de caras amantes, y me llevaré el beso de adiós de quienes me quieren como una forma de recompensa. No como Addie Bundren que se esta muriendo sola[7]. Así, La muerte asume un carácter inevitablemente social y enfrenta a los vivos con su finitud. De esta forma, los efectos y la conmoción que produce la muerte varía. Para los extraños, pero cercanos a  la familia es un deber social, a pesar que su presencia se haga incómoda. Así, vemos como Cora Tull vive más  preocupada  por el mercadeo de sus pasteles, que el sufrimiento de la agonizante e incluso para los extraños que presencia el viaje, no deja de ser incomodo la visita de  una carreta pobre con la hediondez de un cadáver. Dentro de la misma familia la presencia de la muerte no agota las ilusiones ni sueños de los que viven, y que en la novela revela algo de humor negro del autor  quitándole su pomposidad. Darl le dice a Dewey Dell: – quieres que se muera y así poder ir a la ciudad, no es eso?[8]  , pues para ella lo más  importante es llegar a Jefferson y encontrar las drogas abortivas que enterrar a su madre, pues quiere evitar el hijo de Lafe se convierta en una carga, como su madre también lo fue para ella y para   sus otros hijos. Anse cumple su promesa de sepultar a su mujer en Jefferson, pero le sirve para conseguir mujer y una caja de Dientes. Vandarman, aunque más traumatizado por la muerte que el niño de la Hojarasca,   en la asociación que realiza entre el pescado y la madre, en clara alusión a la alegoría cristiana resucita a su madre, pues existe la misma forma imaginaria y metafísica con la que la muerte se hace soportable, pero también en la persecución de los cuervos se hace presente lo físico de ella. La llegada a Jefferson es la ilusión de la navidad, de comer plátanos y de ver el juego de trenes en una vitrina donde se incorpora nuevamente la vida. Jewel logró cumplir su papel de redentor y logra salvar a su madre dos veces tanto del agua y del fuego. Darl también por su intuición y reflexión quería acabar la farsa de una vez, pero termina pagando un precio alto, pues su tono revelador de los secretos familiares lo convierten en indeseable para  su hermana Dewey Dell.

 

2. La muerte en la hojarasca de Gabriel García Márquez.

 

La   novela  relata la tragedia de los habitantes de Macondo que quieren vengarse del Doctor, no sólo por no haber atendido los heridos producto de  la contienda electoral, y  cumplir así las normas mínimas de una ética , sino por lo que éste representa:  la soledad, un extranjero, un hombre incomprendido, desencantado de Dios y derrotado, que se autoexcluye del mundo, deja de leer periódicos, y ni siquiera lucha cuando  la compañía bananera le quita sus pacientes, o se inmuta para presentar  el título de médico ante la nueva exigencia del  gobierno para practicar la profesión. Prefiere encerrarse y acostarse en la hamaca y convertirse en un muerto viviente, que se alimentaba de las hierbas que comen los burros, casi un animal, lascivo y ordinario, como nos cuenta los monólogos de Isabel, y  sus pocos contactos son Meme, su concubina, quien desaparece misteriosamente cuando cierra la tienda, y el coronel, quien termina compadeciéndose  de él, pero que cumple la promesa de enterrarlo, en parte como agradecimiento por haberle salvado la vida, y ante todo como un deber moral . En este sentido, se puede crear una analogía entre La Hojarasca y la Antígona de Sófocles. El coronel tiene el mismo deber de sepultar a su amigo, como Antígona de enterrar a su hermano Polinices, que es castigado por luchar contra su mismo pueblo. Y así como su hermano Etocles es enterrado con honores por haber defendido la ciudad, en la hojarasca tenemos la figura del Cachorro, el cura del pueblo, que en la obra sugiere indicios de ser hermanos del Doctor, y que se muestra como su opuesto, muere con honores y ejerce capacidad de liderazgo del pueblo , y no precisamente a través de la prédica religiosa sino por medio de la predicción de los fenómenos atmosféricos en el almanaque Bristol, que en cierta forma refleja lo estático de las relaciones sociales y la parálisis del tiempo en Macondo. De este modo, la novela   presenta la confrontación entre un pueblo que quiere exorcizar la soledad de Macondo, y la lucha del coronel por los valores perdidos de una sociedad tradicional  debido a  la descomposición que ha dejado la Hojarasca.

 

La novela la presentan tres narradores: El niño, Isabel, y el  coronel, representando cada uno la niñez, la madurez y la vejez.  Existe una voz en plural, la de los fundadores de Macondo   frente al resentimiento de los advenedizos,  que comenta cómo la fermentación entre el tren y la hojarasca  se incorpora a los gérmenes de la tierra. El niño inicia el monólogo, y desde el comienzo siente frío y  extrañeza frente a  los acontecimientos. Es decir, enfrenta el ritual de la muerte, primero a través del olor a desperdicios. Luego, entra a percibir al Doctor, hasta que poco a poco reconoce la putrefacción: “Estarás así, estarás dentro de un ataúd lleno de moscas. Apenas vas a cumplir once años, pero algún día estarás así, abandonado a las moscas dentro de una caja cerrada”[9].   Pero, cuando el abuelo ordena  abrir una de las ventanas aparece la luz, y con ello el simbolismo de una muerte imaginaria, que  la hace soportable. Incluso  como en los rituales de la antigüedad se la simboliza como un viaje:”Y desde sus brazos veo otra vez el pueblo, como si regresara a él después de un viaje[10]. Es decir, las cosas adquieren una nueva dimensión, y se instaura un tiempo cíclico. El niño refiriéndose al doctor dice:” Ahora está de viaje otra vez. Lo más natural es que el último se lleve las cosas que lo acompañaron en el penúltimo. Por lo menos, es lo más natural”[11]. Posteriormente,  los monólogos del niño se harán más tenues en la novela  y se referirán al recuerdo de la escuela y de sus  amigos, en especial  de Abraham, quien a pesar de acompañarlo para ver desnuda a Lucrecia en el marco de una ventana, vive una atracción por su compañerito. Posiblemente, las tendencias homosexuales derivan de un padre ausente, para su misma madre su  hijo va  adquiriendo un aspecto fantasmático, pues  se parece tanto a su padre, que sólo le faltan los cuatro botones.  El  monólogo del niño cierra el libro,  cuando  se inicia la acción, pues  van a sacar el ataúd y aparecen los alcaravanes como señales de la putrefacción, pero el niño   tiene ganas de ir atrás, esconderse,  la muerte se hace soportable desde lo imaginario  y lo fantasioso. Como le   ha contado Ada: “Con los jazmines sucede lo mismo que con las personas, que salen a vagar de noche después de muertas”[12]

 

Isabel, en cambio, representa el principio de realidad, aunque se conforma con los principios de la sociedad patriarcal.  Está allí por su padre y trae al niño para disimular la pena. Siente que si estuviera Meme por lo menos tendrá alguna justificación de estar presente, pero   en el fondo  está de acuerdo con la venganza del pueblo, pues piensa que el Doctor no es más que un ordinario, un lascivo y un desagradecido, que no supo quiso  atenderla cuando estuvo enferma, aunque después nos enteramos por el monólogo de su padre que ella estaba embarazada y posiblemente de otro hombre. Incluso no reconoce que la guajira,  como concubina, pudo recibir algunos beneficios económicos del Doctor, producto de la bonanza inicial del él con los pacientes de Macondo,  además le da la fuerza  para desafiar la sociedad de su tiempo vistiéndose como una señora para ir a misa, sin embargo, grotescamente.   Para Isabel, Meme es la lucha contra el olvido, el recuerdo de los fundadores de Macondo y el de   su propia madre: “A todas partes llevaron su extravagante y engorroso cargamento; los baúles llenos de ropa de los muertos anteriores al nacimiento de ellos mismos, de los antepasados que no podrían encontrarse a veinte brazas bajo tierra; cajas llenas con los útiles de cocina que se dejaron usar desde tiempo atrás y que habían permanecido a los más remotos parientes de mis padres[13] . Y Así como Addíe reniega de Anse en Mientras Agonizo de William Faulkner, Isabel se queja de Martín, un esposo  irreal y  supersticioso, e incluso el matrimonio para ella es su propia muerte social, pues se observa en  el espejo de  la imagen de su madre,   el vestido de novia de la madre   le sirvió  de mortaja. Isabel,  representa el tiempo detenido de los habitantes de Macondo: “Mientras se mueva algo, puede saberse que el tiempo ha transcurrido, antes no. Antes de que algo se mueva es el tiempo del sudor, es el tiempo eterno del sudor, la camisa babeando sobre el pellejo y el muerto insobornable y helado detrás de su lengua mordida”[14].

 

El abuelo es el valor moral de los fundadores, la cúspide social de Macondo que se enfrenta a la imbecilidad, la ebriedad y la cobardía del alcalde, y en general, a la corrupción política del pueblo. En un trasfondo político de su pasado  de guerras civiles se establece en él el honor militar, el valor de la palabra y la honorabilidad, la relación  entre el coronel y el Doctor se guían por tales principios, y cuando lo saca de su casa le dice que ha incumplido esos códigos, y se siente culpable, pus sabe que se ha dejado llevar por los prejuicios de su mujer, Adelaida. El con su vejez y cojera muestra la extinción de su mundo tradicional, como él mismo afirma: “A la hojarasca la habían enseñado a ser impaciente; a no creer en el pasado ni en el futuro. Le han enseñado a creer en el momento actual y a saciar en él la voracidad de los apetitos”[15].  El Doctor le dice al coronel acerca de su manera simple de felicidad: de inventarse cosas y de mantenerse activo a través del trabajo, pues como dice Isabel: “Todo parece destruido desde cuando no volvimos a cultivar el romero y el nardo; desde cuando mi mano invisible cuarteó la loza de navidad en el armario y puso a engordar polillas en la ropa que nadie volvió a usar. Donde se afloja una puerta no hay una mano solicita a repararla.  Mi padre no tiene energías para moverse como antes…”[16].

 

3. Conclusiones

 

En las dos novelas  existe la putrefacción de los cuerpos, la alusión a las  aves negras que toca con lo insoportable de la muerte, pero en ambos también existe la metáfora del viaje y del eterno retorno. Finalmente, se puede hablar de una muerte social. En el caso de la Hojarasca, el Doctor por su postración y su soledad, y en el caso de  Isabel  cuando  se observa en el en espejo de la madre al casarse con Martín. En el caso de Mientras Agonizo, Addie , se prepara y ya esta muerta antes de su entierro, e igualmente la resignación de Anse puede tomarse de la misma forma, pues como dice Dewey Dell: “Parece un novillo al que le acaban de dar una puntilla y ya no tiene vida y sin embargo aún no sabe que está muerto”[17]. Podemos concluir, que los dos autores nos llevan  la reflexión de la muerte, para que el lector encuentre el valor de la vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

[1] William Faulkner. Mientras Agonizo. Barcelona: Ediciones Anagrama, 2000. p 104.

[2] . Gabriel García Márquez. La Hojarasca. Editorial Cuerpo Médico Colombiano,   1975, p 98.

 

[3] William Faulkner. Mientras Agonizo, op cit, p 160.

[4] Ibid, pg 48.

[5] Ibid, pag, 27.

[6] Ibid, pag,158

 

[7] Ibid, pag, 31

[8] ibid, pag, 44.

[9] Gabriel García Márquez. op cit, pag  22.   

[10] Ibid. pag. 28.

[11] Ibid, pg. 28.

[12] Ibid, pag, 67.

[13] Ibid, pg. 38.

[14] Ibid. Pg 63.

[15] Ibid, pg 124.

[16] Ibid,pg. 130.

[17] Faulkner.op.cit. pg 161.

 

 

 


 

 

 

 

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