Sólo hasta ahora se comprende una decisión del pasado, pues recientemente en un sueño una madre viajó en columpio por debajo de la tierra que quedó desperdigada en el sonido de los cocuyos y en varias melodías, sin que desaparezca tu recuerdo, pues fueron noches fantasmagóricas de conversaciones con ricos manjares y postres en finos restaurantes en una ciudad de rascacielos, que nunca duerme, para terminar en un juego de intensidades sin fin en un desorden sistemático de los sentidos.
Tu poesía fue alquimia cuando alentaste caer en la tentación de una manzana y una imaginación erótica que paradójicamente alejó al reconocer los propios fantasmas para luego ¡tener alas! y salir del mismo imperio de la papa frita, pero a pesar que tiraste el tarot que profetizó la separación, con la ausencia apareció un dolor, un absurdo y un drama sin sentido, sin que tus huellas dejaran de marcar, a pesar del regreso a un país en guerra, pero con la magia de un poema de aeropuertos se dio un reencuentro mirándose a los ojos en un día de acción de gracias, cuando ya se había abierto la puerta giratoria de un reemplazo.