Tuve que reconocer con el traspasar de los minutos la verdad del simbolismo de un sueño, que seguía con una molestia por un clavo que ya no incomodaba, simplemente había cedido con el tiempo lo que en momentos de tener una espada en el cuello hizo querer el otro día para entregarlo al legado de un trabajo, a un aprendizaje continuó que ha hecho crecer y ser tierra antes que aire, pero con la misma sensación de un reloj que avanza rápido sin el ritmo de la poesía.
Observo la misma casa en ruinas en la calle del pecado en una espíritu que ya prefiere la sobriedad por el bienestar del cuerpo y un querer elegirse. Un erotismo que se daba con reflectores de luz sin alcanzar una comunión para volar en medio del fulgor del deseo, de un placer que se agotaba en la mirada del sueño profundo del amante. Había que viajar y superar un karma para un reencuentro y hacer el amor mirándose a los ojos, aunque ya fue tarde. Simplemente fue una noche inolvidable, y a pesar que el otro día no fue igual, los caminos estaban bifurcados.