Meditación.

Mientras el sol levantó el día y una mariposa naranja con ribetes negros se asomó a un jardín desperté de una guerra con una niña palestina en brazos, de las bombas que caían sobre un edificio, producto de un terrorismo efectivo para crear venganza, pero mejor perdonar y perdonarse y matar cualquier resentimiento para que el  sepulturero al ver la propia calavera reconozca haber sido un ego alegre. Se vuelve al origen como a dicha casa mítica en una montaña para ser como un río que desemboca en la mar.  

Susurros.

De frente ante  lo insoportable apareció en la noche una Matrix, con la creencia en una energía que no muere sino que transmuta, después de observar en un cementerio sepulcros olvidados en medio de la maleza, pero en la imaginación apareció ella y  en un onírismo se reveló personaje de caricatura fumando unas semillas, pero tengo en la memoria una mente brillante que sólo venció la muerte y ofreció el mejor regalo a su hijo de poder quitarse cualquier cadena para habitar en la palabra.

La vida gratifica a pesar de soñar con un caballo desbocado, pues sólo caminar en medio de un parque, escuchar la brisa del árbol de la esquina de la cuadra del barrio con el sonido de los cocuyos conmociona. Ir contra un delirio que aplaca en necesidad, que consagra lo colectivo y dinamita al individuo, así que mejor romper la rutina con una flor horaria para vivir en un flujo que cuida  el cuerpo y rescata lo cotidiano de una insignificancia.
 
 

La calma del mar.

Tuve que reconocer con el traspasar de los minutos la verdad del simbolismo de un sueño, que seguía con una molestia por un clavo que ya no incomodaba,  simplemente había cedido con el tiempo lo que en momentos de tener una espada en el cuello hizo querer el otro día para entregarlo al legado de un trabajo, a un aprendizaje continuó que ha hecho crecer y ser tierra antes que aire, pero con la misma sensación de un reloj que avanza rápido  sin el ritmo de la poesía.

Observo la misma casa en ruinas en la calle del pecado en una espíritu que ya prefiere la sobriedad por el bienestar del cuerpo y un querer elegirse. Un erotismo que se daba con reflectores de luz sin alcanzar una comunión para volar en medio del fulgor del deseo, de un placer que se agotaba en la mirada del sueño profundo del amante. Había que viajar y superar un karma para un reencuentro y  hacer el amor  mirándose a los ojos, aunque ya fue tarde. Simplemente fue una noche inolvidable, y a pesar que el  otro día no fue igual, los caminos estaban bifurcados.

Mariposas blancas.

Imaginé una belleza sin haber temido a la propia desnudez, y ya antes vestido creí dar una pirueta para terminar en un restaurante campestre, donde en un diálogo en medio de la música sonó una letra de espuma viajera, sin tener el mismo entendimiento del pasado donde  a cada quien le importó el tiempo de los relojes y sólo quedó la nostalgia del instante de un orgasmo infinito que no se volvió a repetir.

Volver a dicha casa obscura del pasado para transformar el dolor en algo distinto en un poema que permita habitar la soledad, ser una estrella danzante de la noche hasta que llegue la aurora y en medio de un agua de canela doy gracias a la vida , al sol y la luna sin dejar de dar una sonrisa. Lleno el recuerdo de tu presencia y las buenas vibras de la gente que tocaste con tu alma.

Ya cicatrizó la herida sin que el elefante siga amarrado, con una lectura que trascienda el espacio y una escritura en una reflexión de una experiencia, sin temer lo efímero que consume el tiempo, pero con un redoblar que fluye como el agua para horadar la piedra de la montaña y con el fuego del corazón de una mente que observa y actúa. Desde la ventana se divisa la ciudad en una tarde de verano y queda el hábito que alivia con la bendición de una energía. La hogaza de pan que se reparte en el hogar.