En un edificio de amplios ventanales y corredores llegamos al auditorio del octavo o noveno piso donde Dora inició un fogón democrático y los asistentes descubrieron los valores escondidos detrás de cada posición, aunque se arribó a un terreno común, de alcanzar acuerdos en medio de las diferencias, con un pensamiento que desea y gira nuevamente.
Sólo supe decirle a Andrés que era un agujero negro a pesar que el fantasma de su madre muerta lo consumía, cuando por él supe que las heridas del pasado no determina a nadie para marcar una diferencia, y por más que el mundo siga en guerra, odio y envidia vale más la tranquilidad y un merecimiento, sin temer el recuerdo de la imaginación de un niño solitario que juega aeropuerto con su avión.
